lunes, 6 de abril de 2020

Mi top ten de canciones de Bojack Horseman

Honestamente, ya tiene mucho que terminó Bojack Horseman y no creo que se diga algo mejor que lo que dijeron los video bloggers o los comentadores de internet. Sólo puedo decir que se va una serie que se lleva lo mejor de mi vida. 

Bojack me acompañó para entender mis problemas, para ver que soy una persona que no se sentía bien. Que merezco tener mejores amigos y ser un poco más amable conmigo misma. 

También pude ver en ella la capacidad de perdón y de compasión que tiene un hombre al mostrar los secretos de su corazón: qué piensa de la vida, del trabajo, de las obsesiones, de la tristeza y de las necesidades de amor que todos tenemos dentro de nosotros. 

Tuvo un gran soundtrack, que acompañó nuestras reflexiones y momentos de tristeza, un soundtrack para el ensueño, pero también, curativo: porque nos ayuda a aliviar nuestra alma. 

10. Bojack's Theme. Tema principal. Patrick Carney de los Black Keys nos da una pieza espectacular que construye perfectamente el estancamiento de Bojack: desde quién es y cómo no distingue en qué día vive; cómo parece hundirse en una vorágine de fiestas y de soledad, de falsedades y en su propia piscina, en la cual sólo se asoman Diane y Mr. Peanut Butter, quienes posteriormente se convertirían en sus amigos. Es un spoiler tan sutil que no lo vemos venir. 

Esta pieza nos sirve para construir el tono de la serie, la incertidumbre y confusión de este antihéroe. El pesimismo tal vez, lo perdido que se siente. Eso no lo había visto desde Mad Men o Mindhunter. 

9. Sea of Dreams. Oberhofer. Temporada 3 La serie Bojack Horseman experimentó con distintos estilos narrativos y de animación. Uno de los mejores episodios fue Fish Out Of Water, el episodio en donde sólo hay diálogo al principio y al final. Observamos más de Bojack por lo que hace que por lo que dice: siente que quiere tener una vida con mayor sentido, pero no sabe cómo, ve que no es suficiente con una familia y que, con cada intento, todo sale mucho peor. El título no sólo es irónico, sino que es increíblemente realista para la serie de este caballo antropomórfico. 

Sea of Dreams trata de la búsqueda del perdón, algo que Bojack no logra en la serie cuando daña a una persona que trabajaba con él. No diré más porque hay que ver la serie, pero es una buena pista de los obstáculos que enfrenta este personaje. 

8. Los Ageless, St. Vincent. Temporada 5. Esta cantante imprime uno de los inicios más espectaculares con esta joya del rock electrónico. Relata la frivolidad, la falsedad y cierta teatralidad en la desesperación. Bojack vuelve a las andadas y esta decisión y agitación en su vida se ve representada por esta canción. 

St. Vincent usa este juego de palabras para referirse a ese instante, en donde creemos que lo superfluo durará para siempre. Y sólo es el principio del fin para Bojack, porque sigue tomando malas decisiones y además, parece no llenar el vacío existencial pese a tener todo lo que puede desear. 

7. Take Me Down Easy. James Henry Jr. Temporada 6. Este es un arrullo moderno para aquellos que estamos rotos y que tenemos problemas que aún no podemos solucionar, sólo queremos que nos traten con cuidado, porque no sabemos si vamos a recuperarnos. Y en esa vulnerabilidad, una vez que nos reconocemos y la reconocen otros, podemos empezar a sanar. 

Esta es una canción en la que veo a Sísifo sonriendo, porque, aunque lo peor esté por venir... siempre podemos volver a empezar. Al menos antes de que Bojack pierda todo, puede tener un momento de esperanza y de felicidad. 

6. A horse with no name. Temporada 4. Michelle Branch nos regala este gran cover, una reinterpretación melancólica de la desesperanza: hay un componente de la naturaleza, de la permanencia y del cambio. Al principio nos relata un panorama que podemos aceptar, pero se vuelve oscura, porque habla de la soledad, del dolor y de la desesperación, porque así se siente cuando enfrentamos una crisis: pasamos por esos estadios solos... sólo podemos ver a nuestro alrededor y confirmar que estamos en un desierto, y que el desierto somos nosotros. 

Aunque se veía venir, como alguna referencia a la naturaleza animal de Bojack, no pensé que la secuencia estuviera tan bien construída. Bojack huye de sí mismo sólo para ser miserable y para saber que ha llegado a un punto en que no va a regresar. La crisis, los cambios que se avecinan, las personas a las que ha defraudado, todo tiene consecuencia. 

5. I will always thinking of you / Don't stop dancing. Temporada 4, temporada 6. Si Bojack Horseman trae esta reinterpretación de los viejos hits, en la música original encontramos una carga poderosa. Ambas piezas evocan el dolor y la soledad de los personajes, mediante un acto performativo, el musical es un llanto y un lamento de sus pérdidas, de sus miedos y su estado de vulnerabilidad. La abuela de Bojack canta sobre estar rota y la inolvidable Sarah Lynn, que, a pesar de sentirse como Bojack, jamás hubo una conexión con él. Y eso es lo verdaderamente trágico de dos solitarios. 

Jane Krakowsky (Jacqueline Vorheess en Unbreakable Kimmy Schmidt) y Kristen Schaal (Mabel de Gravity Falls) nos regalan su voz para estas piezas que nos obsesionan, que nos conmueven y nos hacen entender que el sufrimiento puede ser heredado, que es difícil de terminar mientras es en silencio, aunque sea expresado por una canción. 

4. High Above Chicago. Fialta. Temporada 6. Diane conoce a un tipo llamado Guy, que resulta ser un novio que la acepta, la apoya y la quiere. Pero ¿sortearán los obstaculos de su relación? ¿Se quedarán juntos al final? 

La melodía es dulce y melancólica, además el coro nos ayuda a ver es una relación que se construye día con día: aunque los patrones de vuelo, amenacen con destruir nuestro mundo, un día nos volveremos a encontrar. El episodio plantea que hay que seguir nuestra felicidad, cuando llega, llega; pese a que tengamos muchos obstáculos en nuestra contra.  

3. Oh Heart. Tank and the Bangas. Temporada 4. Después de tener un día pésimo, Princess Carolyn, el mejor personaje jamás escrito, habla con Bojack para distraerse un poco: ella cree que en su mente todo saldrá bien y se crea un personaje imaginario que habla de su día a día y la consuela. Bojack le dice que no es real, pero a ella le hace sentir mejor. Esta es una crítica mordaz a todas las creencias que nos llevan al pensamiento mágico y al sesgo optimista. 

Oh Heart es el tema de Princess Carolyn: un alma que espera amar y que no la engañe su corazón, que aunque es maravillosa, no se siente apreciada ni comprendida. Es una mujer que vive segura de sí, pero no se siente suficiente para amar y ser feliz, una mujer que vive etérea en esta bella canción, que nos hace enamorarnos otra vez y creer que hay esperanza. Aunque eso solo sea una creencia que nos hace sentir bien. 

2. Stars. Nina Simone. Temporada 3. Bojack pierde todo, como todos hemos perdido alguna vez, pero él quiere abrazar su naturaleza, sea cual sea y huír; quiere ser libre. Pero la ansiedad y la angustia lo paraliza. Los recuerdos lo persiguen porque falló a quien podría haber sido su amiga, se falló a sí mismo y además, no sabe cómo continuar. Bojack también quiere morir, pero no puede porque está en desesperación. Pero observa a su alrededor y sabe que todo esto pasará, como su fama o como sus malos recuerdos. Este es un pensamiento consolador, porque acepta su destino. 

Stars es una canción que describe la vulnerabilidad, porque relata, mediante la pérdida de la fama, la pérdida de algo más grande: la de la identidad. Una estrella que sabe que se extinguirá su luz y que será vagamente recordada, pero, no recuerdo cuál es el punto de esa historia... 

1. La uno es para el siguiente post. ¿No pensaron que sería tan fácil no? ¡Pero creo que saben cuál es! 

Temporada 6, capítulo final. 

Canciones con filosofía: Como la flor

Mark Twain, uno de mis escritores favoritos, dice que el perdón es el perfume que esparce la rosa sobre el que la pisa. Es una imagen poética y sencilla, como lo es esta canción

Selena ha sido erróneamente calificada como exponente de la cumbia, pero creo que siempre fue algo más. Había poder en sus interpretaciones y sus letras eran sencillas, pero sobre todo honestas. 

Hace poco que perdí a los que creía mis amigos y recuerdo con melancolía que ellos no querían mi amistad. Que tal vez a muchos alegre saber que cada vez confío y salgo con menos gente... que no es la primera vez que siento que pierdo todo, aunque la gente en quién confiaba no era nada en especial. 

Aún no me recupero, mi amor por ellos floreció y creció. Creí que lo cultivaría en el paso de los años, que crecería, que como el Principito, había encontrado mi rosa. 

Tal vez ellos tienen ya otros amigos, para dos de ellos, amigos de los que se aburrirán pronto; las otras dos prefieren a gente que las desaira constantemente y que nunca quiere verlas, aunado a que no se interesan por la gente que piensa diferente de ellas. No las culpo, siempre es difícil aceptar a gente que no te cae del todo bien. 

Yo se que tendrán a otros para reemplazarme, que no les intereso, no es la primera vez que me siento derrotada porque prefieran a la basura (de hecho es más sencillo preferir la basura a la genuina amistad). La película de Yorgos Lanthimos trata de eso: es mejor un amor que nos diga lo que queremos escuchar a uno que de hecho nos trate como somos realmente.

Y lo que es más difícil, es todo el dolor que uno siente: siente que será así para siempre y que no volverá a encontrar a otro amigo jamás. Siente como si le arrancaran el estómago, el corazón, siente que se marchita uno por dentro. 

Acepto que perdí, que los perdí y que ya no iba a aguantar más su negligencia, su gordofobia, el abuso de confianza, su egoísmo. Ellos tampoco pudieron lidiar con mi tristeza ni me apoyaron en mis fracasos. 

Pero no deja de dolerme, porque así es cuando duele el pinche amor, duele más una amistad que todos los imbéciles con los que salí... duele más eso que estar sola, duele mucho ya no tener amigos. Más si te ayudaban, aunque sea con su fingida compañía. 

Eso ya no dio para más y, por un lado, me alegra saberlo. 

Me he marchitado, pero cada que me pisoteen, si están ahí, sepan que les regalo mi perfume. 

Selena murió el 31 de marzo, creo que esta es una gran canción, en especial porque no pretendía serlo. 






sábado, 21 de marzo de 2020

Canciones con filosofía: Adia

Sarah McLachlan se hizo famosa por la canción Angel, tema principal de City of Angels, una dulce canción que habla sobre estar enamorado y en paz. 

También tiene canciones con siginificados ambiguos como Possession, es la voz en inglés de Jessie la Vaquerita en la canción When she loved me. Y su canción I will remember you sale en Los Simpsons cuando Lisa y Bart creen que mataron accidentalmente a Martin. El club audiovisual hace una semblanza de la vida del ñoño y se oye de fondo esta canción. 

Pero hay una canción que no soporto, que me incomoda y que hace que la deteste y a la que van dedicadas estas líneas. 

Adia es una canción de disculpa, si se le puede llamar así. McLachlan se enamoró de la ex pareja de su mejor amiga Adia y compuso este tema para tratar con su dolor y el sentimiento de "sentirse responsable de todo"

McLachlan dice que se sintió muy mal, pero que se enamoró porque: estaba destinado a ser. Dejó de hablar con su mejor amiga al sentir que la traicionaba. Pero pues, ella tomó su decisión

Y es obvio: ¿qué no hay más hombres? ¿qué no sabes que está herida y que no puede defenderse? ¿Alguien pensó en Adia? ¿Alguien se habrá puesto a pensar en su dolor? ¿Sarah extrañará a Adia? 

¿Ellos me extrañarán a mi? 

Pienso en ello cada cuando: mis mejores amigos se fueron y eso me rompe el corazón. Y me torturo pensando en si me extrañan, si alguna vez me quisieron, si yo era un peso muerto y sólo querían olvidarse de mí. El qué hubiera pasado si... nuestra amistad hubiera durado para siempre. 

Pienso en Sarah cuando le escribía esta canción a su amiga: todas las racionalizaciones que tuvo qué hacer para disminuir el daño; todo lo que tuvo que decir para tratar de salvarse; todo las justificaciones que se tuvo que inventar, todo lo que tuvo qué hacer como que reconocía y la ambiguedad de su discurso basura... 

Adia no le importaba después de todo. Y, siempre que piensen que sus amigos los traicionaron, piensen en la mustia de McLachlan. 

Sobra decir que esta canción duele, porque cuando la cantaba tenía una distancia emocional, pero ahora veo, que yo soy Adia y todo es peor ahora. 

Antes de que los bloqueara de mi vida y se fueran para siempre, fue ese mismo discurso el que me aplicaron: todo lo que reconocían de mi, la torre de la que bajaban, cómo, de alguna manera, ellos no eran responsables... cómo trataron, sin éxito, de reconfortarme y toda esa basura. 

Sí, lo había perdido todo... pero eso me dolió en el alma. 

De repente, mis sueños se habían convertido en el peor de los futuros posibles: todos eran pedazos de un sueño roto. Todo se sentía como el fin. No quería aceptarlo, pero no lo pudimos lograr. 

Es el que dice los discursos más amorosos el que no está enamorado. Ellos me bajaron de mi torre, reconocieron mi belleza... Pero no son inocentes, de ninguna manera los perdono. 

Y, si esa canción la escuchan como Adia, por favor, no justifiquen. No pueden cambiar la forma en que nos sentimos. No son inocentes. En esa canción se puede escuchar el sonido de un corazón rompiéndose. 

Tal vez ustedes sean una Adia, de las miles que hay, pero no lo saben. 



Cuando perdí todo

Sobra decir que 2019 fue un año de mierda. Tanto como 2013 cuando empezó mi depresión y más de 2016 cuando me dí cuenta que había sufrido abuso narcisista y se agudizó. 

Me vi sin amigos, sin trabajo, sin algún interés amoroso. Sin nada en especial, sin proyectos, sin amigos, sola, sin nada qué hacer. Todos mis miedos se hicieron realidad. 

Me humillaron, me dejaron sola. Me tuve lástima y sentí otra vez esa sensación peculiar, ya conocida, de apabullante fracaso. De repente estaba ahí, saliendo del cine y pensando: ¿qué voy a hacer? ¿Qué va a pasar? Otra vez habían ganado, la gente narcisista, floja e inepta. Nuevamente, mi tristeza estaba ahí para acompañarme.

Como todas las historias tragicómicas todo empieza con una boda. Una supuesta amiga me invitó. Y la esperanza empezó a brillar para mi. 

Mi familia empezó a refunfuñar y volver todo un cuento de moralidad para mi: que debía cuidarme, que debía comenzar mi vida bajando de peso, hacer todo lo que no hice. Tal vez, arreglarme para el gran día. 

Tenía dinero, una aterradora tranquilidad, amigos. No me sentía mal pero tampoco bien. Había aceptado mi vida en un trabajo estúpido y sin sentido. Hasta tenía a alguien con ir a lo de la boda. 

Poco a poco, todo se fue cayendo... a veces de un solo golpe y luego en pedazos. 

También, lo que más me dolió fue que mi familiar empeoró. Y toda la seguridad que tenía, se derrumbó. Como se han derrumbado todas las seguridades que he tenido. 

Y mi ex amigo, en vez de portarse comprensivo, empezó a tratarme como estúpida: justificando a los malos, a los médicos que dejaron morir a mi familia. Culpándome de no haberla tratado bien, haciéndome creer que yo era una falsa, torciendo cada una de mis palabras para salirse con la suya. Pero no, no esta vez. Jamás 

Algo dentro de mi se rompió, como si ya no pudiera arreglarse. No sólo fue él... la amiga de la boda, me había pedido dinero, mucho, para los recuerdos de su boda. Casi me exigió que le depositara. Cuando murió mi familiar, sólo alcanzó a decir: -"Puedes venir a la boda, ¿al menos eso puedes hacer?".

Ya sólo faltaba otra amiga, siempre inexistente. Creí que habíamos conectado, pero no fue así. Creí que las cosas estarían bien, pero de repente, de un jalón, se fueron los tres. 

Terminé de escuchar una canción, con esa canción terminé nuestra amistad. No dije nada, sólo que lo iba a extrañar a él, sólo a él. Pero era mentira. 

De repente todas las humillaciones se las reclamé, de él, de su madre que siempre me detestó. El haber sido su mandadera, como mi mamá me reclamó... El pasar tantos años sin que él me hiciera sentir querida. 

Y mi ex amigo me dijo que sólo quería hacerme la víctima... tal vez tiene razón. Pero me rompe el corazón que lo dijera, así nada más. No es la primera vez que alguien me rompe diciéndome cosas que no debería escuchar, pero sigue doliendo como esa vez, antes de conocerle. 

Una supuesta amiga, también me dio la espalda, resulta que era gordofóbica y en el fondo, yo no le agradaba. No le agrada a muchos tampoco, así que, ¿por qué esperar a que me ataque de nuevo?

Se fue el tipo calvo, de repente vi que era más viejo de lo que decía ser y mi ira estalló, contra él y contra mí por haberle creído. Cuando me asaltaron, la única razón para recuperar mi número fue él. Él me dedicó la única canción que me ha conmovido. Ahora sólo es estática, ruido de fondo. Odio esa canción tanto como lo odio a él. 

Las heridas se abrieron otra vez. Era una sensación desde el estómago hasta la cabeza, me cubría de nuevo el fracaso. Lo había perdido todo. 

No es la primera vez... por desgracia. Me pasó en la infancia y me pasaría a futuro. A esa niña interior que perdí y que no he protegido, un abrazo. 

Y ahora, una canción que habla más de este tema. 


viernes, 21 de febrero de 2020

La Efectiva

Karla era una mujer efectiva, lo que sea que esto signifique. Su nombre de hecho no importa, vamos a llamarle La Efectiva. 

Siempre se levantaba muy temprano y se arreglaba, se ponía sus pantalones negros y su blusa, era recepcionista de un hotel. Sus dos fieles escuderos, eran los policías que vigilaban el hotel. Bueno, escuderos no, eran mandaderos y estaban ahí para darle información a La Efectiva. 

Uno de esos policías sabía todo lo del hotel y eso complacía a La efectiva de sobremanera. Tenían mucha química, tanta, que a veces ella sobrepasaba los límites: lo insultaba, de pendejo no lo bajaba, pero él, como su perro fiel y faldero, sólo conocía la lealtad y favores de La efectiva, vaya que tenía suerte, porque la recomendaba a cada rato. 

El otro a cada rato la exponía: cuídate de La efectiva, que no sepa que vendes, que hace muchas transas y te va a robar clientes. Poco después, me enteré que él policía chismoso estaba resentido con La efectiva, era un envidioso y un férreo detractor de lo que hacía. 

Era muy fácil saber por qué La Efectiva era La Efectiva se adelantaba a las necesidades de los clientes, se pavoneaba con su fingida amabilidad. Hablaba inglés sin hablarlo (a todo decía que Yes y que two streets).  Hacía malabares con el dinero y con las cuentas. Tenía ojos en la espalda; estaba al pendiente de todo (por metiche, no por genuino interés), "ayudaba" a sus compañeros y les recordaba ser sociable, aunque ella sólo lo pretendiera... 

Sacaba gente, le gritaba a todos el precio, pendejeaba a todos. 

Era de esas mujeres cuya voz se escuchaba en toda la recepción, de esas personas a las que todos veían y nadie se quería meter con ella. Muy popular, pero no precisamente por cosas buenas. Todos conocemos una Efectiva como ella. 

La Efectiva tenía dos hijos qué mantener. Muchos se burlaban porque era otra madre soltera, otros más, porque el padre de esos niños no le correspondió. Las mismas burlas en público ella las recibía en privado, en un ambiente de la más desoladora antipatía.  

No hace mucho que tiene dos trabajos: para comprarles cosas a los niños que trata con negligencia, para ayudar en casa y creer que pasará algo. De esa situación se burlan a sus espaldas, pero no me extraña de esos machitos de hotel que se dedican a criticar a lo que respira. 

Todos querían que se fuera, porque servía en tanto les siriviera, como muchas Efectivas que conocemos. Como tantas que hay en cualquier trabajo. 

El policía chismoso siempre la quería afuera, nunca le pregunté por qué, pero más adelante tendría una respuesta. Un hombre mayor que me pretendía siempre decía: -El poli se queja de lo que La Efectiva hace, porque él le ayudaba a hacerlo: las transas, los fraudes, los tejes y manejes con el dinero. Por eso quiere que la quiten- replicaba. Pero mejor se fue él porque el hotel era muy grande para su ego. 

Muchos policías de ahí le decían: Poli, ¿es cierto que eres un muerto de hambre? A lo que él se tragaba su orgullo y contestaba como estúpido, ya era tarde, ya lo habían ridiculizado. No podía hacer nada, porque era la ley del más fuerte. 

Otro más, un chico cristiano, quería que se fuera porque La Efectiva fingió creer en el Dios que tanto predicaba. Un Dios que guarda silencio cuando se trata de injusticias, pero cuyos caminos son misteriosos para nosotros. 

Las otras, las que limpiaban y sacudían el hotel, las recepcionistas que se irían dentro de un año o dentro de seis meses porque ya tenían quién las mantuviera, sólo querían que les dejara de decir lo pendejas que eran. Jamás le decían nada, porque La Efectiva supongo estaba solapada por alguien. 

El chico cristiano me platicó un día que La Efectiva había perdido sus comisiones después de hacer sus fraudes y movidas. Las que sabía el policía, las que sabían los otros del hotel, las que nadie denunció, sólo él, que nunca pudo ganarle porque consiguió otra cosa mejor. Cuando vendía perfumes, La Efectiva se burlaba de él como si no tuviera dignidad. Concuerdo con el cristiano al decir que era una perra. Jamás esperé empatía de alguien narcisista, jamás sabré por qué tal ensañamiento con un cristiano. 

Al no empatizar la con La Efectiva, un día se burló de mi y no reaccioné. Otro día hizo un comentario sobre un familiar mío, que falleció. Siempre buscando mi reacción, atisbó a decir que ella justificaba al chico cristiano, pero sólo se burló de su temperamento y sus creencias. Sobra decir que evidenció que era crédulo, pero no por ello estúpido. 

Yo la miré con desconcierto: nunca jamás ha justificado a nadie, sólo piensa en ella. Trabaja con quien falsamente cree competencia, grita, es prepotente, pero no es dueña del hotel. Como tantas Efectivas, tiene un gran complejo de jefa, porque nunca llegará ahí. Quiere quitar todo, porque no tienen nada. 

El gerente, otro más interesado en correr a La Efectiva, la tenía trabajando ahí por recomendación de su mamá. Que se quedara en el hotel pero sin mayor sueldo. Que capacite a los otros, que vea las reseñas, que haga y diga, que se la pase pendejeando a todos. Que sea hipócrita con todos. Que siga en el mismo lugar. Que haga el trabajo que otros no quieren hacer. 

Cinco años en el mismo lugar. 

Cuando me fui de ese negocio, no estaba ella ni su esbirro policía, aquel que fue su mandadero, a veces objeto de humillaciones y en algún tiempo atrás, su amante. Ella, La Efectiva, habló mal de mí y de mi desempeño porque en sus reglas no escritas, decidió que no le caía bien. Habló con el cara de perro para que me quitaran de ahí. 

Cierto día, ese cara de perro me comparó con ella y le dije que la contratara. De ahí salió su mote: -Si... pero es Efectiva, asestó el ingrato después de que le llevara la comida a él y su horrible familia de fracasados. 

Si señor cara de perro: yo quiero que la contrate porque es una Efectiva que desde hace cinco años no ha progresado en nada. Que trabaja más para ganar menos, que tiene que mantener a su familia y aún así, nadie le dará una mejor oportunidad, no va a mejorar. No fue por el dinero que transó, no fue por lo que hizo, no fue por las cosas tan horribles que decía de todos: fue por ella. 

Una efectiva que no sube de puesto, que hace todo y que nadie le agradece (usted tampoco), que aunque le llene el hostal va a encontrar que tendrá los mismos abusos de confianza, que maltratará a otros que no considera a su nivel, que le hará ver su suerte. 

Y, si, yo quisiera ser esa Efectiva, la que finge, la que cree tener el poder. Por un rato la mentira se vuelve verdad, pero después se cambia para ir al otro trabajo, a uno de menor rango. Como el perfumero, como se refería despectivamente al cristiano, tiene que vestirse de pizzera, hacer de todo porque la oportunidad que tenía se le fue de las manos. Pero al igual que todo lo que ha hecho, no le importa. 

Esa efectiva, que tiene dos trabajos, pero que en ninguno se le respeta. No hay reto, no hay nada, sólo el frío del hotel tan decadente y el calor del horno de las pizzas. 

jueves, 6 de febrero de 2020

Muy pocos huevos

Antonio compró una casita para sus hijitos, unos engendros que sólo hacían ruido y daban molestias. Como papá consentidor que era, adquirió nuevos juguetes para que los monstruitos no lo estuvieran chingando. 

La mamá de los niños estuvo de acuerdo, como trabajaba con niños y se creía educadora, pensó que los comprendía: de inmediato compró unas cortinas y toda clase de chucherías para que pudieran meter en la casita y así entretenerse; pero esas cosas, como con sus propios hijos, no eran las que necesitaba la casita, sino las que podían comprar. 

Porque esa casita no fue su primera opción: había otras mucho mejores, menos céntricas, pero que no necesitaban tanto mantenimiento como la casita que compraron. La casita que compraron fue porque estarían cerca de la gente que la admiraría, así podrían ganar dinero y tener a los engendros ocupados. 

No obstante, a la casita le faltaban muchas cosas: había goteras por el desgaste de las tuberías, un día gotearon orines y después se pudrió la pared. Y esa era la habitación que mejor estaba, su carta fuerte. 

De las otras habitaciones no servían las puertas, estaban polvosas y a veces entraba mucha luz porque doña Cortinas no había puesto las cortinas bien: en donde cegaba la luz, ni siquiera tenía un cortinero porque confiaba en una ventana. Pero eso si, religiosamente creía que hacía algo poniéndolas. Era obsesiva pero no por eso inteligente.  

Los baños eran insuficientes: se inundaba a cada rato, se tapaba el caño, porque Antonio no exigió una pendiente, aunado a que no eran baños para un tercer piso, no salía el agua caliente o salía muy poca, pero eso no les importaba, porque eso era trabajo extra para el flojo y soberbio patriarca. 

Así, llenaron la casita de todo tipo inútiles porquerías: objetos que no iban acorde con ella, pero que eran para que no se notara la pobreza, gente que no trabajaba pero aún así les cobraba, gente que hacía lo mismo dos veces y además mal hecho... 

Antonio ponía todos los huevos que tenía en una sola canasta, pero a veces, como le gustaba sacar dinero y aprovecharse de las personas, vendía paquetes con las porquerías que él creía que se venderían, cuando lo que necesitaba era hacer las cosas bien. 

Pero nunca lo hacía, siempre que le ayudaba alguien lo comparaba, decía lo mucho que necesitaba de otra persona; prefería a la gente efectiva, de esas que sacan dinero como sea: robando, mintiendo, echando choro porque hay que aprovecharse, hay que sacar para seguir malgastando y además seguir siendo un cretino, porque eso de ser amable no deja, es de pendejos. 

Gente efectiva: de esas que eventualmente le iban a robar y como don imbécil creía que entraba dinero, pues no veía lo horribles que eran.  

La cocina no funcionaba y además no estaba bien equipada, el refrigerador era saqueado a cada rato. Olía a frutas echadas a perder, porque, como no sabían comprar, era muy fácil encontrar sandías, papayas, piñas gigantescas pero poco aprovechadas, porque a los trabajadores que mantenían la casita, no las comían. 

Cierto día, tenían que preparar un desayuno para un grupo, de esos que sólo por pagar creen que tienen derecho de hacer lo que quieran. Antonio estaba claramente harto, porque nunca había trabajado en su vida, tenía qué servir ahora y no pudo soportar esa ira de rebajarse. 

Pusieron la fruta, los cereales, panes, mermeladas, café y huevo, casi un platón para cada mesa. Todo era una ceremonia en donde los huevos que tenían eran los protagonistas. 

Esos huevos se acabaron: tres personas bastaron para acabarse el platón entero. Medio paquete de panes que se llevaron para el camino, algunas frutas, si; tal vez café, pero el huevo se acabó inmediatamente

¿Qué fue lo que hizo Antonio? ¿Acaso pensó en racionar su canasta y en cerrar la cocina? ¡Pero por supuesto que no! ¡Si entre más remendaba, más pobre se sentía! Antonio buscó su canasta y le dio a la cocinera más huevos, siempre más, nunca la medida que él propuso. 

Podría decir que Antonio aprendió de sus errores, pero no... quería comprar más: abrir de par en par la cocina. Decidió alimentar a vagos para que no se sintiera que escaseaban las cosas. Siempre más y más, pero nunca reservar una canasta. 

Había gente que se servía mucho más, que comía demasiado y lo peor, culpaba a otros de que no había comida suficiente. Hora y media comiendo, un exceso de panes con huevo, mantequilla y salsa valentina. Y la muerta de hambre todavía quería que pusieran una bufetera. No cabe duda que no se puede evitar ser codicioso cuando hay confusión de gente pendeja. 

Y también hubo gente que estaba ahí porque fracasó en algo en su vida. Para ellos a veces había y a veces no. Rara vez todo era parejo, en parte porque no sabían hacerlo, ni contarlo, ni les interesaba. Ni tenían a la gente adecuada, más bien tenían a la gente que se merecían. 

Siempre fue una mezcla de fracasados que no sabían qué hacer de su vida y nacas y nacos llenos de resentimiento o de gente que no sabía ni qué hacía allí. Sinceramente, esa casita estaba destinada al fracaso. 

Una de las dueñas de la casita le ordenaba: ¡COMPRA UN PLÁSTICO, PARA QUE NADIE SE ACERQUE! ¡PARA QUE NADIE VEA MI CASITA!, a la vez que veía con desdén a los que la construyeron y a los que ayudaban a limpiar su casita, ya que la pequeña tirana nunca lo hacía. Era como Lord Farquaad y no sólo en su corte de cabello. 

Siempre lo intentó demasiado, creyendo que por tener a alguien que  hiciera el trabajo por ella no se tendría que preocupar. Pero es un gran error cuando ni siquiera sabes qué es lo que estás haciendo. Y culpas a los demás. 

Culpar a alguien más, siempre es más sencillo que hablarlo cara a cara, siempre es más sencillo hacer tretas, fingir que estás del lado del justo, pero sólo lo usas para tapar tus cagadas, hacer chingaderas a espaldas del otro, pero hacerte la mustia cuando lo ves. 

Lord Farquaad exigía, pero nunca daba la cara: exigía que los que le habían ayudado a establecer su casita se largaran, que no hicieran ruido, que ni se aparecieran pero nunca lo hablaba con quien estaba a cargo, actuaba a espaldas de la gente que le ayudó y puedo asegurar que inventaba cosas sobre ellos, sobre la gente que ayudaba a que fuera prepotente y soberbia. 

Costó un huevo más e iba para la canasta equivocada. 

Había otra lady que dizque trabajaba ahí, siempre se quejaba de que tenía que hacer su trabajo, pero nunca lo hacía por venir de metiche sólo a estorbar, a gritar y humillar: siempre interrumpía en el trabajo y después quería comprar perdones e indulgencias, tiraba la piedra y escondía la mano. Siempre dando la nota, sintiéndose que el mundo no la merecía, pero lo único que daba era cringe. Se sentía de la realeza. Parte porque de chiquita no le dieron sus chingadazos y nunca le dijeron que no. 

Nunca tuvieron cara para hablar de frente, mandaban a Antonio a ensuciarse las manos, pero obviamente, sólo fracasaba porque, al igual que ellas, nunca tuvo agallas, nunca supo lo que estaba haciendo, sólo pretendía que sabía. 

Eran diecinueve huevones, a veces veinte; dos huevos para cada uno, dos huevos que no rendían y que sólo eran una fuga de dinero. 

Al final, era evidente que Antonio tenía muy pocos huevos. 

martes, 31 de diciembre de 2019

La ira feminista

Durante muchos años sentía problemas de ira. Ahora sólo tengo un amargo pesimismo. Dicen que me falta pasión, que soy una pocos huevos, pero pues, chido. 

Alain de Botton dice que para curar el enojo y la ira que viene de acumularlo, es mejor ser pesimista: ¿Para qué me molesto? ¡Si este guey es un pendejo bien hecho! ¿Para qué me enojo? ¡Si sigue siendo un muerto de hambre aunque me asalte y me amenace! ¿Para qué entrar en ese juego? ¡Si esta bruja narcisista es igual de patética que yo! 

Estuve ante un desfile de jefes pendejos, de idiotas narcisistas, siempre en un eterno bucle de mediocridad, de apatia, de intolerancia, con su estúpida creencia de que ellos sabían todo y que tu, por antonomasia no eras nada, que podían prescindir de ti y que sólo estabas para hacer el trabajo pesado. 

Todos dicen lo mismo, una y otra vez, estoy cansada de este cuento: No te calles, alza la voz, la justicia actúa, hay que hablar... Ya he pasado por todo esto y sólo obtuve que me ridiculizaran, que defendieran al agresor y que, esto es increíble: si la agresión no era lo suficientemente fuerte no la publicarían siquiera. Así como lo leen. 

Escuché la canción de La culpa no era mía, bueno, una pieza performática en donde las mujeres se empoderan y pues, estuvo bien, creo. Vi el performance en México, en Chile, en España, nunca vi algo que fuera tan unívoco, tan poderoso: estamos enojadas, sin importar la agresión que sea, seremos escuchadas y además van a salir a la luz todos estos abusos, el acoso, todo lo que pensamos. 

Al día siguiente vi el mismo performance, pero estaba sobrepuesta la canción de El Norteño, la que trata de que se la chupe su sirvienta. 

Y después vi el video con la versión remix, sobre un ritmo de regueaton, de perreo, para bailar, para diversión y beneplácito de esta corte. Vi el video en donde se burlan de las mujeres y les gritan: ¡Mejor vayan a hacer la cena! Vi el video en donde ya no son las mujeres haciendo el performance, sino chicas en yoga pants con movimientos sensuales de twerking. 

Y vi, finalmente, el video de los jugadores del América, en donde se reían y gozaban con la canción. Ellos asimilaron el ambiente y el clima propicio para la injusticia con la mujer. ¿Serán víctimas también? ¿Sabrán lo que está pasando?

Una imagen de lo sagrado hace que lo sagrado se trivialice, nuestra seguridad, nuestro empoderamiento, nuestra integridad, todo esto se trivializó... quizá empezó por las buenas intenciones, por molestar, porque nada se toma en serio en este mundo tan serio... quizá es por la necedad de que nos hagamos escuchar. Quizá la dominación será televizada. 

Ese día no sólo se trivializó el hecho de ser mujer, sino el hecho de sentirme cómoda en mi propia piel. 

Sobra decir que fue un año pésimo.