jueves, 4 de mayo de 2023

Mi vida después de Better Call Saul

Better Call Saul fue una de las mejores series que vi en mi vida, no era por el gran Bob Odenkirk, no era por Giancarlo Esposito, Jonathan Banks, Rhea Seahorn o Michael Mando, no era porque fue una serie diferente de abogados, ni fue porque logró engancharme desde que vi a Saul en Breaking Bad. 

Better Call Saul viene de una parte de mí que es oscura, que no tuvo un arco de redención. 

Yo era como Slippin' Jimmy y, por ciertas acciones, me iba a convertir en Saul. 

Empecé mintiendo con cosas pequeñas, porque me daba vergüenza no poder defenderme de mis bullies: hoy no me dijeron nada, hoy no tengo nada, hoy otra persona me habló. Pero por dentro me sentía igual, por dentro estaba muy triste. 

Luego empecé a ver que me iba mejor con las mentiras: me daban protección, reconocimiento, integridad, incluso credibilidad. Al igual que Jimmy, era parte de un sistema que estaba corrompido, en el cual no estaba permitido decir la verdad. 

Recuerdo mis experiencias con la verdad y nunca fueron buenas: me regañaban por decir la verdad, por querer estar sola, por escapar de un entorno que estaba lleno de violencia, por inventar pequeñas mentiras en donde mi vida era mejor. Era preferible leer libros de fantasía, de ciencia ficción, de moneros mexicanos que aún quiero, esto me salvó de mi existencia. 

Luego vi The Invention of Lying del gran Ricky Gervais y fue maravilloso: el ateísmo fue mi grito de guerra cuando me hablaban de religión, de las mentiras que creían todos para seguir adelante. Yo era una persona sin Dios, pero que se hundía en la tristeza y en la falta de sentido.

Hoy en día, gracias al episodio Ruthie de Bojack Horseman, supe que esas mentiras son una forma de tener compasión por uno mismo, que nos reconfortan y que depende de qué mentira decimos si somos íntegros o no. 

Con Gervais observé que se tiene éxito con la mentira, también prestigio, pero, también habrá situaciones en las que, simplemente no puedes mentir. Por otro lado, Raphael Bob Waksberg me mostró que no se miente por ser cínico, sino que se necesita creer en algo que nos ayude a continuar. No necesariamente es la religión: podemos creer ciegamente en el futuro, en el amor, en una relación que nos salvará o en algo que nos mantiene a flote. 

Justificaba mis mentiras con esto. Antes de caer en depresión por un duelo prolongado, creía que estaba haciendo algo bien, algo necesario, que, si podía creer de alguna forma la mentira, entonces podría actuarla bien. 

Parte de que se actúe bien la mentira es que haya un elementos como la plausibilidad, un cabo suelto que no sea importante, ciertos detalles que confirmen nuestra historia. Y si hay preguntas, hacer una versión accesoria. 

Llegué a funcionar con las mentiras, pero una vez le mentí a una jefa que tenía sobre algo que dije que hice, pero por desgracia, su esbirra me espiaba y se dedicó a decir todo lo que hacía y no hacía. La esbirra inventaba toda clase de rumores sobre mi, pero era su proyección y su ira narcisista: inventó que le tenía envidia y luego inventaba que decía groserías, que hacía cosas que no debía. Yo la confronté porque no tenía ventaja y estaba triangulando, pero esto la hizo una perra aún más vengativa. 

Luego pasó un tiempo me deprimí: una persona más ignorante y más mentirosa me había vencido, no podía creer que eso me hubiera pasado a mi. Me dio en mi ego y en mi confianza. Ya después me enteré que la corrieron de peor manera: porque decidió ser una mandadera, en vez de la nada que era. 

Al final todos enfrentan su verdad: ser usado para hacerme daño, porque no podían por ellos mismos. 

Cierto día supe que mi depresión era porque no me decía la verdad: mi cerebro hacía malabares para decir que todo estaba bien, pero en realidad no era así. Me sentía derrotada por quienes me habían lastimado, sentía que tenían razón, sentía que sería así toda la vida y que me iba a quedar sola. Lo que antes me daba esperanza ahora era una mentira. 

Ya viene lo de mi vida después de la serie, lo prometo. 

Hubo un día en que me dije una verdad y no me dolió, porque no me pasó nada: mi papá nunca me vio como hija, no le importaba un carajo. Y estuvo bien, porque sentí que me quitaba de un peso de encima. Por muchos años creía que era yo, pero esto fue solo para protegerme de esta verdad, que ahora parecía inofensiva. 

Y, en cierta ocasión recuerdo que iba en el metrobús, no podía ocultar mi vergüenza de no estar bien en la escuela por quién sabe cuál vez... Entonces, empecé a pensar una mentira: Voy a decir que el metro se había detenido, voy a inventar una tragedia, luego voy a decir que tenía que hacer algo que olvidé o que tenía muchos pendientes, luego tengo que ingeniármelas para decir que tuve problema para hacerlo... luego... luego es que me siento muy cansada. Que la verdad, es que no puedo, porque lo que pasa es que no me siento cómoda en la escuela, por eso me salgo, por eso huyo. 

Empecé a preguntarme algo que decía el maestro Gerardo de la Fuente: y si, ¿mejor les digo la verdad? Es mucho más sencillo. 

Antes de eso, tuve dos conversaciones con personas que yo quería y respetaba: la primera fue con una amiga que me dio una gran lección: O aprendes a mentir bien, o no mientas. Sinceramente, esto no me lo esperaba porque no pensé que pudiera tener este cinismo, pero fue la forma en que ella me demostró su preocupación por mi. 

Otro maestro, al cual siempre admiré desde que lo conocí, me dijo que en ese asunto de mentir debía ser muy cuidadosa porque, podría ocurrir que mi salud mental se viera comprometida. Hay personas que enloquecen, que se vuelven un monstruo por sus propias mentiras. 

Hasta la fecha, no he podido agradecerle a ese maestro el haberme salvado de mí misma. No me había detenido a pensar en esto, pero me asusté mucho. Ya lo había dicho George Harrison: la gente que gana el mundo pero pierde su alma. 

Luego llegó lo que le llega a todo Jimmy: un Chuck McGill. 

Cuando ocurrió el problema, se iba a estrenar la quinta temporada de Breaking Bad. La serie de Vince Gilligan fue el sueño húmedo de cualquier filósofo: un profesor, aparentemente bueno, que usa sus conocimientos de química para hacer metafentamina y que termina por convertirse en Heisenberg, el narcotraficante más buscado. 

La serie tenía personajes memorables, como Jessie, Mike, Hank y Gus Fring, pero uno de ellos, uno que se robó mi corazón, fue el abogado de medio pelo llamado Saul Goodman. Un abogado sinvergüenza que se vale de todas las estrategias para ganar un caso. 

Saul se ganó los corazones de muchas personas, por lo que una serie de sus inicio, sonó como una extensión de Breaking Bad. Qué bueno que no lo fue. 

Tuvimos un problema personal, que él volvió académico. Él sabía que yo me sentía mal y que me sentía devastada. Le mentí sobre algo personal porque tenía vergüenza, no como la vergüenza que había sentido antes, era esa vergüenza de haber caído tan bajo por alguien que no lo merecía, por un estúpido. Empecé a pensar que no tenía remedio y así fue. 

Cuando descubrió la mentira me condenó injustamente por más cosas: cosas que no había hecho y cosas que supuestamente su amiga le dijo que le había hecho. La amiga siempre fue víctima, hasta de mi, cuando ni siquiera sabía desde cuando tenía una relación abusiva. 

Además de esa culpa, soporté sus groserías: nunca quiso atenderme, ni escucharme, cuando yo tenía que exponer, me saltaba, así fuera algo académico o personal. Cuando le dije que era autodidacta, fue el mejor recurso que tuvo para evitarme. No lo culpo, tal vez yo hubiera hecho lo mismo. 

Tenía colegas que me juzgaban igual y a los que no les caía bien: siempre me vieron hacia abajo, aún cuando no habían logrado nada. Otros esbirros que se juntaban a hablar de mi. Uno de esos quería que no me dejaran entrar al Instituto. 

Fue entonces que me dijo que yo necesitaba ser muy inteligente para mantener tantas mentiras, poco faltó para que me dijera que la lógica era sagrada y que hacer mi tesis sería peor que un mono con una metralleta. 

Él, que se creía Heisenberg con esas jugarretas, que creía que era el peligro y que era el que dirigía su operación. Pero la realidad es, que era como Chuck: rígido, poco valorado y opacado por personas que él creía una amenaza. 

Al igual que yo, también tuvo muchos problemas para aceptar que él decía mentiras, que, en algunos casos estuvo bien y se sintió bien; que usó a algunos esbirros y lo correcto que era para bloquearme. Nunca fue honesto conmigo, pero yo sabía qué era lo que en realidad pensaba y que quería que me largara de ahí. Yo nunca le agradé, nuestra amistad se extinguió como el fuego de un candil.

Yo nunca me vi en el universo de Breaking Bad, pero ver a Jimmy, Saul Goodman me hizo recordar todas esas cosas que yo hacía: la sensación de poder que era salirme con la mía. Era cuando yo trabajaba para mi, yo estaba de mi lado y buscaba entender una situación para poder mentir, engañar, urdir, irme de más. Esto era lo que me decía mi familia. 

De mentir por vergüenza pasé a mentir para conseguir lo que yo quería. Me sentía mal de que me descubrieran, pero no de haber mentido, porque si yo era una extraña en mi entorno, los que vivían conmigo eran extraños para mi. 

Fue otra vez la libertad, el buscar cabos sueltos e historias creíbles: la mentira era algo adictivo y era algo que funcionaba. Mi vida era mucho mejor así: me sentía más segura, me sentía mejor conmigo misma, incluso logré conquistar a hombres que me gustaban con cambiar muchas partes de la historia. 

Pero siempre se quedó el resentimiento de mi familia, por haberles mentido. Personas que me juzgaron como un criminal y personas a las que no les dije la verdad porque eso las hubiera alejado más rápido de mi. 

Hasta la fecha, aunque he demostrado que no hago nada y que soy buena persona, mi familia me repite constantemente que urdo, que me voy demás o que les veo la cara; cuando, muchas veces no se ni a dónde ir. 

Yo veía a Jimmy y también me sentía así: en lo bueno y en lo malo. Tenía a pocas personas que creyeran en mi, las que creían en mi sabían que yo era mentirosa, otras me dijeron que el mentiroso cree que otros le mienten igual que él, eso no lo vi venir porque me vi envuelta en muchos ataques. 

También era Jimmy en mi complejo de inferioridad, en creer que de esta forma conseguía algo... Otros me veían desde arriba y yo sólo podía seguir urdiendo y seguir haciendo que las cosas pasaran, porque nadie estaba de mi lado. Justificaba esa parte de mi porque me convenía. 

Cuando Jimmy le dice a la chica el discurso de Se lleva todo el ganador, él se ve reflejado en el parabrisas del coche mientras le habla a la muchacha. Así era yo: quería una oportunidad de demostrarles con quien se habían metido. Ellos me veían así, pero yo me sentía y me creía más.

Tuve amigos con los que podía mentir y enseñarles a no dejar cabos sueltos, desaparecer evidencia, hacer creíble tu historia, usar la plausibilidad y la probabilidad, hacer elaborados esquemas para no tener consecuencias. Esos amigos me dejaron atrás y no fueron felices conmigo. De hecho, tres de ellos me mintieron sobre que yo les caía bien. 

Sin embargo, el haber vivido de apariencias y mentiras me hizo una persona más retraída, me sentía culpable y paranoica todo el tiempo. Aunque el urdir me hacía acercarme a mi naturaleza y le daba color a mi vida, todo era blanco o negro, no había posibilidad de mediación. 

No me siento orgullosa de haber mentido, porque critico a muchos que no son como yo y también los veo desde otra perspectiva, pero pude entender muchas ideas de la gente: como que le es más fácil atacar al otro en vez de enfrentar lo que es, que enmascara su deseo en vez de enfrentarlo, que finge que todos la envidian porque no es nada. 

Esos mecanismos de defensa me hicieron analizar mejor la maldad y la mediocridad de otras personas. Y también me gustaba leerlos en Saúl, que había tocado fondo pero seguía mintiendo, urdiendo, haciendo esquemas complicados. 

Dos de mis episodios favoritos eran Nippy, de la temporada 5 y Coushatta de la temporada 4. En este último se observan todas las mentiras de Saul (y de Kim) para no dejar cabos sueltos y defender a Huell, uno de los achichincles del abogado. 

Saul paga a la gente para que mienta, porque los convence con mentiras y con el incentivo del dinero, luego hace que los estudiantes que le ayudan también mientan para que no llame la fiscal; luego busca limpiar la imagen de Huell de la manera más absurda, lo hace ver como un santo pero es un bribón como él. 

Con Nippy es cuando Saul vuelve a las andadas y hace un complicado esquema para robar una tienda de ropa: pide a dos taxistas que lo ayuden a urdir el robo, usa la materia prima del negocio donde trabaja, usa el soborno, intenta acercarse a la gente que lo intimidó para demostrar que él es más fuerte. Deja de tener miedo porque la mentira lo libera, esto es algo paradójico, pero no es tan difícil de entender. 

Además de la escena del rol de canela, que representó una subida de ventas de Cinabonn, la escena siguiente es donde Jimmy, Saul y ahora Jim Takovic se confiesa, pero es para poder continuar con su mentira. 

Ante la posibilidad de que algo salga mal, Jim se abre con el policía y le dice que no tiene familia, no tiene esposa y no tiene a nadie. Jim se sabe solo y empieza a llorar, pero esta actuación, que es otra cortina de humo, viene de la verdad. 

Y es donde la mentira empieza a ser peligrosa: Jim sabe que sigue mintiendo y que no puede dejar de hacerlo y, para que funcione su mentira, debe empezar a coquetear con la verdad; debe mostrar vulnerabilidad para poder abusar. 

Jim, al igual que yo, es muy inteligente porque sabe controlar muchas mentiras, tanto que lo acercan a la verdad que no acepta. 

Fue ahí en donde yo me vi sola: he sobornado a gente con cosas dulces para que hablen conmigo y para que me quieran, me he juntado con gente que no me conviene para poder decir que soy mejor que ellos, creo saber todo y eso me aleja de otros. No tengo muchos amigos, me siento alejada de mi familia. 

Cristian Gutiérrez pasó de ser mi maestro a una persona non grata. Aunque yo perjudiqué a sus amigos, él decidió cobrarse con algo académico. Habló de mi con sus colegas, con los cuales, yo también tuve problemas. 

No debí confiar en Daniel González García, profesor de la fes Acatlán que abusa psicológicamente de sus parejas y alumnas. Al hablar con él, cavé mi tumba o creo que aceleré mi final. Es posible que esto nunca se vaya a arreglar. 

Y es que no tenemos una máquina del tiempo que haga que todo lo que dijimos sea verdad o que nuestras mentiras no tengan consecuencias. No podemos creer que si estuvimos con gente que no nos quería algo iba a salir bien. No podemos volver al pasado y arreglarlo todo, por más que nos engañemos. 

Yo se que se lleva todo el ganador y que una mentira puede hacer mucho daño si nunca se sale de un espiral de corrupción. Pero siempre quedan los recuerdos de quien confió en nosotros, de quien nos ayudó cuando no estábamos en nuestro mejor momento, de quien nos consoló cuando nos pusieron un espejo y nos señalaron. 

Si Vince Gilligan me puso ese espejo y me mostró cosas que tenía de Jimmy, siempre hubo aquellos amigos con los que me divertí, con quienes no salió bien lo que urdimos, siempre tuve mi apariencia para que no creyeran que yo mentía y la astucia para que no me preguntaran más. Supe tomar la medida y el mundo también tomó la mía. 

Y siempre tuve el apoyo de los que creían en mi, a pesar de haber sido como Jimmy, a aquellos que no fueron conmigo como Chuck, porque las heridas y las frases que más hieren son las que nos dicen quienes creímos nuestros amigos, de quienes sólo queríamos su respeto y reconocimiento. De culeros, de ojetes y de pendejos, lo podemos aceptar, pero de ellos no, porque el pinche amor siempre duele más. 

Las mentiras, igual que los argumentos se caen: tienen cabos sueltos y una premisa que es débil, son útiles en algunos casos, pero también generan mucha violencia si no se saben hacer. El creer esto no es de un criminal que piensa como lógico: viene de haber sufrido muchas injusticias y de que todo se lo llevara un ganador. 

Hasta siempre Jimmy, Better Call Saul. 

jueves, 9 de febrero de 2023

Mi vida a través de Burt Bacharach

Conocí a Burt Bacharach gracias a Mike Myers: de los soundtracks de Austin Powers, la 1 y la 2, conocí I'll never fall in love again y What the world needs now is love. Mi mundo cambió a partir de conocer su gran genio musical. 

Con What the world need now is love, me pareció escuchar de lo que se trataba el amor, de cómo suena estar enamorado y de vivir al máximo esa locura. Soñaba que, cuando encontrara al hombre ideal, aquel que me correspondiera, que fuera para mi, sonaría esta canción o algo similar. Es el vértigo del amor y Bacharach lo hacía majestuoso con cada interpretación. 

Con I'll never fall in love again, juraba tras cada decepción que tampoco me enamoraría. Y fracasaba estrepitosamente, porque no sabía cómo estar sola. Llegué a pensar que era mi culpa, pero empecé a tratar mis creencias sobre el amor y lo que significaba enamorarse. No era lo que yo hacía. 

Lloraba con This guy's in love with you, porque aún sigo creyendo que habrá alguien para mi, alguien que me vea como realmente soy y me acepte. He escuchado a tantas personas presumir de una relación perfecta, pero no la tienen, sólo asumen que es manipular o celar a la otra persona. 

This guy's in love with you, es tan bella con Noel Gallagher como con Herb Alpert: es sentir cómo una persona quiere ser visto y cómo quiere enamorarse, de lo contrario, puede morir. La muerte y el desamor van de la mano: enamorarse es vivir muchas veces, pero también es morir cuando no se es correspondido. Burt Bacharach influenció a Oasis en su obra Definitely maybe. 

Con That's what friends are for, imaginaba cómo serían mis amigos y una amistad que duraría para siempre. Por desgracia o por fortuna, Dios dijo: ahí hay un buen chiste. Ya he contado lo que pasó. 

Poco después, cuando veía Glee, cantaba A house is not a home. Así cantaba a la ausencia, al dolor de no ser amada y de no tener un hogar, una casa a donde acudir y ser comprendida. 

Pero la canción que más me rompía el corazón era de la One less bell to answer. Bacharach la escribió después de su separación con Angie Dickinson: aunque tenía menos cosas que hacer, menos llamadas que atender, le dolía la ausencia. 

Esa canción se la dediqué a varios pendejos y varios ex amigos ojetes que no querían mi amistad: porque el pinche amor duele porque tienes muchos recuerdos, porque amaste intensamente y experimentaste algo que no habías sentido. Aún con todo, yo siempre fui la que dio lo mejor de mi, supe ser amiga y supe amar a quien no merecía mi cariño. 

I say a little prayer for you la recuerdo con Aretha Franklin, más que con la infame película La boda de mi mejor amigo. Considero que no hay más prueba de amor que rezar por alguien y tenerlo presente desde que empieza tu día. 

No obstante: con God give me strenght vemos a un Burt Bacharach que ruega por el desamor, por quitarse todo ese amor y esos sentimientos que le provocó la persona amada: va del odio al amor, al resentimiento y la venganza. Bacharach puede ser oscuro, pero comprender y tener compasión hacia el amante herido. Con la voz de Elvis Costello, duele más. 

Bacharach era todo, menos un compositor fresa y poco comprometido: el cantaba al amor desde todas sus expresiones. 

No hace mucho, venía escuchando Raindrops keep falling on my head cuando me asaltaron. No debí haberme distraído, pensé que dicha canción era la culpable de mi mala suerte, pero no puedo enojarme con Burt, no con su gran canción, que dice que la adversidad no puede vencerte, ya que la felicidad vendrá a visitarte. 

Close to you la conocí por los Simpsons, pero los Carpenters me han gustado desde que conocí a Karen Carpenter. La bella voz de Carpenter, las letras de Bacharach y de Paul Williams, merecen cada lágrima que uno pueda soltar por ellas. 

What's new pussycat me gusta mucho con Tom Jones, pero también fue una gran película estelarizada por el enorme Peter Sellers, Woody Allen y el maravillos Peter O'toole. Un canción juguetona, un juego de palabras para alguien que amas y que te despierta ternura. 

The look of love combina la sensualidad y el amor que puede despertar una persona, la seducción que puede despertar con una mirada, con un toque, una sonrisa: ese el amor erótico que Bacharach, como filósofo, hace en esta canción. 

Parece que Bacharach es dueño de la música de una generación que va de los cincuentas a los setentas, pero en los ochentas escribió On my own, con uno de los mejores duetos: Patti Labelle y Michael McDonald. 

Después, el grupo Naked Eyes interpretará el cover de Always something there to remind me, la cual es imprescindible en la rockola ochentera y tiene un doble mensaje en la historia de venganza en Black Museum, de la serie Black Mirror. Con esto se confirma Bacharach es un compositor que en realidad es un filósofo. 

Para finalizar con las canciones ochenteras de Bacharach, tenemos el tema de Arturo o The best that you can do: un joven Christopher Cross cantaba uno de los mejores temas musicales de la película que estelarizaron Liza Minnelli y Dudley Moore. 

El 8 de febrero murió Burt Bacharach, hombre que me hizo derramar lágrimas de alegría y de tristeza, pero que me ayudó a limpiar mi alma. Hombre que logró representar en canciones y en música todo lo que hay en el corazón del hombre, piezas que son tratados sobre el amor idealizado y el romanticismo, sobre las relaciones y sobre los mensajes acerca de enamorarse. 

Descansa en paz, gran compositor: lloré más que Sondheim y Bowie, pero menos que con Harrison, un músico que me abrazó con su música y que me consoló en mis momentos de mayor desesperación. 

Supongo que ahora el cielo estará deleitado con su música y con sus composiciones que son universales. 

Dios lo bendiga siempre, porque ayudó a una chica que no sabía cómo enamorarse y ayudó a valorar mucho más a los amores que tuvo. 

miércoles, 1 de febrero de 2023

Canciones con filosofía: Tomorrow

 Paul McCartney es uno de los mejores compositores de la historia: ya que, en pocas palabras logra hacernos evocar la eternidad, la vida buena y la belleza. 

Tomorrow viene en la recopilación de History del disco doble de Wings, es una canción que contiene la esperanza de quién va a salir el día de mañana, de quién tiene algo que esperar. 

La esperanza, ese estado tan sospechoso en donde creemos que algo será mejor, o bien, como dice Vaclav Havel: seguir adelante con algo, independientemente de cómo resulte. 

Durante muchos años yo perdí la esperanza, el mañana me daba igual o no quería que llegara. Estuve muy triste, pero no estaba rota. 

Muchas de las cosas que me molestaban de mi regresaron de formas terribles, con gente que estaba dispuesta a lastimarme, con pensamientos intrusivos y con culpa, mucha culpa de todo. 

Día a día me dediqué a darle voz a mi tristeza, a entender de dónde venía esa culpa, qué motivos podían tener para dañarme todos aquellos que lo hicieron. Muchas cosas se volvieron contra mi: hay un espiral del abuso, hay mucha desesperanza y hay también personas que si están rotas. 

Yo tuve suerte y recursos, dentro del ámbito de la salud mental y física, para seguir adelante. No me levanto cada día pensando a quien voy a dañar o quien me la va a pagar. Muchos de esos individuos, lo que buscan romper, es algo a lo que no se pueden acercar, por más que intenten. 

¿Eso la fuerza interior? ¿es que ellos no saben lo que nosotros? Es posible, pero me falta seguir indagando, creo que siempre habrá algo que no te pueden quitar, a lo que no van a llegar. 

Cuando enfermé de covid pensé en lo que había sido mi vida: ahí, escuchando a Stephen Sondheim, a Raphael, agradecí estar viva, después de muchos años de inadecuación, de auto odio, de sentir que merecía lo que me había pasado. 

Un día, finalmente pasó: dejé de sentirme triste y empecé a aceptar lo que había decidido, algunos errores y algunas formas en que las cosas son. No puedo cambiar lo que me ha pasado, no puedo cambiar muchas cosas que me hicieron, porque fueron motivadas por el odio también, el cual era mucho mayor por parte de quienes me agredieron. 

Vi que mi vida no estaba tan mal, que podía buscar algunas soluciones, pero entender cuando no era el momento ni el lugar. Esto ha sido de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. 

No obstante, aún recuerdo las cosas buenas de la vida: cuando he salido, el ruido de las aves y los parques; recordé a personas buenas y cosas buenas que me han pasado, el sabor de las mandarinas; las calles y el silencio; cosas que he podido hacer, pese a que tuve muchos obstáculos. 

Pese a estar encerrada o haber estado mucho tiempo sola, aún quería seguir intentando, haciendo lo que yo quería y dando a otros una oportunidad. He conocido amigos que me motivan a salir, con los que quiero intentar 

Y, pese a todo, no cambiaría muchas cosas por estar con mi familia. Supongo que son fantasías consoladoras, pero me han ayudado a continuar. 

El mañana a veces pesa, pero otras veces, parece prometedor. Aún con algunos sinsentidos, esto tiene sentido para mi. 

Así se siente la vida cuando uno sale de paseo: buscas un lugar soleado, quieres estar con tu persona favorita, comer lo que tú quieres o algo muy rico, quieres tocar su cabello y sentir que la vida pasa con ella. La vida es un paseo que puede salir o no: ves los lugares, te preocupas en otro momento, haces algo para ti, solo para ti. 

Un momento del día en que todo está bien, el día es bonito y soleado, tienes tiempo de ir y regresar, ese día en que sientes que nada puede fallar, que todo puede ser perfecto. Un día que esperabas, con amigos y con todo lo que planeaste. 

Ya habrá otro día para trabajar, otro día para preocuparse, otro día en que lo haremos mejor, mientras, no nos decepcionemos mañana, porque podría ser prometedor.  

Así que no me decepcionen mañana, no me dejen mañana. 





jueves, 19 de enero de 2023

Canciones con filosofía: Our House

Hoy murió David Crosby, integrante de la banda Crosby, Stills, Nash and Young. Esta canción ha aparecido en dos de las series que han sido muy importantes para mi: The Simpsons, en el episodio de Milhouse de Arena y Niebla y el de El Cuarteto de Homero; además de This is Us, mi telenovela favorita en la que lloraba con cada episodio que me apretaba el corazón. 

Esta canción me parecía buena, pero no emotiva, en parte, This is Us hizo que cambiara de opinión: esta es una canción acogedora, profunda y con la belleza de la simplicidad. 

Es un escenario muy bello: una casa, con el florero, la chimenea, las flores, dos gatos en el jardín, una cerca, un sillón, a primera vista puede ser un escenario aburrido, un escenario común y corriente, algo que puede pasar cualquier día. 

Ahora bien ¿qué tan importante es que sea un escenario aburrido? ¿No que la vida tiene que ser intensa, feliz, siempre increíble y novedosa? No necesariamente. 

Hoy en día, que siempre se tiene que hacer algo, vivir como si fuera la última vez, que todo sea divertido o que nos entretengamos perpetuamente, el aburrimiento es una forma en que se expresa la establidad. 

Explico: ¿qué permite que estemos aburridos? o, mejor dicho: ¿quién lo permite? 

Eso es lo bello de esta canción: no es que se confunda la tranquilidad con la aburrimiento, el aburrirse con alguien más es un privilegio, una forma en que la vida te dice que en ese lugar es en donde está tu lugar. 

¿Quién permite que estemos aburridos? Quien hace posible que tengamos una tranquilidad, cierta estabilidad, que sólo tengamos que hacer lo que nos toca, no más no menos. 

Yo estuve sola muchas veces, en especial en navidad y en año nuevo: me encargué de muchas tareas domésticas, pero a la vez estuve al pendiente de mi familia, eso me llenó mucho. 

También me hizo darme cuenta de todo lo que se tiene que hacer para que una casa funcione: no es lo mismo cocinar para ti y para alguien, limpiar bien para que puedan cocinar y comer, tener una lógica para guardar las cosas. Todos podemos tener una espacio, incluso una casa, pero, ¿cómo se puede hacer que la casa funcione? 

No sólo es encargarse de las pequeñas grandes tareas, también es atender las necesidades de la gente en esa casa, asegurarse que estén bien. Tarde o temprano sentimos eso, pero también nos va a tocar proveerlo: son las condiciones necesarias para que sea un hogar. 

Cuando no hay todas esos elementos, uno de inmediato los resiente, podemos esforzarnos por aprender a hacer unas tareas o por cumplir algunas de los recados, pero es un trabajo de voluntad, del corazón. 

Sentarse a contemplar el fuego, percibir los olores, contemplar el orden o al menos una decoración, estar en un espacio para nosotros, seguro, sin miedo. ¿Cuántos podemos hablar de un hogar así? 

Mucha gente me ha presumido todo lo que tiene: una casa, propiedades y terrenos, que construyen y modifican para dar una imagen de éxito. Mi propio padre es así: construyendo su casa, todo un espacio para él solo, pero con el cual no sabe qué hacer ni cómo mejorarlo. Ha intentado por muchos medios, pero él no tiene un hogar, no tuvo una estructura para estar con su familia.

Cuando enfermó, quedó solo, pero fue una consecuencia de nunca haber procurado un hogar para él. 

Con mi familia viví un tiempo, pero, por la estructura de donde vivimos, en la pandemia estuve sola, así que sólo podía verlos en las noches o a partir de las 6, ese tiempo me daba mucha estabilidad. Yo hacía que mi lugar fuera funcional, pero este tiempo con mi familia me hacía sentir acogida. 

Esos momentos de tranquilidad, de aparente aburrimiento, de ver una película y reír o estar simplemente con ellos, esto es lo que conforma mi casa, como pequeñas fotografías en la sala. 

Cuando no tenía esos momentos, los extrañaba: extrañaba aburrirme con ellos, no hacer nada con ellos, tal como dice Ricky Gervais en Afterlife. Un día que fue particularmente malo, estuve con ellos y ellos dijeron que todo cambiaba, yo les dije que, aún con todo, no cambiaría el haber estado con ellos ese día. 

Ahora veo las tareas domésticas no como una tarea gravosa, sino como lo que da sentido y estabilidad. Las hago a un poco mal, pero día con día mejoraré, porque eso hará que esté bien mi familia. Un día, yo manejaré la casa para que sea un hogar. Veo la comprensión a mi familia con los ojos del amor, no siempre es con los ojos del coraje o el resentimiento. 

Dios bendiga a todas estas personas que permiten que su casa o su departamento, sean un hogar para su familia: la vida solía ser muy dura, pero ahora todo es más fácil gracias a ellos. 

Descansa en paz, David Crosby. 




jueves, 5 de enero de 2023

Sally la Fisicoculturista asesina o aprender a defenderse

 El fisicoculturismo no es uno de mis temas favoritos, de hecho, es un tema que me causa algo de desagrado. Yo se que tengo una figura poco menos que aceptable, pero, honestamente, no me agradaría ver a un fisicoculturista de cerca. 

Tampoco me gustan esos mamadores de gimnasio que creen que la obesidad es un problema moral, ni los dizque deportistas extremos, ni los yogis ni los veganos. Una conocida que me trató mal era vegana y se paraba el culo con eso, pero era una mierda de persona. 

La verdad, muchas cosas relacionadas con la superioridad moral del deporte o alimentación, me cagan mucho. 

Para el caso de los fisicoculturistas, tienen una forma de ser muy rígida, algunas de las conductas que observé las confirmé en esta serie documental. 

Sally McNeil es una ex soldado que participa de los concursos de fisicoculturismo, pasión que comparte con su pareja Ray McNeil. Sally cuenta como, los prejuicios, el sistema de justicia y de salud y su historia personal, jugaron en su contra cuando le disparó a su esposo. 

El documental aborda temas relacionados con la salud mental, principalmente el estrés postraumático y la necesidad de desarrollar fortaleza en momentos de abuso. McNeil fue buleada, abusada por su padre (el cual la golpeaba), con una madre negligente y alcohólica, abusada por su ex pareja y por su marido Ray McNeil. 

Su deslumbrante físico y fuerza la hicieron presa de prejuicios: ¿por qué una mujer tan grande y fuerte se dejaba golpear por un hombre al que podría cargar? ¿por qué, si era violenta, no se defendió? ¿Por qué si era fisicoculturista y sabía de rutinas, de fuerza, no hizo nada para parar un golpe? ¿Sally era una amenaza? ¿Le falló a Sally el sistema de justicia? 

Las respuestas, por supuesto, se encuentran en nuestras creencias absurdas, irracionales y estúpidas que tengamos con respecto a McNeil, la cual si fue una víctima y una esposa abusada. También tienen que ver las creencias pendejas que tengamos acerca de la feminidad, de la vulnerabilidad de las mujeres, pero también de su ira ¿qué sucede con la ira femenina?

La ira no te hace más inteligente, ni te hace ganar ni darte a respetar: es una presión muy grande que te hace tomar las peores decisiones, te envenena lentamente, te hace sentirte estúpido, insuficiente. Hace que los otros te tengan a su merced. 

Por supuesto, no es que la gente que sea agredida sea imbécil, sino que desarrolla ciertos mecanismos y respuestas para elegir otro camino. También, esa gente que no se defiende se ha enfrentado a grandes injusticias: además de ser llamados dejados, pendejos o débiles, hay un sistema detrás que no les proporciona justicia, que los catiga por ser víctimas y una sociedad que los estigmatiza y siente pena por ellos. 

Ante esto, no es casualidad que una víctima presente estrés postraumático, tenga problemas de confianza, de control de ira o de moderación; se le olvidan cosas o ve al mundo como una amenaza, tiene miedo del entorno y de sí misma. 

Aprender a defenderse 

Lo que nos hace daño, más que los golpes o insultos, son las creencias tan estúpidas de la gente pendeja: 

- Pero defiéndente, ¡no te dejes!

- Es que te ven débil 

- Es que tienes que ser fuerte

- Es que tienes que formar tu carácter

- Con amor lo voy a cambiar 

- Una tiene que aguantar. 

Recordé a aquellas parejas que fingían felicidad ante mi, muchas de las chicas decían que yo les tenía envidia, pero ellas creían que podían cambiar a su esposo, un hombre al que no aceptaban y al que le recriminaban cosas; ellas que sufrían violencia o creían que les hacían un favor por estar con ellas. 

No saben la cantidad de gente que me ha llamado amargada, quedadad y fea porque no acepto migajas de amor, porque no creo que el amor vaya a cambiar a la gente. La gente no cambia cuando nosotros queremos y puede que no sea para bien. 

No saben cuantos hombres me han llamado golfa, urgida o cualquier insulto cuando discutieron conmigo y amenazaron con dejarme, pero que volvían a la semana siguiente a querer tener sexo conmigo, de alto riesgo. Ante la negativa, los insultos eran más fuertes y culeros. 

Cuando me decían que tenían a otra mujer, una que si los complacía y de la cual, sí estaban enamorados, yo les decía que adios, que se fueran con ella. Uno de ellos, llegó a amenazarme con golpearme, porque pensaba que yo le suplicaría. 

Otro más me amenazó de muerte en facebook porque no acepté salir con él después de denunciarlo por robo y acoso: no tuvo consecuencias de dichas amenazas mas que una contestación y un bloqueo, pero, hasta la fecha, no tengo cuenta de esa red social, porque sé que va a atacarme si tiene la oportunidad. 

La cantidad de mujeres que creen que se merecen el abuso, que consideran que su amor y sacrificio hará cambiar a ese abusador; la cantidad de hombres que creen que torcer la forma de amar les traerá a la persona indicada, es dolorosa y abrumadora. 

A lo único que puede cambiar es: de ser insultada, serás golpeada; de estar golpeada, puedes caer en el hospital; de estar viva, vas a cambiar, pero a estar muerta. La violencia escala, nunca se detiene. Y cuando está rodeada de creencias que reafirman nuestras carencias e inseguridades, mucho más. 

Tuve una experiencia desagradable con un agachón al que su mujer le revisaba el celular: siempre me decía que tenía que aprender a defenderme de un señor traumado que me gritoneó en el trabajo. Lo curioso es que, aunque se defendía del traumado, con su pareja no había ni siquiera un ápice de cambio. Este pendejo gusta de las relaciones tóxicas, con mujeres conflictivas y manipuladoras. 

Pero no fuera yo porque siempre tenía el comentario perfecto, el consejo dizque sabio, la opinión nunca pedida. Él, un hombre que agradecía el maltrato de su padre, cuyas golpizas recibía casi a diario; él que piensa que eso lo hizo fuerte y que le ayudó a ser quién es: una persona con problemas de confianza, de inteligencia emocional, entrometido y cobarde. Que hablaba a tus espaldas e inventaba chismes para confrontarte con tu agresor, que habló mal de su actual novia porque no le tenía confianza, pero la cual, es seguro que sigue revisando sus pasos. 

Ese idiota se creía listo, pero era el peor de los ingenuos: era visible su amargura y enojo con la vida. Hacía dietas constantemente, creía que un cambio exterior solucionaría todo lo malo en su vida, creía que no se equivocaba. Ese fue su error. 

Al igual que esta pareja de fisicoculturistas, ellos creían que el deporte, el estilo de vida y los concursos solucionarían las huellas del abuso, sus relaciones destructivas o la falta de amor. Cuando se dieron cuenta, los problemas seguían ahí, porque no era la fuerza de su cuerpo: era un cambio de estructura mental, de creencias y un trato más ético en sus relaciones, en especial con la persona rota que eran. 

Hacer las pases con el tonto que fuimos, no sentir pena por él, pero comprenderlo, tratar de entender, tratar de ser compasivos y perdonarnos, esa es la verdadera fortaleza, no es la que obtenían de un gimnasio o de los concursos de esta disciplina. 

Sobra decir que tanto Ray como Sally tenían problemas de confianza, de abandono, de poner límites y de comunicación, no conocían la asertividad ni las direcciones de una relación; no obstante, Sally entendió que mucho de lo que consiste amar, radica en perdonarse y en aprender a convivir con uno mismo. 

Killer Sally está disponible en Netflix. 


sábado, 26 de noviembre de 2022

Canciones con filosofía: Out here on my own

Desde hace mucho tiempo no me siento suficiente, no se si lo sea o no lo sea, pero esto sólo me ha hecho daño y me ha hecho presa de muchas humillaciones: gente que se siente menos, acomplejada, sabe que me siento igual que ellos, cree que si me dice lo que le han dicho, uno va a aprender, uno va a saber lo que se siente. 

Yo no comparto esos sentimientos con ellos, en especial porque no comparto esa visión deformada de la realidad en la que la vida te debe algo y eso te da derecho a ser un imbécil. Por supuesto que entiendo sus razones para querer hacerme daño: un rechazo íntimo de sus esposas, un rechazo de sus padres, un abuso a manos de ellos, tanto físico como psicológico, la perdida de un hijo o un escaso reconocimiento por ser el supuesto sostén de su familia. 

Pero también resentimiento, ganas de que pierda lo mucho o poco que pueda tener, tienen ganas de que pierda mi hogar, mi dinero, mi dignidad, mi trabajo, mi salud, incluso hasta mi vida. Subliman lo que piensan de sí mismos deseándomelo a mi. 

Yo se que lo desean porque se les hunden los ojos, se les tuerce la boca, sus manos se convierten en puños que quieren repartir por mi cara, partes de mi cuerpo o cabeza. Creen que eso será su exorcismo, que expiará sus culpas y que les devolverá lo que les quitaron: creen que ser victimario los aleja de haber sido víctimas. 

Por ello es que no nos une compartir estos sentimientos: a muchos de ellos no les importan dado sus trastornos de personalidad, otros más los han enterrado y se dan sus aires de dureza, pero con cualquier cosa que uno les diga o no acepte de ellos, dejan ver todas sus inseguridades. Aquellos que peor te tratan, son los que menos esperan ese trato que dan. 

Ante esto, yo he llorado en privado, pero no he podido evitar que me hagan sentir como ellos se sienten: su envidia, sus ganas de que ellos también reciban su merecido. Sus creencias tan torcidas sobre lo que significa la justicia y que tengan lo que ellos quieren, que siempre es arrebatado, robado o de alguien más. Creen que todo mundo está de su lado, creen que están solos en la cima, pero en realidad, nadie quiere estar con ellos. 

Su felicidad, de ser por ellos, no viene de tener lo que ellos quisieran, sino que se aseguraran de que otro más no lo recibiera nunca. A veces he contemplado que cuando no cumplen sus sueños o sufren algún revés, creen que fue por cruzarse contigo, o que, como otras personas charlatanas: tu controlaste su destino, les pusiste algún obstáculo y eres el agresor. Un agresor que no siempre sabe cómo defenderse. 

Un día les dice algo, una verdad o descripción y su mundo se viene abajo, un mundo interior muy frágil. 

Y se preguntan por qué sigues respirando, por qué cambié de trabajo, por qué no aguanté para que me pudieran enseñar sus torcidas lecciones, por qué mejoró todo para mi y para ellos, que siguen operando con impunidad, nada más no mejora... por qué ellos siguen siendo poco respetados, engañados, no queridos o rotos.... por qué yo sigo respirando, por qué después de todo lo que me hicieron nada me mata. 

Porque me encerrado en mi misma y he trabajado el hecho de no agradar a otros. He buscado personas que quieran estar conmigo, pero cuando las cosas salen mal, busco alternativa. Si no, yo se que se puede seguir adelante, que habrá soledad, pero voy a encontrar a otras personas, que hay algo que sigue. 

No necesité de ellos ni cuando lo creía: necesitaba algo muy específico, que a veces no llegó. 

He estado en mi soledad, probé quién era, tuve a alguien que me dio fuerzas, pero también me falló. Me pregunto constantemente a dónde voy. 

Yo sé que es posible que no gane, pero no me puedo abandonar. Yo sé que si cierro mis ojos estaré contigo. Sé que algún día voy a encontrar mi camino.

Hoy ha muerto Irene Cara, que nos ha regalado una de las interpretaciones más conmovedoras e intensas de toda su carrera: cada vez que se sientan insuficientes, inseguros por no haber sido buenos en algo, solos y desprotegidos, canten como ella y así le darán voz a su tristeza. 

Es en soledad en donde salen esos sentimientos, pero también es en donde se experimenta la melancolía más bella. 




lunes, 14 de noviembre de 2022

Canciones con filosofía: Zombie

También quiero titular este post: Sobre estar destruido.

En la Chora Interminable invitaron a Juan Pablo Villalobos, a Mauricio Lara y Jorge F. Hernández. Lo que tienen en común todos estos invitados es su pasión por la lectura, el diseño y la habilidad de compartir con otros. 

La Chora me ha acompañado en mis noches largas y mis días, es mi relación parasocial favorita y con ella me he dado cuenta de muchas cosas. Los choreros dicen muchos secretos, además de que dan mucha estabilidad con la rutina de los jueves. 

Juan Pablo Villalobos dice que dedicarse a un trabajo que implica la escritura, cuando uno es escritor, puede terminar de destruirte. Con todo lo que pasa uno, lo que lee y escribe por obligación: ¿le quedará tiempo para dedicarse a escribir lo que le gusta? 

Mauricio Lara dice que la docencia, en parte, es realizar una actividad limitada y que funcione para el docente. Si uno es un maestro que exige, será mejor que uno que deje pasar al alumno con cualquier trabajo. Lara dejó la docencia cuando dejó de funcionar la rutina a la que se sometía 

Jorge F. Hernández dice que es una fortuna poder vivir de los libros, se hizo divulgador mediante el trabajo de librero y logró colocar materiales mexicanos en el público español. Él hace su trabajo con gusto, logró reinventarse después de que la mala fortuna lo alejara de un trabajo que desempeñaba correctamente. 

Yo, en la vida, quería ser como ellos: compartir esa misma pasión por lo que hacen. 

Jis y Trino, al igual que Simon Pegg y Nick Frost hablan de la zombificación: un fenómeno en el que, poco a poco te conviertes en un muerto viviente, no tienes voluntad y sólo haces las cosas por inercia. Ante este estado de cosas, te alienas, todo es igual y eres una especie de plaga. La sátira de los choreros y los de la trilogía del Corneto se encuentra en El Santos vs La Tetona Mendoza y Shawn of the dead, respectivamente. 

Sólo hubo una vez que me sentí como una pinche zombie: cuando supe que mi tía iba a morir, en el fondo, no quería que pasara porque, fue un final injusto para ella; porque sufrió mucho y ella esperaba hacer más por mi prima y estar más tiempo con nosotros. Tuvo una fuerte depresión de la que no sabía como salir. 

En Drive My Car, un hombre arrepentido plantea una situación en donde él es culpable de la muerte de su esposa: lejos de violentarla o darle muerte, la situación fue de todo lo que no hizo, lo que no la consideró y apreció cuando estaba viva. Ante la mirada piadosa de su chofer, se dice a sí mismo: Yo maté a mi esposa. Así, como el hombre: Yo maté a Consuelo porque pude haber hecho más por ella, porque me consume la culpa y me llena de verguenza cómo la traté en vida. 

Por aquellos días iba a mi trabajo en el infame Hotel Isabel, en el Centro Histórico: todo el tiempo lo mismo, me sentía estancada y atrapada con una bola de cretinos y pendejos que me detestaban tanto como yo a ellos, que me criticaban, que no entendían que me sentía triste. 

Uno de los pendejos guardias me decía que me sentía mal porque, según él, yo no hacía nada: desde su pinche ignorancia pensaba que todo me sucedía por huevona o por no saber enfrentarme a la vida. Este idiota duró menos en el trabajo que un comercial: así es la vida para los pendejos y metiches, a ellos les va peor, pero siempre ven a alguien más para burlarse y hablar. Hasta le sangraba el hocico al nefasto ese. 

Otra señora opinaba que me veía demacrada, pero, la falta de sueño, el coraje contra mi y la situación y la incertidumbre ante el futuro no me acariciaron precisamente, señora. 

Mucha gente se burló y llevó mi predicamento a que no me apoyaban porque yo no me acercaba a ellos: pues claro que no, culeros, porque se nota que se regodean en el dolor ajeno y en su propia mierda. Cuando supieron por qué falté, se quedaron callados, como si la representación que tenían de mi fuera inmune a dolor y justificara sus burlas hacia mi. 

Me sentía como un zombie: sentía sangre en mis ojos, en mis dientes, me ardía la cara, el cuerpo, me ardía caminar y moverme, me quemaba estar de pie. Todo el mundo estaba en un modo lento, hacía las cosas por inercia porque, en el fondo me dolía mucho la vida que estaba viviendo en ese momento. 

Y, aunque sentía algunas cosas, no me dolía tanto como me dolía el alma, por muy ridículo que pueda llegar a sonar. 

Era el Zombie de Sahuayo, los zombies de Shawn of the dead, los de The Walking dead y los de los Simpsons. Pero zombie al fin y al cabo. 

Después de eso, me abandoné: tuve otra tormenta perfecta en la que me abandonaron y perdí un trabajo. Pero sobreviví, porque nada me mataba si ya era un zombie. Fue más fácil la vida para mi. 

Como nada ha acabado conmigo aún, me he convencido que podré seguir adelante. 

Y ahora, en este estancamiento, en mi decisión de no querer vivir más de mi trabajo o de moverme, de no saber cuándo termina un día o empieza el otro, de estar frustrada todo el tiempo, de que mis planes a futuro no fueron lo que esperaba, sigo siendo un zombie, es más fácil ser así que estar vivo.