domingo, 25 de septiembre de 2022

Dopesick o la génesis de la adicción

 No soy adicta a una sustancia en especial: la mente juega muchas trampas cuando uno está solo, cuando sufre de trastornos o con su genética puede padecer alguna enfermedad. 

He sido adicta al trabajo, al riesgo absurdo, a la tristeza y la soledad. No son sustancias como tal pero dejan algo en el individuo: el creer que en verdad éramos así, cuando en realidad, seríamos profundamente desgraciados sin aquello que es nuestra nueva realidad. 

Nuestro organismo se ha acostumbrado tanto a esta sustancia, a esa emoción, al punto que no sabemos cómo funcionar si no fuera por ella. Es un contexto difuso, en donde nos creemos todo lo que han hecho de nosotros, nos odiamos, nos damos lástima, nos deprimimos. Y luego viene ese estado en donde nos sentimos eufóricos, ese subidón, ese revoloteo interno que nos permite continuar, pero ya no se sabe si somos nosotros por la droga, o nosotros y la droga. 

Un pendejo me dijo que yo no sabía disfrutar la vida, porque, según él no salía de fiesta, no salía con hombres y no fumaba ni tomaba, que lo mejor era que me diera un balazo. Dicha anécdota hace reír mucho a la gente que me detesta, porque le dan la razón a un pendejo drogadicto, que usaba su adicción para olvidar sus problemas de abuso dentro de su familia. 

Al igual que los protagonistas de Dopesick, Pedro no discernía su adicción de las circunstancias que lo llevaron a ella: creía que el odio que se tenía a si mismo era disimulado por el odio que tenía hacia las mujeres, las mismas que le fallaron y que hicieron oídos sordos a su maltrato. Las mismas sin las que no podía vivir para relaciones tóxicas, pero que maltrataba incluso para una amistad. Todas eran un cuerpo, otras no valían porque eran feas, otras valían porque lo rechazaban pero, una vez que la tenía, volvían a ser otra estúpida más. 

Tal era ese ciclo destructivo: irse de fiesta para gritar, para deshinibirse, para tener sexo sin protección y para ser un completo imbécil, para ocultar el dolor, la rabia de no ser querido ni valorado, para encubrir el abuso sexual del que sabía. 

Pero la que tenía problemas y debería morirse era yo. Muchos años después intentó vengarse de mi, pero mi falta de interés y el descubrimiento de su entorno familiar, hizo que pasara de moda muy rápido. 

La génesis de la adicción. 

Betsy (Kaitlyn Dever) es una minera que sufre un accidente de trabajo, se golpea la espalda y se queda incapacitada por unos días. Como vive con dolor, Betsy va con su médico de confianza para que le recete un analgésico, el doctor Samuel Finnix (el genial Michael Keaton). Este medicamento es OxyContin, un opiáceo derivado de la oxicodona. Dicho fármaco fue desarrollado por la farmacéutica de la familia Sackler. 

Desafortunadamente, Betsy y Samuel se convertirán en adictos al medicamento rápidamente, porque ambos viven con dolor y sus asuntos no resueltos serán un catalizador para esta adicción. 

Se observan una serie de eventos que derivan en un problema de salud pública y en una de las peores epidemias de Estados Unidos: tenemos a la familia de Betsy, que lucha con su nueva realidad y tratan de curar esa adicción reduciéndolo a un problema de crianza. También están los agentes Randy Ramseyer (John Hoogenakker) y Michael Friedman (Will Chase), que investigan todas las estrategias, falacias y corrupción alrededor del caso. 

Estos agentes se alían con la teniente Bridget Meyer (Rosario Dawson), la cual sacrifica su vida personal y la entrega a este caso. Ramseyer, Friedman y Meyer lucharán por encontrar una correlación y corregir el etiquetado del supuesto medicamento. 

Finalmente nos presentan a Billie Cutler (el enorme Will Poulter) y Amber Collins (Philipa Soo, la de Hamilton), dos vendedores que saben de los trucos, las estrategias de venta y los sobornos a los doctores para que no sospechen ni investiguen acerca del fármaco. Cutler, aunque es responsable de muchos de los casos, decide actuar porque es consciente y porque tiene que hacer lo correcto. No es un héroe, porque en realidad vendía veneno. 

Y ambientes solitarios, cerrados, problemáticas personales: todo esto te acorrala y se magnifica cuando tienes una adicción. Salen tus fantasmas, todo parece más amenazante, vives prisionero, pero no sólo de ti mismo. 

Al igual que los mineros, los Sackler vienen de un ambiente cerrado: tiene problemas de comunicación, pero se magnifican en los Sackler porque el hijo, Richard Sackler (el maravilloso Michael Stuhlbarg de Call me by your name), es un psicópata, adicto al control y al poder. Sackler vive amargado porque no es valorado por su padre, pero ejecuta su venganza mediante la traición y triangulación. Para él nada será suficiente y no le importan cuantos tengan que morir, por su ambición. 

En lo que la puerca tuerce el rabo es con la mención de los policías para combatir la guerra contra las drogas de prescripción: el jefe de policía John Brownlee (Jake McDorman), habla de los detectives como si fueran unos patriotas, como si fueran incorruptibles y la guerra estuviera perdida. Pero no nos engañemos: la podredumbre, el cagadero y la corrupción son la constante de los gobiernos. Han permitido que lleguen esas porquerías a la gente, han criminalizado a los adictos. 

Dejan que drogas dañinas como el alcohol o medicamentos sean legales y mientras los consumidores y productores de mariguana son colocados al nivel de criminales. Los verdaderos responsables jamás pisarán una prisión o bien compraran una indulgencia. No bastarán dos policías, por muy incorruptibles que sean para detener esta mierda. 

Para el caso del doctor Samuel, la adicción puede ser un síntoma de una enfermedad mayor: un duelo no resuelto, un estancamiento, la necesidad de compañía, el sentirnos insuficientes o frustrados. Por otro lado, para Betsy, los conflictos relacionados con su sexualidad hacen que la adicción sea una necesidad de sentirse normal, de querer ser aceptada. 

He visto a personas que no saben cómo tratar su ira, su narcisismo, su envidia y su codicia, esas personas también pueden ser adictas a esos sentimientos. O adictas a una sustancia que les permita callarse y hacerles creer que son alguien funcional. Luchan con ellos mismos, pero no con la adicción, la adicción les permite vivir engañados. 

Esta serie es intensa e indignante y por momentos parece una pesadilla: porque, para el hecho de enfermarse como para el hecho de convertirse en un adicto, siempre estaremos solos, únicamente nuestra familia, nuestra red de apoyo si tenemos suerte, pero un sistema de salud, un grupo o la ley, de eso no hay nada. Lo cual es muy triste y desesperanzador. 

Mientras hay muchos Samuel, Betsy, Randy, Michael o Bridget están luchando, tratan de encontrar respuestas o ayudar a otros, bastará con los millones y la presencia de un Richard Sackler para sabotearlos. 

jueves, 8 de septiembre de 2022

Canciones con filosofía: Cuanto poder

Ha muerto Marciano Cantero, vocalista de los Enanitos Verdes, grupo argentino que forma parte de lo que se conoce como Rock en tu Idioma. Formó parte del soundtrack de la vida de muchas personas, con canciones como La muralla verde, Lamento Boliviano, Guitarras blancas, Luz de día y el cover de Tu cárcel, que hicieran famosa el grupo los Bukis. 

Honestamente, no me gustaban mucho... era un grupo como para muchachos de prepa. Sabía que había valido madre la peda cuando un wey agarraba su guitarra y se ponía a cantar: Me quieren agitar, me incitan a gritar... Futa, es insufrible esa pinche rola. 

Pero... hay una canción que es una gema del rock en español y es precisamente la canción por la que recuerdo a Marciano Cantero: Cuanto poder. 

Tuve un ex que fue de mis mejores relaciones, la distancia y el tiempo hicieron estragos en lo que parecía ser un noviazgo estable. A diferencia de otro chico con el que anduve un tiempo, con él duré un año y no sólo me quería por mi apariencia. De hecho, nos complementábamos muy bien. 

Era muy buen tipo, sigue siendo, sus amigas a veces me la hacían de pedo porque él no anduvo primero con ellas, pero él nunca fue mal pedo y les decía sus intenciones. La honestidad fue una de las cualidades por la que nuestra relación fue muy sana. 

Supongo que no fue suficiente todo el tiempo invertido, tomó la decisión de irse a otra ciudad para buscar un mejor empleo, pero siempre fue sincero y, aunque me sentí mal, mejor recordarlo bien que por pleitos y cosas hirientes. 

Lo único que a veces no me gustaba era que parecíamos más amigos que novios... A veces analizo y creo que esto fue lo que desgastó la relación, nos besábamos, nos entendíamos y nos queríamos, pero no llegó a ser amor, considero. 

Esa canción la recuerdo bien, la aprendí de memoria mientras estábamos en su coche, recuerdo cuando lo besaba, cuando me sentía muy enamorada y cuando las cosas iban bien. Recuerdo que estaba mejor que nunca y recuerdo haber cantado esa canción con él, a la que describía que: Estaba con madre. 

Recuerdo que era de Chihuahua y lo conocí porque estaba perdiendo el tiempo cerca de donde él cursaba, la química fue inmediata, nos buscamos en el facebook, cuando apenas y conocía esa red social tan pitera. 

Durante mucho tiempo, íbamos a todos lados, conversábamos, nos besábamos y me abrazaba, él era muy guapo y la verdad, yo en esa época estaba bien guapa. De hecho, me veo y me veo increíble, mejor que ahora, por supuesto. 

Esa canción fue el soundtrack de esa relación tan bella: porque cada línea de la canción es cierta. Puedo confimarlo desde mi corazón porque me pasó a mí: porque él rompió los candados de mi amor. 

He hecho muchas disgresiones acerca del amor, he teorizado como he podido con mi nula educación emocional, me he equivocado cuando he creído que me amaron, he rechazado a los que no puedo amar. Me he sentido identificada con Gatsby cuando quiere recuperar el pasado, con Ovidio, con las instrucciones de Alain de Botton, con el mito de Aristófanes en el Simposio... pero nunca me había enamorado como me enamoré de él. 

A su balcón subí sin armadura, dejo de importarme todo, era joven y era feliz, no era que el amor me hiciera estúpida o me hiciera crédula: era que viví una relación que quería. El amor está relacionado con la libertad, con dejar de tener temor; con imaginar, con soñar escenarios imposibles en donde somos los protagonistas, en querer hacer todo con esa persona. Podría haber miles de personas, pero tú lo reconoces y él te reconoce a ti. De esas experiencias que nunca crees que te pueden pasar a ti, hasta que te pasan. 

El amor se basa en sentir que, en verdad, puedes todo

Porque sentirse poderoso, sentirse liberado, es también romper los candados que aprisionan el amor. 

Descansa en paz Marciano Cantero, tu canción me ha liberado y me hará recordar esto por siempre. 




martes, 30 de agosto de 2022

Hay algo podrido en el Centro Histórico

No sólo estuve encabronada por lo de Amparín, sino porque recordé otras cosas junto con los fraudes y mi reseña de Miércoles de Ceniza. 

He aprendido a comer sola, en especial porque ha cambiado mi relación con la soledad. Mi relación con la comida, bueno, he aprendido a disfrutar y a gozar con lo que, en otro contexto sería un desórden alimenticio. 

Aprendí a no comer encabronada, con buena compañía, o sola pero tranquila, siempre he procurado comer cosas que me gusten y probar de vez en cuando cosas nuevas con ingredintes de alta calidad. 

Dentro de las malas experiencias es que he comido con gente que no sabe comer, que comen lo que sea y que no les parece que alguien coma mejor que ellos. Y eso no tiene que ver con el clasismo ni las posibilidades, tiene que ver con la dignidad. 

Aunado a esto, he notado que la gente más delicada para comer, la que más critica las decisiones de otros, es la que peor come, es un tipo de esnobismo y narcisismo, en las que sus ganas de chingar se extienden a que uno disfruta la comida. 

He llevado comida tanto con ingredientes de calidad como con buen sabor. Rara vez he llevado algo que no me gustara a mi o que no comería. Siempre busco llevar algo para quedar bien y cuando elijo algo voy a la segura. 

No me gusta comer de franquicias como Burguer King o Kentucky, porque ha bajado mucho la calidad. Además, considero que es caro y que no quedo satisfecha. Eso no me pasa con otras cadenas y restaurantes de franquicia. 

Si hablo de algo, me gusta hablar de series o poner un podcast bueno, también me gusta ver algo de YouTube, conversar de cosas interesantes, no como la vida y los chismes de los demás. 

Desgraciadamente me ha tocado todo lo contrario: gente que sólo sabe hablar de otros, o de sus vidas aburridas. Se las da que le vale madres todo pero está al pendiente de lo que hacen o dicen otros porque en el fondo, su vida es miserable y desastrosa. 

Una vez me tocó un pendejo que quería comer conmigo para sacar información para una vieja mamona, ante mi negativa, el esbirro comenzó a insistir para invitarla a ella a comer junto con nosotros, siendo que era una persona burlona, culera y dos caras. Además era vulgar y acomplejada. 

Otra vez comimos de franquicia y siento que pagué mucho por un pedazo de pollo grasoso. Y otras, he comido tranquilamente y he descubierto al envidioso y baboso que no deja de verme porque traigo una galleta o una cosa que naturalmente, él no puede comer, pero que la puede comprar una vez que termine el turno. Y otras es pura mala leche: porque he ofrecido amablemente algo rico de comer y ponen muchos peros, pero luego se esconden a comprar un producto más barato y que devoran en segundos. 

Pero hubo una vez que dejé de preocuparme por otros, porque mató mis buenas intenciones y ganas de comer con gente pendeja y mamona: fue en Capital Bus, por supuesto. 

Según tenían un tiempo para comer y siempre presumían que comían lo mejor y que según la pasaban muy bien en el Zócalo, pero ahí, lejos de ser un ambiente de camaradería, sólo se prestaba al robo y al acoso sexual de muchos de los que trabajaban ahí. 

Cuando yo me iba a comer empezaban a vender, como si los envidiosos vendieran menos por mi culpa, cuando había días en que se iban en ceros estando solos ¿verdad Omar? 

Un día comenté que se ponía el tianguis en mi casa los miércoles y que, de acomodarse todo, podría llevar unos ricos dorilocos. No me parecía mucho: el cacahuate con chile era fresco y el chile no estaba picoso, las verduras estaban frescas y los cueritos eran de buen tamaño. Además, podía llevar un poco de miguelito en otra bolsa. Unas dos o tres bolsas con los ingredientes: una con las verduras, otra de cacahuates y otra de salsas. 

Pero entonces, nunca falta una pendeja que no está de acuerdo con nada. Esa pendeja era Jazmín, la cual se validaba por la aprobación masculina y consideraba a toda mujer independiente una amenaza; Jazmín dijo que a ella no le gustaba la jícama y que, por lo tanto, sus dorilocos no debían de tenerla. Craso error porque no en todos lados le echan las verduras que uno quiere... depende del puesto y la preparación. 

Y, como no falta una lamezuelas, en este caso era Carmen, apoyó el comentario de Jazmín sugiriéndome que tenía que traer los ingredientes en cajitas, con pinzas para que todos pudieran servirse. En una mesa con acabado de caoba, bueno, esto último no, pero se sentía su mamonería en el aire. 

Yo asentí y dije: bueno, tal vez después, ya que lo planeé mejor. Osea, las mandé a chingar a su madre y sin escalas. Viejas mamonas. 

En mi siguiente rol me tocó trabajar con ellas y pidieron unos mariscos cerca del zócalo. Pasó un tiempo, terminaron de comer, a mi me colocaban en lugares donde no pudiera vender dada su envidia y mala leche, pasó otro rato y escuché decir a Jazmín: puedes llamarle al señor, es que estaba echado a perder. 

Entre confusión y contener la risa, vi cómo Jazmín estaba indignada: se comió su empanada de camarón y no notó que estaba descompuesta ¿por qué esperó hasta este momento? ¿por qué no fueron a reclamarle? ¿por qué no le piden que les ponga las putas cosas para que puedan comer bien? La Jazmín que maltrataba y odiaba a las mujeres se hizo chiquita, se empezó a quejar, pero se tragó la puñetera empanada. Como también se la tragó Carmen, Omar y los otros pendejos que estaban ahí de chismosos y que se sentían la gran cosa. 

Y ahí aprendí mi lección: NUNCA volver a tirar piedras a los cerdos, a los que todo aceptan y a los que se terminan las cosas, aunque sean de mala o nula calidad, NUNCA ofrecer algo bueno al que se conforma con lo que sea. Nunca prostituir mi tiempo por compañía que ni se aguanta sola. 

Esos mamones, que tanto se paraban el cuello, se terminaron las empanadas podridas del señor de los mariscos, no le cuestionaron lo que les daba, como a mi, que me ponían un chingo de peros cuando se han de tragar hasta su rabia. 

Y lo más seguro, es que, después de eso, regresaron y pidieron más. 

Tengo un chiste bien mamalón sobre comidas especiales y sobre comesolos: hoy comí bien rico y a gusto, no por la comida, sino porque nadie me estaba chingando. 

Amparín Serrano o los superjuguetes no tienen discurso

Mi opinión filosófica de los Ksimeritos es: ME MAMAN LOS KSIMERITOS, SON EL MEJOR JUGUETE DEL MUNDO Y SON BIEN CHIDOS, QUIERO JUGAR CON ELLOS POR SIEMPRE PORQUE SOY UNA ADULTA INFANTILIZADA, DADO QUE NO PUEDO TENER ESTABILIDAD POR MI CONTEXTO Y DECISIONES PERSONALES. 

Versión filósofica de mí, concepto: Amparín Serrano. 


Fuera de esto, de las circunstancias de la muerte de la creadora, del supuesto discurso que enarbolan y del diseño que tenían, creo que los Ksimeritos son inofensivos. Sorry not sorry, ustedes son una bola de conspiranóicos si creen esa pendejada. 

Yo jugaba con ellos y soy un vientre esteril: nunca pensaba: cuando tenga a Dylan Alejandro voy a cuidarlo mucho, será de cabello rizado como yo y lo voy a arrullar con Highway 61. No tengo ni idea de cómo cuidar a un bebé, no creo que hayan influido en mí, mas que para el juego y el divertimento. 

Es tan estúpido como decir que porque jugaba con legos iba a ser arquitecta, jugar con micrófonos me iba a hacer cantante o jugar con mi microscopio Mi Alegría me hizo científica. Jugaba a ser enfermera, a cuidar bebés a carreras de canicas, incluso a preparar comida. Tuve muchos juguetes como hija única egoísta y misántropa... pero la verdad, no era feliz, no supe por mucho tiempo lo que quería. 

Todas esas cosas que tuve representaron mis obsesiones y mis juegos, tenía algunas ideas sobre la vida mediante el juego, no eran reflexiones profundas ni filosóficas, pero me gustaba estar absorta en mi mundo. 

Eso si, me mamaban los diseños y me gustaba mucho la creatividad de esa chava: una mujer que no pudo soportar el rechazo cuando la sacaron del grupo Flans, pero que eso no le impidió explotar su mundo interior y compartir su visión de lo que quería. Murió el pasado 12 de agosto, pero dejó un gran vacío en el diseño mexicano. 

Y si, sus comerciales son extraños y dan cringe, los muñequitos no son políticamente correctos y tienen motivos religiosos, pero pensar que un juguete mete ideas en los niños es tratarlos como retrasados mentales: ningún juguete influencia para un comportamiento o rol de género, ninguno da indicios o profecías de cómo será tu hijo o se comportará. 

Esos pinches pendejos que creen eso, son los que sus pinches hijos hacen destrozos, juegan a matarse y se pasan por el arco del triunfo sus propias reglas: creen que sólo su juego vale y repiten cosas que escuchan en sus casas. Yo los escuché, yo jugué con ellos, a veces fui uno de ellos. 

Lo que me lleva a: 

LOS SUPERJUGUETES NO TIENEN DISCURSO. 

Trabajé con un dizque diseñador de interiores, todo fraudulento, todo pendejo y su pendeja sobrina... Qué dolor de huevos eran ambos: el pendejo diseñador creía que los juguetes tenían discurso, que la tecnología era enemiga y que era bueno volver a esa dizque época de inocencia de los niños. 

Claro que pedía que la gente fuera inocente: porque así era más fácil verles la cara y hacerles fraudes ¿o no Luisito? 

Pero bueno, esa romantización de la infancia, honestamente es una reverenda mamada: sólo existe en una versión en la que los niños buenos son dóciles, en la que no dan problemas y no dan guerra con los juguetes, cuando ¿han visto cuando juegan chingón los niños? Es un puto campo de batalla, no hay reglas casi y les gusta hacer chingadera y media. Y luego les dan azúcar y ¡uy, amigo!

Si un niño agarra un transformer, un casi merito y un Bart Simpson y el casi merito los mata: es su juego, sus reglas. Si el Bart revive y lo mata y hace alianza para chingarse al transformer: sus reglas, así el niño lo convino. Si la Barbie se mete a chingárselos a todos, aventándoles tierra o lápices, adivina qué: SUS PUTAS REGLAS, así juegan los niños a, ele, uv. 

Por eso, dejarlos jugar, que sean libres, que usen su imaginación sirve mucho para jugar con ellos y tal vez, sólo tal vez, conocerlos un poco también. 

Murió Amparín a causa de su creatividad, fue una suerte de peligro para ella. Pero sabía lo que vendía, trajo alegría a muchas niñas como yo, que les gustaba jugar con esos monos y algunos juguetes más. 

Nunca fue una estafadora que se creía diseñadora, nunca fue una sobrina pendeja que le lamía las botas a su esbirra por hacer menos a una empleada, creaba personajes y creaba historias, no era copia de chafísima de Winnie Pooh hecha con las nalgas. 

Virgencita, devuélvenos a Amparín y llevate al Oso Fraudes y de paso regálale su sillón a su sobrina pendeja. Necesitamos más gente que llene el mundo de color, no que lo ensombrezca con su ineptitud y pendejadas. 


martes, 16 de agosto de 2022

This is us: la plausibilidad de lo falso

 Estamos de acuerdo en que This is us es una telenovela, pero con una gran historia, personajes entrañables y pistas acerca de cómo tratar problemas difíciles dentro de la familia. 

También estamos de acuerdo, o al menos deberíamos, que This is us habla de una familia inexistente, de cierta forma de actuar de las personas, pero, llega un momento en que es tanta perfección que resulta chocante, resulta cursi. Pero es de esas series que tienes que ver si quieres aprender a hablar sobre la familia. 

Sus puntos buenos fueron que mostraban de forma muy bella cómo es que nos parecemos a nuestros padres, aunque nos intentemos resistir, aunque creamos que nunca seremos buenos y aunque ellos no tengan un lazo directo con nosotros. 

Personalmente, mi episodio favorito fue el de Don't let me keep you, porque habla de la pérdida, de la tristeza y de todas esas cosas que ya no se dicen pero que siempre se tuvieron en mente. Recordé cosas bellas de mi familia, cosas que nunca pude decirles y cosas que, por más que intenté, nunca pude cumplirles. Pero la grandeza de este episodio es que te ayuda a aceptar tu pérdida. El actor Milo Ventimiglia, que interpreta a Jack (el verdadero protagonista de esta historia), llena la pantalla, te hace empatizar con él; como actor, logra superarse. 

Ventimiglia iba de monigote de acción en Héroes, pero, desafortunadamente, esa serie dejó de ser buena a partir de la tercera temporada. Luego intentó ser muñequito de aparador en comedias tontas y actuaciones pequeñas. Por fortuna, logró conseguir el papel de uno de los mejores padres de la televisión. 

Mención aparte para los actores John Huertas y Mandy Moore, cuyos episodios y arcos se cerraron de una forma emotiva. Dos personas que se encuentran y que superan su duelo juntos, sin importar las consecuencias que eso conlleva. Otra historia de amor, poco desarrollada a mi parecer, pero que muestra cómo se unen las personas en circunstancias inusuales. 

La temporada no fue la mejor, pero si nos dice algo sobre cómo cerrar una historia de amor, cómo estar mejor cuando se toman otras decisiones de vida y cómo continuar el legado de las personas que nos aman y que se preocuparon por nosotros. 

Sin duda, Jack Pearson quedó como el protagonista definitivo de la historia, Randall hizo de su filosofía del cuidado su proyecto de vida y está seguro que puede continuar esa empresa a través de sus hijas, incluso de sus nietos. Randall confesó a sus hermanos que, aunque soñaba con encontrar a su familia, siempre los tuvo a ellos en sus pensamientos y siempre fueron los primeros. Con Randall la serie es consecuente del concepto de familia: es quien te cría y con haces una verdadera conexión. 

Kevin aprendió sobre responsabilidad y sobre dejar de compararse. Kate aprendió a convivir con su mamá mediante el cuidado. Superó sus problemas con Toby y practicó una de las mejores moralejas de la serie: Sólo porque nuestra historia haya acabado, no significa que no pueda seguir. Esto es una muestra de negociación con el dolor y ejercicio de la inteligencia emocional.

Finalmente, eran una familia ficticia, todos tienen historias muy buenas y por supuesto que iban a solucionar sus problemas. Me agradó ver que hubo soluciones plausibles, soluciones de sentido común y algunas soluciones que implicaban conversar como adultos. Pero es una serie que cumple, te conmueve y que no te olvidas tan fácil de sus personajes. 

Larga vida a This is us, una telenovela de un padre bueno bueno y una mamá buena buena, que querían a sus hijos, desorientados y con problemas, pero buenos buenos. Un clásico contemporáneo. 


domingo, 14 de agosto de 2022

Miércoles de Ceniza o la realidad del amor

Decidí tomarme un tiempo porque mi cuerpo ya no soportó un periodo de estrés laboral y asuntos personales. Lo que derivó en un segundo contagio de covid. El viernes terminan mis mini vacaciones. 

Una de las películas que decidí ver fue la de Miércoles de Ceniza con la superestrella Elizabeth Taylor, Henry Fonda y un gran elenco... 

Miércoles de ceniza es una telenovela, bien puede ser un capítulo de Lo que Callamos las mujeres... de hecho lo fue, estelarizado por Anette Michel por ahí de los dosmiles. Recuerdo que Jorge Dorantes, en la taquilla, comentó esto a Zurita y Horacio Villalobos, a lo que remató con el gran comentario de: si, nada más que cuando la operen, el cambio es que le sueltan el pelo. Gran resumen del episodio y de la anécdota. 

Es la historia de Barbara, una mujer que decide operarse para retener a su marido Mark (Henry Fonda), pero, tras un pequeño viaje en donde la corteja un hombre más joven y en donde habla con su hija, Barbara tendrá que encarar a su marido para encarar una cruel realidad. 

La película está muy bien hecha: las locaciones son espectaculares, lujosas y representan lo que vive la gente rica. Taylor actúa de manera sublime: es una mujer sofisticada, con clase y que está renuente al cambio, pero que sabe todo se va a derrumbar. 

Muchas de las escenas son un caramelo visual, Taylor se muestra imponente, increíble: con una belleza perfecta, una piel y una figura envidiables. Es altanera, preciosa y orgullosa como la Bikina. 

Hay una escena en donde ella se contempla que es exquisita, porque es como si apreciara su nueva belleza, no obstante Taylor siempre ha sido así, pero logra transmitir que se siente poderosa, que es un nuevo comienzo. No hay actores pequeños y Taylor es un ejemplo que la belleza es un apoyo de las cualidades histriónicas, no un sustituto. 

La realidad del amor 

Tenía una compañera de nombre Jazmín, no se parecía a Elizabeth Taylor, de hecho, era fea persona y tenía cara de pierdra y cuerpo feo. Humillaba a las mujeres, se creía doña fregona, pero era una pobre estúpida.

Y eso no fue por todo lo que me decía, esperando que yo me ofendiera como ella. Un día que yo dije que el día estaba bonito, ella volteó a verme con ojos de odio, porque le había ido mal. Así su nivel de neurosis y pendejez. 

La razón de que Jazmín me odiaba, era yo no me arrastraba con los hombres. Su amigo, Alfredo Miranda, un acosador del que ya he hablado en el blog, la mandaba a preguntarme cosas, como por ejemplo, si él me gustaba o con quien andaba para ir de lleva y trae. Jazmín, la dizque mujer independiente y chingona, en todo lo obedecía. 

Cierto día me dijo que por qué no era más amable con esos viejos horribles y miserables, yo me harté, porque aprovechó un momento en donde yo me encontraba mal de ánimo y de salud, entonces le dije: - Si a mi me gusta alguien, le hablo, si quisiera salir con uno, no le diría a la gente; pero no es el caso, porque ninguno me gusta. Jazmín se quedó trabada del coraje, no se podía contener porque se le notaba en los ojos y en sus puños. 

Jazmín no entendía que no cualquier atención es solicitada, incluso si es masculina, incluso si no tienes nada que perder. Y que no tienes que aceptar todo lo que te digan que hagas. 

Jazmín siempre creía que había razones para actuar, pero, paradójicamente, nunca tenía la estructura mental de pensar por qué me detestaba. Hacía cosas nada más por chingar y creía que si se justificaba se veía menos amargada o resentida. 

Creía que yo necesitaba atención, que era halagador recibir esas migajas porque, según ella, yo no era atractiva, pero ella tampoco lo era para estos imbéciles, que siempre difundían rumores y hablaban bajezas de ella. 

También ella traía sus problemas domésticos al trabajo y estos siempre implicaban a un hombre que no la aceptaba, que la había decepcionado o cuya pareja la había amenazado. De esas mujeres que creen que bajarle la pareja a alguien le da más valor como mujer. De esas que inventan cosas sobre la gente que no está así de necesitada de hombres como ellas. 

Desafortunadamente yo me enteré de su drama familiar una vez que me estaba chingando en el trabajo. Y ni siquiera me sentí mejor, ni siquiera sentí que fuera karma o justicia poética. Eso no era divertido, era triste ver cómo rogaba por migajas, por ser vista y aceptada por alguien que nunca la amó.

Como me gustaría que Jazmín viera esa película, o al menos el capítulo de Anette Michel. Ojalá esta tonta viera que no es que seas bonita, no es que seas una sacerdotiza del sexo o una mujer fatal, no es que seas la mejor mujer, ni siquiera tiene que ver con el rol que es impuesto o que decidas llevar: cuando una relación ya no funciona, cuando él ya no te ama, no importa nada de lo que hagas. 

Él se alejara de todas formas: aunque le pases a los amantes por la cara, aunque te veas mejor cada día, aunque vayan a terapia y crean que estas diferencias no son irreconciliables, nada de eso importa porque él ya te lo ha dicho: Ya no te ama. 

Cuando entendí eso, cuando empecé a creer lo que me decían sobre que ya no me amaban o que ya no me querían, fue más fácil para mi decir adios, decir que no a las relaciones tóxicas e inconvenientes. Fue más fácil estar con alguien que en me gustara y al que yo le gustara en verdad. 

Algunas relaciones tienen fecha de caducidad, algunas personas te lo dirán, de otras, tendrás que verlo por ti mismo. 

Y eso pasará, independientemente de que te veas como Elizabeth Taylor. 




miércoles, 10 de agosto de 2022

Los Simpsons y los ídolos adolescentes.

I. 

El pasado domingo 18 de abril, los Simpsons se pitorrearon de uno de los ídolos de los morros pretenciosos y edgy que piensan que descubrieron el post punk: Stephen Patrick Morrisey. 

Como la vida es un gran cliché y se encuentra en una referencia de los Simpsons, quiero confesarles que conocí a Morrisey por una persona que se llama como yo, le apodaban La Bruja y era por su pinche carácter insoportable y su forma de ser, inmamable. Pero en realidad, pretenciosa y medio pendeja sin razón. Criticona y envidiosa a madres, pero nada más porque conocía a un autor ruso y a Morrisey, creía que eso le quitaba lo horrenda que era. 

De esas estúpidas que creen que porque algo hace reír es una pendejada, que creen que todo mundo es un pendejo, menos ellos, que nada más andan chingando porque los otros no tienen la misma opinión que ellas... ¡Qué dolor de huevos! Si, la opinión es el escalón más bajo del conocimiento. 

Un día que la hice reír, no dejó de destrozarme porque ella era "seria" y yo sólo era un chiste, una pendeja que no sabía lo que ella. Pues no idiota ¡si no estoy tan traumada como tu!

Ojalá y chingue a su madre cada que respire. 

Ella recomendaba siempre Let me kiss you. Una canción que, por desgracia, me recuerda muchas de mis malas decisiones en la vida. A eso volveré más tarde. 

II. 

Como cada domingo me encontraba viendo los nuevos capítulos de Los Simpsons, serie que ha definido mi sentido del humor y mi conocimiento sobre el mundo. Esperaba un capítulo bastante equis, como han sido desde la temporada 25. Y si, lo admito, me costó 25 temporadas darme cuenta de que los Simpsons ya no son lo que eran. 

Sin embargo, este capítulo me sorprendió, porque los Simpsons volvían a sus raíces y a esa crítica irreverente y ácida de las primeras temporadas: retrataron tal y como es a Morrisey. 

Morrisey, cuya imagen e interpretaciones llegan a muchos adolescentes que tienen crisis de identidad y descubren el concepto de melancolía. Si bien les gusta a muchos adultos, sus desafortunadas declaraciones sólo evidencian que es un inmamable y un caime bien, que le gusta a inmamables y caime bien... 

En el capítulo Lisa está insatisfecha con todo y nada le gusta de la vida, como a esa compañera, pero en chido. Y ya que odia todo, su spotify le recomienda una banda que serían los Smiths. Lisa cae rendida ante Morrisey, o la imagen que se ha creado de él, hasta que, por la máxima de No conozcas a tus ídolos, ella se desengaña de su representación. 

El capítulo es muy bueno, hizo enojar al mamón ese y la verdad si, no porque la gente te vea como un representante de un género o le guste tu música tiene que estar de acuerdo con todo y te tiene que soportar. 

Pero tampoco implica que sólo te critique y se crea dueño de tu trabajo: los fans tienen que apoyar y admirar el trabajo del artista, se puede separar en algún momento, pero también reconocer cuando no están de acuerdo. No es ser un cretino ni un ciego. 

III 

Let me kiss you me parece una canción de desesperación y angustia existencial, conmovedora, maravillosa. De lo mejor que ha escrito Morrisey, no voy a negar que es un genio y que me hizo ver lo poco que conocía del amor. 

Como todas las canciones y las tragedias: uno nunca cree que le va a pasar hasta que le pasa, a veces, con hilarantes consecuencias. A mi me gustaba un pendejo al que le gustaban los Simpsons y se creía edgy porque le gustaban las bandas del episodio de Reventón (Homeropalooza, temporada 7) y OEZIZ, si, porque el mamón así lo decía. Creo que hasta decía Merreseyyy. 

Pues les cuento que, en una movida muy pendeja le dediqué la canción y el imbécil ni siquiera se dio cuenta de que me gustaba. Me sentí ridícula y él sólo alcanzó a decir que no se imaginaba que se la dedicarían. 

PUES CLARO QUE NO IDIOTA, PORQUE NO VES NADA MÁS QUE A TI MISMO Y ESTÁ CLARO QUE DAS PENA. PINCHE POUSER. 

Me sentí con ganas de darme una patada: nunca estuve ciega por un artista, nunca me apendejaba por ellos... me apendejaba por un pendejo. No lo veía así, pero, si tenía que solucionar mis asuntos: yo quiero confirmar que ellos son pendejos, los busco así para que yo me vea bien. 

Esto no me prepara para una relación de verdad, al contrario, me predispone a no tener compromisos y estar bien. 

Esto no me hace una persona inteligente, me hace detestable y miserable, como ese pendejo. 

Dejé de escuchar a Morrisey y mejor me puse a escuchar a Johnny Marr, el verdadero genio: el colaboró con Neil Tennant en Electronic, un bandón. Hizo Let me get what I want, de una de mis películas favoritas... Es un genio de la guitarra y la composición. Él no es como los otros, es diferente. 

Da mucha flojera ir con un discurso que ni uno mismo se cree y que sólo resulta en que uno sea más miserable. Larga vida a los Simpsons y a Johnny Marr. Vamos por una hamburguesa.