El ambiente de mi anterior trabajo era narcisista: ponían cuatros, cambiaban tus palabras, te hacían gaslighting, querían que pagaras por trabajar, te tomaban fotos, te acosaban sexualmente con preguntas de tu vida íntima.
El secreto a voces de Los Autobuses, era que tenías que tener una relación sexual o íntima con un conductor, el cual te pasaba las ventas que ayudaban a subir tu comisión. Por desgracia, dichos conductores no eran discretos: los que hacían esa práctica hablaban pestes de las mujeres que alguna vez estuvieron con ellos, por romance o por negocio.
Por supuesto que había conductores que eran príncipes: caballeros educados, con una dignidad que ya quisieran varios. Que hablaban contigo si había chisme y que hacían caso omiso de ellos: PORQUE SOLUCIONABAN LAS COSAS COMO FREAKING ADULTOS QUE ERAN.
Bueno, debía sacar de mi pecho eso.
Si algo me enseñaron las vloggers de Identifica a un Narcisista, Fundación Alice e Inner Integration es:
- Cuando hay un ambiente enfermo, tú te enfermas. Y no porque haya síntomas clínicos, como sugieren las psicólogas ignorantes: no puedes dejar de pensar en el daño que te harán, te crees tus propias mentiras, aceptas que estás derrotado, tu apetito disminuye, quieres llorar pero no puedes. Tu mundo se vuelve más sombrío.
- Un narcisista hace que todo sea difícil: desde levantar una piedra hasta pedir un favor.
- Cuando un psicópata o narcisista te amenace o te vea como un futuro suplemento: HUYE, es mejor vender donas o churros dignamente a tener un vínculo traumático de por vida, yo lo aprendí eso con Luis Martín Sordo y me costó muy caro.
- Trata de afianzar algo antes de huir o bien. La mejor venganza ante ellos es tu bienestar. Sí, seguirán hablando de ti, ladrando, incluso se reirán si estás peor o si estás bien. Y te dolerá mucho, mucho en verdad, pero créeme que es mejor a soportar cualquiera de sus resentimientos.
- Puede que cualquier cosa, hasta la más insignificante, sea usada en tu contra, como haber llegado tarde, cuestionar a un supervisor o alguna falta menor. Eso es normal cuando es un sistema corrompido.
A veces sé que no hay esperanza, pero imaginen el estrés constante que eso sea a diario, a sabiendas de los altos mandos, de recursos humanos, de los supervisores, de los licenciados que son apasionados del turismo.
Imaginen a una mujer joven que quiera ganar su propio dinero y vea estas prácticas como una opción para subir en sus números, imaginen que los supervisores se ensañan con ella, pero ven en un chófer manipulador o grosero una forma de tratar de encajar... Imaginen si llega a aceptar o creer que sólo así se puede.
Por fortuna, siempre me han dicho que hablo bien inglés y que tengo trato con la gente pese a mi trastorno de ansiedad, también me han dicho que debo pulir mi imagen, pero no es mala. Incluso tener cara de tonta (me han dicho peor) me ha abierto las puertas. Algunos de mis defectos son virtudes.
Por ejemplo: muchos me dicen que soy dejada y miedosa. Pues ¿saben algo? se necesita ser muy valiente para vivir con miedo: porque el miedo a perder mi alegría me llevó a tomar una de las mejores decisiones de mi vida. Mi miedo a una confrontación sin final me orilló a buscar otro lugar, en donde no me molesten, donde no me odien, donde no sean pasivos-agresivos y envidiosos. Elegí ponerme a salvo.
Good day, Sir.
lunes, 8 de abril de 2019
Ponerse a salvo
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jueves, 4 de abril de 2019
La libertad a las 9:30
Tengo un trabajo de 12 horas... Y me siento feliz.
No se si soy una esclava satisfecha, si lo que gano corresponde a mi esfuerzo (a veces si, a veces no), si es una alternativa o una salida a mis problemas, pero hay algo de cierto: mi tranquilidad es lo primero.
Un amigo brutalmente honesto, de Los Autobuses, me decía que me tenía lástima, por todas las creencias que asociaba a mi mala suerte en Los Autobuses, pero cuando salí, el mundo se abría para mí.
Yo, que no veía opciones, encontré nuevo mercado. Me sentía fea y de repente, tenía nuevos pretendientes. Yo, que pensaba que un gañán tenía que insultarme... de repente tenía a caballeros que me hablaban, se preocupaban por mí, decían cosas lindas de mí, me consentían como la princesa que siempre he querido ser.
Yo, que no me sentía digna de alguna canción, que siempre decía que nadie me dedicaría nada... me dedicaron dos o más canciones, me hicieron ver que yo podía inspirar esos pensamientos. Y que se siente raro que te dediquen una canción. Es como si creciera una flor en el pecho.
Le contesté a ese amigo: No es así: si me tuviera lástima, estaría limosneando por alguna consideración, me habría dejado de ese gañán, hubiera tolerado el acoso, hubiera limosneado una oportunidad a quien no quería dármela.
Lo increíble de salir después de las 9 es eso: que se puede caminar libremente, que no me cruzo con Los Autobuses, que cuando yo salgo, ellos se encierran y así sucesivamente. Hasta que no puedan alcanzarme.
Y aunque paso por algunos puntos en los que la pasé mal dentro de Los Autobuses, siento que esta ciudad sería mejor sin ellos. Siento que lo mejor viene en la noche: cuando nadie te ve, cuando no pasa nadie y cuando estás libre de seguir el camino que quieras.
Aunado a que el metrobus o el metro se van rápido, vienen vacíos y puedes escuchar tu música o leer tu libro, sentir el aire fresco, sentir que llegarás segura a casa.
Mi vida comienza a las 9, después de eso, es la hora en que tengo verdadera libertad.
No se si soy una esclava satisfecha, si lo que gano corresponde a mi esfuerzo (a veces si, a veces no), si es una alternativa o una salida a mis problemas, pero hay algo de cierto: mi tranquilidad es lo primero.
Un amigo brutalmente honesto, de Los Autobuses, me decía que me tenía lástima, por todas las creencias que asociaba a mi mala suerte en Los Autobuses, pero cuando salí, el mundo se abría para mí.
Yo, que no veía opciones, encontré nuevo mercado. Me sentía fea y de repente, tenía nuevos pretendientes. Yo, que pensaba que un gañán tenía que insultarme... de repente tenía a caballeros que me hablaban, se preocupaban por mí, decían cosas lindas de mí, me consentían como la princesa que siempre he querido ser.
Yo, que no me sentía digna de alguna canción, que siempre decía que nadie me dedicaría nada... me dedicaron dos o más canciones, me hicieron ver que yo podía inspirar esos pensamientos. Y que se siente raro que te dediquen una canción. Es como si creciera una flor en el pecho.
Le contesté a ese amigo: No es así: si me tuviera lástima, estaría limosneando por alguna consideración, me habría dejado de ese gañán, hubiera tolerado el acoso, hubiera limosneado una oportunidad a quien no quería dármela.
Lo increíble de salir después de las 9 es eso: que se puede caminar libremente, que no me cruzo con Los Autobuses, que cuando yo salgo, ellos se encierran y así sucesivamente. Hasta que no puedan alcanzarme.
Y aunque paso por algunos puntos en los que la pasé mal dentro de Los Autobuses, siento que esta ciudad sería mejor sin ellos. Siento que lo mejor viene en la noche: cuando nadie te ve, cuando no pasa nadie y cuando estás libre de seguir el camino que quieras.
Aunado a que el metrobus o el metro se van rápido, vienen vacíos y puedes escuchar tu música o leer tu libro, sentir el aire fresco, sentir que llegarás segura a casa.
Mi vida comienza a las 9, después de eso, es la hora en que tengo verdadera libertad.
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martes, 2 de abril de 2019
Bruce Willis o Mike Geier
Antes del lavador, cuando el psicópata me quebró el espíritu y la apática dijo que me correrían, hubo una persona que me consoló, que fue algo así como un ángel y el padre que todas quisiéramos tener: Bruce Willis.
El día que le dí mi teléfono, supe que todo había acabado con lavador. Me armé de valor y le dije que me había gustado su actuación en Sexto Sentido y en Duro de matar. Él se sonrojó, pero no parecía indiferente.
Con él, ser una niña mimada, bonita, una chaparrita hermosa, una chica consentida, una mujer sarcástica o con una visión cínica de la vida, no era malo ni terrible, él me veía como yo era. Con él era quien yo quería ser.
Me trataba increíble, hablábamos mucho tiempo, lo amaba, me encantaba, besaba muy rico. Pero él tenía una relación a la que me costaba mucho trabajo dejar de lado.
Un hombre maduro, de voz firme pero amable, blanco y varonil, grandote, rudo y fuerte, pero tierno, increíblemente comprensivo, con la palabra correcta y con unas manos trabajadas. Una cara de bueno, de esos que fueron esos niños que seguían todas las reglas, pero con el carácter de un hombre de verdad, de esos que ya no hay.
Yo nunca pude estar con él ni tener una relación de verdad. Sólo lo besé una vez, cerca de la Condesa, cuando me tocó un punto muerto para trabajar. Ese día lo atesoraré en mi corazón, ese día mi mente y mi alma lo albergaban a él.
De repente, sin que yo lo buscara, me dieron una gran oportunidad de cambiar de trabajo... un trabajo que me permitía vivir una sexta adolescencia, un trabajo que no era desagradable. Esa oportunidad la tomé.
Él me dedicó una canción, se despidió de mí y me dijo que en su corazón, yo viajo segura. Que le dí una nueva emoción a su vida.
Esas palabras son de los mejores halagos que me han hecho, son el alimento de mis voces interiores cuando descubro mi valía.
Él se quedó un tiempo más, 3 o 4 días y se fue a otro lado... no lo he visto desde entonces. Fue mi historia de un amor, como no hay otro igual.
Es curioso como las casualidades son aterradoramente peligrosas: cuando se fue, la primera canción que escuché fue Historia de un amor. Recuerdo que mis lágrimas estaban incontrolables en mis ojos, recuerdo que, por más que hubiera querido una aventura, no sería sólo eso.
Él, que con su trato y sus palabras me mostró cómo quería ser amada, qué quería que me dijeran, cómo me gustaría que me trataran, cómo me gustaría que me vieran. Él me trató como una mujer, pero me mimaba como una niña y nunca fue algo decadente o tóxico: fue el encontrar el término medio en el amor.
Él, único caballero en un ambiente de machos y narcisistas, me enseñó con su amor que merecía ser amada. Nos hacíamos sentir jóvenes y lozanos, nos veíamos con amor y con respeto.
Cuando escuché otra vez esa canción... él me dijo que ya no le mandara mensajes, que lo habían descubierto. Yo le dije que lo amaba, que si todo era fuerte, nos volveríamos a encontrar... Qué dulce mentira.
Él, fue el que se me escapó, el que amé intensamente y quien quería que me tocara, me mimara y me hiciera sentir protegida, porque en sus sueños viajaba segura y con él me sentía cuidada, valorada, amada en verdad...
Ahora no puedo ver una película de Bruce Willis y cuando oigo cantar a Mike Geier... pienso en él y en su sonrisa, en sus manos y en el beso que me alegró la vida y a la vez me la devolvió.
Te amo, Bruce Willis. Siempre te recordaré, pero no por tus películas.
El día que le dí mi teléfono, supe que todo había acabado con lavador. Me armé de valor y le dije que me había gustado su actuación en Sexto Sentido y en Duro de matar. Él se sonrojó, pero no parecía indiferente.
Con él, ser una niña mimada, bonita, una chaparrita hermosa, una chica consentida, una mujer sarcástica o con una visión cínica de la vida, no era malo ni terrible, él me veía como yo era. Con él era quien yo quería ser.
Me trataba increíble, hablábamos mucho tiempo, lo amaba, me encantaba, besaba muy rico. Pero él tenía una relación a la que me costaba mucho trabajo dejar de lado.
Un hombre maduro, de voz firme pero amable, blanco y varonil, grandote, rudo y fuerte, pero tierno, increíblemente comprensivo, con la palabra correcta y con unas manos trabajadas. Una cara de bueno, de esos que fueron esos niños que seguían todas las reglas, pero con el carácter de un hombre de verdad, de esos que ya no hay.
Yo nunca pude estar con él ni tener una relación de verdad. Sólo lo besé una vez, cerca de la Condesa, cuando me tocó un punto muerto para trabajar. Ese día lo atesoraré en mi corazón, ese día mi mente y mi alma lo albergaban a él.
De repente, sin que yo lo buscara, me dieron una gran oportunidad de cambiar de trabajo... un trabajo que me permitía vivir una sexta adolescencia, un trabajo que no era desagradable. Esa oportunidad la tomé.
Él me dedicó una canción, se despidió de mí y me dijo que en su corazón, yo viajo segura. Que le dí una nueva emoción a su vida.
Esas palabras son de los mejores halagos que me han hecho, son el alimento de mis voces interiores cuando descubro mi valía.
Él se quedó un tiempo más, 3 o 4 días y se fue a otro lado... no lo he visto desde entonces. Fue mi historia de un amor, como no hay otro igual.
Es curioso como las casualidades son aterradoramente peligrosas: cuando se fue, la primera canción que escuché fue Historia de un amor. Recuerdo que mis lágrimas estaban incontrolables en mis ojos, recuerdo que, por más que hubiera querido una aventura, no sería sólo eso.
Él, que con su trato y sus palabras me mostró cómo quería ser amada, qué quería que me dijeran, cómo me gustaría que me trataran, cómo me gustaría que me vieran. Él me trató como una mujer, pero me mimaba como una niña y nunca fue algo decadente o tóxico: fue el encontrar el término medio en el amor.
Él, único caballero en un ambiente de machos y narcisistas, me enseñó con su amor que merecía ser amada. Nos hacíamos sentir jóvenes y lozanos, nos veíamos con amor y con respeto.
Cuando escuché otra vez esa canción... él me dijo que ya no le mandara mensajes, que lo habían descubierto. Yo le dije que lo amaba, que si todo era fuerte, nos volveríamos a encontrar... Qué dulce mentira.
Él, fue el que se me escapó, el que amé intensamente y quien quería que me tocara, me mimara y me hiciera sentir protegida, porque en sus sueños viajaba segura y con él me sentía cuidada, valorada, amada en verdad...
Ahora no puedo ver una película de Bruce Willis y cuando oigo cantar a Mike Geier... pienso en él y en su sonrisa, en sus manos y en el beso que me alegró la vida y a la vez me la devolvió.
Te amo, Bruce Willis. Siempre te recordaré, pero no por tus películas.
Un lavador
Siempre seremos diferentes... no importa lo mucho que nos haya acercado o que tengamos en común.
Para que una mujer caiga sólo basta con hablarle bonito. A veces sonreírle y leer, lo necesitada que está, lo tonta que es, la baja autoestima que tiene. Te felicito porque supiste leer toda esa falta de atención.
Recuerdo cuando te burlaste de mi, yo te grité, te puse un alto, me quitaste de tu vida para siempre. Yo te escuché cuando te burlabas de tu mujer y cómo hablabas realmente.
Noté que sólo me hablabas cuando no había nadie alrededor, como si te diera vergüenza y observé como eras amigo de él... un hombre horrible sin principios.
Lentamente ya no eras Wade Wilson, observé cómo todos te llamaban y cómo me negaba a aceptarlo: el lavador, aunque te defendieran o aunque cayeras bien, aunque fueras aceptado, sólo eras un lavador.
En unos años te imaginé... pero no eras un hombre sensual ni interesante, tu sonrisa se había borrado y tus ojos se habían apagado. No era ardidez ni mucho menos, era la descripción de tu figura.
En un ensueño que se volvió una pesadilla, comenzaste a parecerte a él, aquel que me había agredido, tu cabello en puntas empezaba a colorearse de negro, tu nariz más ancha y llena de puntos rojos. Ya no era una nariz afinada, era una nariz de bola y chata, grasosa.
Tus cachetes bajaron y tus labios eran más gruesos. Ya no eran finos como los que tenías... Y tu cuerpo, que no era tan atlético como el de mis fantasías, dejaba ver un abdomen inflamado, era un cuerpo desgarbado y amorfo.
En La Zarpa de Pacheco, una mujer envidia a otra por su belleza, pero con el tiempo, ella sentencia: ahora la vejez nos ha hecho iguales. Ella que no era bella ni lo sería nunca, se alegró de emparejarse.
En unos años, querido amigo, serás como él: inventando historias para vengarte de gente que no te hace nada, con una fealdad del alma y posiblemente del cuerpo, con una piel sin brillo y con un carácter que ni la más necesitada podrá aguantar. Quisiera decirte que sólo está en ti cambiar, pero no creo que sea posible. No creo que ni vayas a leer esto.
En un tiempo me desharé de tu recuerdo, no se si de tu sonrisa... me desharé de lo que creía que eras y te detestaré porque no fuiste lo que dijiste ser. Te juzgaré por ser el equivocado y por no amarme, cuando no pasaría en miles de años que me hablaras en primer lugar.
El día que estaba enojada porque me tiraron muchas ventas a propósito, supe que: primo, esas ventas valían más para mí que tu supuesta amistad, secondo: cuando estoy herida, quiero decir cosas para lastimar que sean verdad.
Yo no me voy a dejar de un lavador... sonó cruel, clasista e inmaduro, pero increíblemente liberador, fue un grito ahogado y una venganza ante el engaño del que formamos parte.
Lentamente, te volviste como él, el héroe de tu película, tu modelo a seguir, pero también tu inquisidor y verdugo. Porque no tendrá piedad si te peleas con él o lo haces enojar.
Lentamente, saliste de mi corazón. Lo noté el día que no estabas y me sentí libre. Lo noté al hablar con mi terapeuta y darme cuenta que me quería más yo, no te quería más a ti.
De lo contrario, hubiera dejado que me pisotearas de nuevo.
Después le hablaste a la chica nueva y supe que había terminado. Supe que te habías ido.
Y aunque eras amigo del hombre que se parecía a Bruce Willis, nunca me rescatarás como él.
Bruce, ahora va nuestra historia.
Para que una mujer caiga sólo basta con hablarle bonito. A veces sonreírle y leer, lo necesitada que está, lo tonta que es, la baja autoestima que tiene. Te felicito porque supiste leer toda esa falta de atención.
Recuerdo cuando te burlaste de mi, yo te grité, te puse un alto, me quitaste de tu vida para siempre. Yo te escuché cuando te burlabas de tu mujer y cómo hablabas realmente.
Noté que sólo me hablabas cuando no había nadie alrededor, como si te diera vergüenza y observé como eras amigo de él... un hombre horrible sin principios.
Lentamente ya no eras Wade Wilson, observé cómo todos te llamaban y cómo me negaba a aceptarlo: el lavador, aunque te defendieran o aunque cayeras bien, aunque fueras aceptado, sólo eras un lavador.
En unos años te imaginé... pero no eras un hombre sensual ni interesante, tu sonrisa se había borrado y tus ojos se habían apagado. No era ardidez ni mucho menos, era la descripción de tu figura.
En un ensueño que se volvió una pesadilla, comenzaste a parecerte a él, aquel que me había agredido, tu cabello en puntas empezaba a colorearse de negro, tu nariz más ancha y llena de puntos rojos. Ya no era una nariz afinada, era una nariz de bola y chata, grasosa.
Tus cachetes bajaron y tus labios eran más gruesos. Ya no eran finos como los que tenías... Y tu cuerpo, que no era tan atlético como el de mis fantasías, dejaba ver un abdomen inflamado, era un cuerpo desgarbado y amorfo.
En La Zarpa de Pacheco, una mujer envidia a otra por su belleza, pero con el tiempo, ella sentencia: ahora la vejez nos ha hecho iguales. Ella que no era bella ni lo sería nunca, se alegró de emparejarse.
En unos años, querido amigo, serás como él: inventando historias para vengarte de gente que no te hace nada, con una fealdad del alma y posiblemente del cuerpo, con una piel sin brillo y con un carácter que ni la más necesitada podrá aguantar. Quisiera decirte que sólo está en ti cambiar, pero no creo que sea posible. No creo que ni vayas a leer esto.
En un tiempo me desharé de tu recuerdo, no se si de tu sonrisa... me desharé de lo que creía que eras y te detestaré porque no fuiste lo que dijiste ser. Te juzgaré por ser el equivocado y por no amarme, cuando no pasaría en miles de años que me hablaras en primer lugar.
El día que estaba enojada porque me tiraron muchas ventas a propósito, supe que: primo, esas ventas valían más para mí que tu supuesta amistad, secondo: cuando estoy herida, quiero decir cosas para lastimar que sean verdad.
Yo no me voy a dejar de un lavador... sonó cruel, clasista e inmaduro, pero increíblemente liberador, fue un grito ahogado y una venganza ante el engaño del que formamos parte.
Lentamente, te volviste como él, el héroe de tu película, tu modelo a seguir, pero también tu inquisidor y verdugo. Porque no tendrá piedad si te peleas con él o lo haces enojar.
Lentamente, saliste de mi corazón. Lo noté el día que no estabas y me sentí libre. Lo noté al hablar con mi terapeuta y darme cuenta que me quería más yo, no te quería más a ti.
De lo contrario, hubiera dejado que me pisotearas de nuevo.
Después le hablaste a la chica nueva y supe que había terminado. Supe que te habías ido.
Y aunque eras amigo del hombre que se parecía a Bruce Willis, nunca me rescatarás como él.
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Tristeza
La anagnorisis en un bus.
Trabajé en una compañía de camiones en donde la leyenda urbana era que tenías que acostarte con un chófer para tener ventas. Y que si no era, ellos te hacían la vida imposible.
Adivinen cómo creen que me fue.
Cuando los pasajeros me preguntaban cosas, se les encendía la cara de coraje, con su mala vibra y sus pésimos modos. Cuando se acercaban a mi, era como si quisieran quitarme todo lo que me distinguía.
Quitarme todo: esa era la consigna, desde mi primer trabajo, pasando por los narcisistas de la juguetería, hasta ese trabajo en Los Autobuses.
Luego fui freelance más de cinco años y tuve mucha suerte: mi familia me ayudó, me pude desarrollar en lo que yo quería y ganar dinero sin salir del ambiente académico. Ese considero yo que es mi privilegio.
Por desgracia, eso también se ha convertido en algo negativo para mi: desde personas que argumentan que "No necesito ese trabajo" o que por ser freelance "soy inestable y puedo dejar ese trabajo". Aunado a muchos otros prejuicios.
El prejuicio que tenía ese chófer tan naco era contra las personas blancas y con sobrepeso. Se encargó de burlarse de mi, junto con el hombre que solía ver como Wade Wilson, me cerró la puerta en la cara, se molestaba si me reía, me gritó cuando le pregunté algo, le fastidiaba mi presencia.
Cuando fui con las brillantes personas de recursos humanos, su respuesta fue nula. Cuando me fui, le quitaron el castigo inmediatamente. No hicieron nada.
Pero lo peor era escuchar sus pláticas, llenas de chismes y de calumnias y de éxitos de galán de balneario: que tal había tenido sexo con cual, que le olían las patas a tal, que él sabía que tal quería andar con él, que las empleadas se acostaban con el tal o cual para vender tal cantidad... muchas eran fantasías y otras delirios, pero en su mayoría eran pendejadas.
Y era eso, que cuando tiró mi venta, yo me retiré con honor: de eso que los poco hombre como él no saben. El 2 de febrero, ese naco hablaba con su hija sobre el día de la Candelaria, el diálogo fue más o menos así:
- Entonces - su hija refiriéndose a él - ¿de qué vas a pedir tu tamal?
- No, la verdad yo no como comida de pobres - sea lo que eso signifique.
Ante esto yo me pregunté: a lo mejor le gusta un corte de carne, mariscos, osobuco, paella o algún platillo rico como el pulpo a las brasas o bogavante.
Pero no, la verdad es que era él y pues no se le pide agua a las piedras. Él contestó:
- ... a mí dame una carnita asada. ¡Yikes!
Él, que en alguna ocasión dijo que sería ojete conmigo si yo era ojete con él, él, que todo el tiempo me miraba como si le diera asco y se reía de mi junto con su amigo O y el lavador, una vulgar trinidad que se desbarató con el exilio de este último, se mostraba en una simple frase.
Cuando han peleado conmigo, personas amargadas, feas, narcisistas y enfermas de odio, siempre dicen algo que muestra cuán ridículos son: él, que si lo llevas a los Mil sabores de helado, pediría gustoso el de vainilla, o que si le hablas de vino, cree que es el nombre genérico para cualquier licor barato. El único Sergio que no era bailador.
Me mostró cuán ridículo era y cuán ridícula era yo cuando por hacer caso de un hombre tan pobre y tan bajo de espíritu, que no sabe nada y que está cómodo con ello, que juzga a la gente por su apariencia y por lo que tiene, pero es incapaz de verse él mismo.
Yo no iba a dejarme de él ni de sus amigos. En sus propias palabras: ¿700 pesos? Eso es lo que me gasto en una bolsa o en un restaurante. Para un juego así, podemos jugar dos.
Tal fue mi coraje para no dejarme de él. Y no dejar que alguien como él me pisotee. Cuando me fui, él fue de metiche a inspeccionar la camioneta en donde sería guía, fue a hacer chisme, seguía fastidiándome ¿qué no se puso feliz de que ya me fuera? ¿qué quería seguir haciendo sus porquerías conmigo?
Un hombre tan horrible, tan grosero, tan lleno de rabia e ira. Que ni la sobredosis de azúcar diaria ni la gorronería podrían calmar. Me hizo darme cuenta que valía más que esto. Que no iba a durar en los autobuses mucho tiempo.
Ahora Wade... el que sigue es tu post.
Adivinen cómo creen que me fue.
Cuando los pasajeros me preguntaban cosas, se les encendía la cara de coraje, con su mala vibra y sus pésimos modos. Cuando se acercaban a mi, era como si quisieran quitarme todo lo que me distinguía.
Quitarme todo: esa era la consigna, desde mi primer trabajo, pasando por los narcisistas de la juguetería, hasta ese trabajo en Los Autobuses.
Luego fui freelance más de cinco años y tuve mucha suerte: mi familia me ayudó, me pude desarrollar en lo que yo quería y ganar dinero sin salir del ambiente académico. Ese considero yo que es mi privilegio.
Por desgracia, eso también se ha convertido en algo negativo para mi: desde personas que argumentan que "No necesito ese trabajo" o que por ser freelance "soy inestable y puedo dejar ese trabajo". Aunado a muchos otros prejuicios.
El prejuicio que tenía ese chófer tan naco era contra las personas blancas y con sobrepeso. Se encargó de burlarse de mi, junto con el hombre que solía ver como Wade Wilson, me cerró la puerta en la cara, se molestaba si me reía, me gritó cuando le pregunté algo, le fastidiaba mi presencia.
Cuando fui con las brillantes personas de recursos humanos, su respuesta fue nula. Cuando me fui, le quitaron el castigo inmediatamente. No hicieron nada.
Pero lo peor era escuchar sus pláticas, llenas de chismes y de calumnias y de éxitos de galán de balneario: que tal había tenido sexo con cual, que le olían las patas a tal, que él sabía que tal quería andar con él, que las empleadas se acostaban con el tal o cual para vender tal cantidad... muchas eran fantasías y otras delirios, pero en su mayoría eran pendejadas.
Y era eso, que cuando tiró mi venta, yo me retiré con honor: de eso que los poco hombre como él no saben. El 2 de febrero, ese naco hablaba con su hija sobre el día de la Candelaria, el diálogo fue más o menos así:
- Entonces - su hija refiriéndose a él - ¿de qué vas a pedir tu tamal?
- No, la verdad yo no como comida de pobres - sea lo que eso signifique.
Ante esto yo me pregunté: a lo mejor le gusta un corte de carne, mariscos, osobuco, paella o algún platillo rico como el pulpo a las brasas o bogavante.
Pero no, la verdad es que era él y pues no se le pide agua a las piedras. Él contestó:
- ... a mí dame una carnita asada. ¡Yikes!
Él, que en alguna ocasión dijo que sería ojete conmigo si yo era ojete con él, él, que todo el tiempo me miraba como si le diera asco y se reía de mi junto con su amigo O y el lavador, una vulgar trinidad que se desbarató con el exilio de este último, se mostraba en una simple frase.
Cuando han peleado conmigo, personas amargadas, feas, narcisistas y enfermas de odio, siempre dicen algo que muestra cuán ridículos son: él, que si lo llevas a los Mil sabores de helado, pediría gustoso el de vainilla, o que si le hablas de vino, cree que es el nombre genérico para cualquier licor barato. El único Sergio que no era bailador.
Me mostró cuán ridículo era y cuán ridícula era yo cuando por hacer caso de un hombre tan pobre y tan bajo de espíritu, que no sabe nada y que está cómodo con ello, que juzga a la gente por su apariencia y por lo que tiene, pero es incapaz de verse él mismo.
Yo no iba a dejarme de él ni de sus amigos. En sus propias palabras: ¿700 pesos? Eso es lo que me gasto en una bolsa o en un restaurante. Para un juego así, podemos jugar dos.
Tal fue mi coraje para no dejarme de él. Y no dejar que alguien como él me pisotee. Cuando me fui, él fue de metiche a inspeccionar la camioneta en donde sería guía, fue a hacer chisme, seguía fastidiándome ¿qué no se puso feliz de que ya me fuera? ¿qué quería seguir haciendo sus porquerías conmigo?
Un hombre tan horrible, tan grosero, tan lleno de rabia e ira. Que ni la sobredosis de azúcar diaria ni la gorronería podrían calmar. Me hizo darme cuenta que valía más que esto. Que no iba a durar en los autobuses mucho tiempo.
Ahora Wade... el que sigue es tu post.
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lunes, 1 de abril de 2019
El cocinero insatisfecho.
O estudia gastronomía, cuando pides trabajo en Los Autobuses, ellos te lo ponen de ejemplo. Es favorecido y apoyado por supervisores de campo y de ruta. Es un buen vendedor y te explica lo que le pidas.
Desgraciadamente, hay un problema con O: es profundamente envidioso, aunque tenga todo o parezca que tiene todo. Aunado a que no sabe inglés, que si no fuera por las ideas irracionales de O, no sería un problema porque lo podría aprender para vender y ya. También, creo que tiene padecimientos, pero como no parece importarle, no tengo idea si se cuide o no. No me interesa.
La vida de O no ha sido fácil, dice que nadie lo ayuda, que nadie le hace las cosas, que se fue en ceros muchas veces, que vendía cosas en la calle, pero no estoy segura de esa historia porque no es mi amigo ni lo considero.
O se burló de mi, cuando un chofer naco me tiró una venta que yo había trabajado. No mostró piedad y no le importó que me afectara en mi comisión. Me tiraba ventas con cualquier pretexto, pretendía enseñarme, sin éxito, a vender, porque en el fondo, gozaba con verme miserable, Cuando vendía, intentaba sobrecompensar con su falsa modestia y su supuesta productividad.
O siempre hablaba de que no tenía privilegio, que todo fue porque él lo hizo... cosa que no era cierta porque muchos choferes lo ayudaban, les agradaba y, aunque se burlaran de él, no parecía que fuera con saña o con ganas de humillarlo. Como si hacían conmigo.
Cabe señalar, que como O es hombre, no comprenderá lo que es ser acosado sexualmente por un montón de hombres morbosos. No será calumniado de acostarse con hombre para subir de puesto o en números. No será apodado más que con lo evidente.
A O tal vez nunca le pidan prestado y no le paguen, nunca le aventarán la lista de asistencia en la cara porque les cae mal, nunca le tirarán ventas porque no cae bien. De hecho, si lo piensa, si aprende inglés, será aún más ejemplo de lo que ya es. Ojalá que lo haga.
A O no lo han perseguido, humillado, amenazado con correrlo, no se han burlado de él por no saber explicar, por lo que estudia. No es un fracasado que no ha podido levantar sus proyectos. No está en un empleo que no es propio de su área.
A O no le han hecho ese mobbing propio de empresas que parecen importantes. A O no le tiraron la venta para que parezca que no le deben dar ese punto. Si O demuestra que es buen vendedor, le premian, no lo castigan como hicieron con otros. Como hicieron conmigo.
O estuvo al pendiente de mi vida para disminuirme, para burlarse, incluso para difundir rumores sobre mi. Incluso le fueron con el chisme de lo que me había pasado y siguió burlándose con el lavador y el chofer naco.
A O le dijeron que yo había hablado de él cuando finalmente denuncié. Y empezó a tratarme con su falsa amabilidad. En un día "logré" que se acercara lo que no se acercó en tres meses.
- Primero me intentó saludar y le hice el chiste que febrero es el peor mes porque pura gente horrible, empezando por mi, nace. O debatió mi chiste con el hecho que su mejor amiga nació en ese mes, me cuestionó que si yo pensaba eso, no quería decir que fuera verdad. Le contesté: Tienes razón. Y me puse a trabajar. Primer strike
- Más tarde O iba a la tienda por sus bocadillos favoritos y me ofreció "amablemente" comprar algo para mi. Yo le dije que no, que ya había comido. Le agradecí, porque no soy maleducada ni hipócrita: el que quiera darle un puñetazo en la cara no significa que un día pueda hacerlo. Yo si tengo límites. Segundo strike.
- Cuando compró sus bocadillos me ofreció... sin tomar en cuenta que le dije que YA HABÍA COMIDO, me negué tres veces. Tercer strike.
- Finalmente, O me llamó de la peor manera posible: me dijo Andy, señal inequívoca de que una persona es hipócrita conmigo o va a pedirme algo como su amigo, el voluble. A lo que, francamente harta, le contesté: Me llamo Andrea, no me gusta que me digan Andy. OUT, ya no se acercó más.
Porque estuve tres meses O, en los que nunca me trataste bien, en los que sólo te dedicaste a burlarte con tus amigos, en los que, en una ocasión me gritoneaste como si fueras mi jefe, y, aunque me explicaste, parecía que mi sola presencia te era repulsiva.
Cuando viste que las cosas no iban bien, ¿a quién creías que ibas a engañar? Tu no me hablaste porque quieras hacer las pases, ni me hablaste porque de repente te agradara: lo que quieres es estar bien sólo contigo. Quieres que todos digan lo agradable que eres, que todos te digan que si.
Pues yo no: imagino tu triunfo si me hubieras convencido y me repugna. Jamás participaré de que te creas tu propia mentira, yo soy un contraejemplo a este teatro que haz armado.
Cuando me fui, O estaba visiblemente molesto: porque me ayudaron, porque, según su argumento del privilegio, yo no iba a estar más en ese trabajo tan maravilloso (sarcasmo). Porque yo sabía inglés y porque me veía feliz, porque me dieron cosas y tuve nuevas experiencias.
O es la muestra de muchos de los especímenes de Los Autobuses: que con tal que seas tan o más miserable que ellos, no son capaces de dejarte ir.
No te entiendo O: tú tienes días productivos, tienes amigos y compañeros que te respetan y quieren, tienes a gente que respeta tu trabajo y te compra, te favorecen, te ayudan. Tienes un privilegio también, aunque sea diferente del mío.
Cuando subí a mi torre de marfil, no pude evitar contemplar que lo del inglés fue sólo una farsa: O no quiere aprender por cultivarse o por entender, O quiere que otros no sean mejores que él.
Deja esos cuestionamientos profundos y contradictorios para mi, un Sócrates insatisfecho, no para un cocinero insatisfecho como tú.
¿O será que te cuestiono porque en realidad eres un tonto satisfecho?
Desgraciadamente, hay un problema con O: es profundamente envidioso, aunque tenga todo o parezca que tiene todo. Aunado a que no sabe inglés, que si no fuera por las ideas irracionales de O, no sería un problema porque lo podría aprender para vender y ya. También, creo que tiene padecimientos, pero como no parece importarle, no tengo idea si se cuide o no. No me interesa.
La vida de O no ha sido fácil, dice que nadie lo ayuda, que nadie le hace las cosas, que se fue en ceros muchas veces, que vendía cosas en la calle, pero no estoy segura de esa historia porque no es mi amigo ni lo considero.
O se burló de mi, cuando un chofer naco me tiró una venta que yo había trabajado. No mostró piedad y no le importó que me afectara en mi comisión. Me tiraba ventas con cualquier pretexto, pretendía enseñarme, sin éxito, a vender, porque en el fondo, gozaba con verme miserable, Cuando vendía, intentaba sobrecompensar con su falsa modestia y su supuesta productividad.
O siempre hablaba de que no tenía privilegio, que todo fue porque él lo hizo... cosa que no era cierta porque muchos choferes lo ayudaban, les agradaba y, aunque se burlaran de él, no parecía que fuera con saña o con ganas de humillarlo. Como si hacían conmigo.
Cabe señalar, que como O es hombre, no comprenderá lo que es ser acosado sexualmente por un montón de hombres morbosos. No será calumniado de acostarse con hombre para subir de puesto o en números. No será apodado más que con lo evidente.
A O tal vez nunca le pidan prestado y no le paguen, nunca le aventarán la lista de asistencia en la cara porque les cae mal, nunca le tirarán ventas porque no cae bien. De hecho, si lo piensa, si aprende inglés, será aún más ejemplo de lo que ya es. Ojalá que lo haga.
A O no lo han perseguido, humillado, amenazado con correrlo, no se han burlado de él por no saber explicar, por lo que estudia. No es un fracasado que no ha podido levantar sus proyectos. No está en un empleo que no es propio de su área.
A O no le han hecho ese mobbing propio de empresas que parecen importantes. A O no le tiraron la venta para que parezca que no le deben dar ese punto. Si O demuestra que es buen vendedor, le premian, no lo castigan como hicieron con otros. Como hicieron conmigo.
O estuvo al pendiente de mi vida para disminuirme, para burlarse, incluso para difundir rumores sobre mi. Incluso le fueron con el chisme de lo que me había pasado y siguió burlándose con el lavador y el chofer naco.
A O le dijeron que yo había hablado de él cuando finalmente denuncié. Y empezó a tratarme con su falsa amabilidad. En un día "logré" que se acercara lo que no se acercó en tres meses.
- Primero me intentó saludar y le hice el chiste que febrero es el peor mes porque pura gente horrible, empezando por mi, nace. O debatió mi chiste con el hecho que su mejor amiga nació en ese mes, me cuestionó que si yo pensaba eso, no quería decir que fuera verdad. Le contesté: Tienes razón. Y me puse a trabajar. Primer strike
- Más tarde O iba a la tienda por sus bocadillos favoritos y me ofreció "amablemente" comprar algo para mi. Yo le dije que no, que ya había comido. Le agradecí, porque no soy maleducada ni hipócrita: el que quiera darle un puñetazo en la cara no significa que un día pueda hacerlo. Yo si tengo límites. Segundo strike.
- Cuando compró sus bocadillos me ofreció... sin tomar en cuenta que le dije que YA HABÍA COMIDO, me negué tres veces. Tercer strike.
- Finalmente, O me llamó de la peor manera posible: me dijo Andy, señal inequívoca de que una persona es hipócrita conmigo o va a pedirme algo como su amigo, el voluble. A lo que, francamente harta, le contesté: Me llamo Andrea, no me gusta que me digan Andy. OUT, ya no se acercó más.
Porque estuve tres meses O, en los que nunca me trataste bien, en los que sólo te dedicaste a burlarte con tus amigos, en los que, en una ocasión me gritoneaste como si fueras mi jefe, y, aunque me explicaste, parecía que mi sola presencia te era repulsiva.
Cuando viste que las cosas no iban bien, ¿a quién creías que ibas a engañar? Tu no me hablaste porque quieras hacer las pases, ni me hablaste porque de repente te agradara: lo que quieres es estar bien sólo contigo. Quieres que todos digan lo agradable que eres, que todos te digan que si.
Pues yo no: imagino tu triunfo si me hubieras convencido y me repugna. Jamás participaré de que te creas tu propia mentira, yo soy un contraejemplo a este teatro que haz armado.
Cuando me fui, O estaba visiblemente molesto: porque me ayudaron, porque, según su argumento del privilegio, yo no iba a estar más en ese trabajo tan maravilloso (sarcasmo). Porque yo sabía inglés y porque me veía feliz, porque me dieron cosas y tuve nuevas experiencias.
O es la muestra de muchos de los especímenes de Los Autobuses: que con tal que seas tan o más miserable que ellos, no son capaces de dejarte ir.
No te entiendo O: tú tienes días productivos, tienes amigos y compañeros que te respetan y quieren, tienes a gente que respeta tu trabajo y te compra, te favorecen, te ayudan. Tienes un privilegio también, aunque sea diferente del mío.
Cuando subí a mi torre de marfil, no pude evitar contemplar que lo del inglés fue sólo una farsa: O no quiere aprender por cultivarse o por entender, O quiere que otros no sean mejores que él.
Deja esos cuestionamientos profundos y contradictorios para mi, un Sócrates insatisfecho, no para un cocinero insatisfecho como tú.
¿O será que te cuestiono porque en realidad eres un tonto satisfecho?
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Los tres peores meses de mi vida
La razón por la cual no escribí de forma constante, fue porque tenía una depresión detonada por un abuso narcisista por dos mujeres. Ninguna de ellas tuvo consecuencia alguna.
Después tuve un desencanto por la vida que detonó en que abandoné mis proyectos y todo lo que me gustaba. No me atreví a dejar de lado el blog, pero seguía escribiendo. Ahora con mucha angustia y pesimismo.
Y, aunque veía cosas buenas o cosas que me movieran, la motivación o el gusto por la vida no llegaba, ni yo sabía que era lo que necesitaba: por un lado no abandonaba mis proyectos, pero tampoco los concluía. No quería salir, pero había miles de eventos para escoger. No quería a nadie, pero tampoco quería estar sola.
Luego llegó ese trabajo... en una compañía de autobuses como el turibus, pero que no era el turibus. Cometí un terrible error.
Aunque conocí a gente buena y pude tener una plataforma para otros proyectos, quedé con mucho dolor y muchos problemas para confiar a la gente. Lo que si, me sigue sorprendiendo la forma en que la envidia llena de amargura a la gente, hasta perder la razón.
Lo que sigue son algunos relatos, además del de Wade Wilson, con los que denuncio a muchas personas, maltratos y terribles prácticas de esas personas, a las que, en adelante, me referiré como Los Autobuses. Ojalá no pasen por lo mismo o nunca se repitan en mi vida estas circunstancias.
Después tuve un desencanto por la vida que detonó en que abandoné mis proyectos y todo lo que me gustaba. No me atreví a dejar de lado el blog, pero seguía escribiendo. Ahora con mucha angustia y pesimismo.
Y, aunque veía cosas buenas o cosas que me movieran, la motivación o el gusto por la vida no llegaba, ni yo sabía que era lo que necesitaba: por un lado no abandonaba mis proyectos, pero tampoco los concluía. No quería salir, pero había miles de eventos para escoger. No quería a nadie, pero tampoco quería estar sola.
Luego llegó ese trabajo... en una compañía de autobuses como el turibus, pero que no era el turibus. Cometí un terrible error.
Aunque conocí a gente buena y pude tener una plataforma para otros proyectos, quedé con mucho dolor y muchos problemas para confiar a la gente. Lo que si, me sigue sorprendiendo la forma en que la envidia llena de amargura a la gente, hasta perder la razón.
Lo que sigue son algunos relatos, además del de Wade Wilson, con los que denuncio a muchas personas, maltratos y terribles prácticas de esas personas, a las que, en adelante, me referiré como Los Autobuses. Ojalá no pasen por lo mismo o nunca se repitan en mi vida estas circunstancias.
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