jueves, 19 de enero de 2023

Canciones con filosofía: Our House

Hoy murió David Crosby, integrante de la banda Crosby, Stills, Nash and Young. Esta canción ha aparecido en dos de las series que han sido muy importantes para mi: The Simpsons, en el episodio de Milhouse de Arena y Niebla y el de El Cuarteto de Homero; además de This is Us, mi telenovela favorita en la que lloraba con cada episodio que me apretaba el corazón. 

Esta canción me parecía buena, pero no emotiva, en parte, This is Us hizo que cambiara de opinión: esta es una canción acogedora, profunda y con la belleza de la simplicidad. 

Es un escenario muy bello: una casa, con el florero, la chimenea, las flores, dos gatos en el jardín, una cerca, un sillón, a primera vista puede ser un escenario aburrido, un escenario común y corriente, algo que puede pasar cualquier día. 

Ahora bien ¿qué tan importante es que sea un escenario aburrido? ¿No que la vida tiene que ser intensa, feliz, siempre increíble y novedosa? No necesariamente. 

Hoy en día, que siempre se tiene que hacer algo, vivir como si fuera la última vez, que todo sea divertido o que nos entretengamos perpetuamente, el aburrimiento es una forma en que se expresa la establidad. 

Explico: ¿qué permite que estemos aburridos? o, mejor dicho: ¿quién lo permite? 

Eso es lo bello de esta canción: no es que se confunda la tranquilidad con la aburrimiento, el aburrirse con alguien más es un privilegio, una forma en que la vida te dice que en ese lugar es en donde está tu lugar. 

¿Quién permite que estemos aburridos? Quien hace posible que tengamos una tranquilidad, cierta estabilidad, que sólo tengamos que hacer lo que nos toca, no más no menos. 

Yo estuve sola muchas veces, en especial en navidad y en año nuevo: me encargué de muchas tareas domésticas, pero a la vez estuve al pendiente de mi familia, eso me llenó mucho. 

También me hizo darme cuenta de todo lo que se tiene que hacer para que una casa funcione: no es lo mismo cocinar para ti y para alguien, limpiar bien para que puedan cocinar y comer, tener una lógica para guardar las cosas. Todos podemos tener una espacio, incluso una casa, pero, ¿cómo se puede hacer que la casa funcione? 

No sólo es encargarse de las pequeñas grandes tareas, también es atender las necesidades de la gente en esa casa, asegurarse que estén bien. Tarde o temprano sentimos eso, pero también nos va a tocar proveerlo: son las condiciones necesarias para que sea un hogar. 

Cuando no hay todas esos elementos, uno de inmediato los resiente, podemos esforzarnos por aprender a hacer unas tareas o por cumplir algunas de los recados, pero es un trabajo de voluntad, del corazón. 

Sentarse a contemplar el fuego, percibir los olores, contemplar el orden o al menos una decoración, estar en un espacio para nosotros, seguro, sin miedo. ¿Cuántos podemos hablar de un hogar así? 

Mucha gente me ha presumido todo lo que tiene: una casa, propiedades y terrenos, que construyen y modifican para dar una imagen de éxito. Mi propio padre es así: construyendo su casa, todo un espacio para él solo, pero con el cual no sabe qué hacer ni cómo mejorarlo. Ha intentado por muchos medios, pero él no tiene un hogar, no tuvo una estructura para estar con su familia.

Cuando enfermó, quedó solo, pero fue una consecuencia de nunca haber procurado un hogar para él. 

Con mi familia viví un tiempo, pero, por la estructura de donde vivimos, en la pandemia estuve sola, así que sólo podía verlos en las noches o a partir de las 6, ese tiempo me daba mucha estabilidad. Yo hacía que mi lugar fuera funcional, pero este tiempo con mi familia me hacía sentir acogida. 

Esos momentos de tranquilidad, de aparente aburrimiento, de ver una película y reír o estar simplemente con ellos, esto es lo que conforma mi casa, como pequeñas fotografías en la sala. 

Cuando no tenía esos momentos, los extrañaba: extrañaba aburrirme con ellos, no hacer nada con ellos, tal como dice Ricky Gervais en Afterlife. Un día que fue particularmente malo, estuve con ellos y ellos dijeron que todo cambiaba, yo les dije que, aún con todo, no cambiaría el haber estado con ellos ese día. 

Ahora veo las tareas domésticas no como una tarea gravosa, sino como lo que da sentido y estabilidad. Las hago a un poco mal, pero día con día mejoraré, porque eso hará que esté bien mi familia. Un día, yo manejaré la casa para que sea un hogar. Veo la comprensión a mi familia con los ojos del amor, no siempre es con los ojos del coraje o el resentimiento. 

Dios bendiga a todas estas personas que permiten que su casa o su departamento, sean un hogar para su familia: la vida solía ser muy dura, pero ahora todo es más fácil gracias a ellos. 

Descansa en paz, David Crosby. 




jueves, 5 de enero de 2023

Sally la Fisicoculturista asesina o aprender a defenderse

 El fisicoculturismo no es uno de mis temas favoritos, de hecho, es un tema que me causa algo de desagrado. Yo se que tengo una figura poco menos que aceptable, pero, honestamente, no me agradaría ver a un fisicoculturista de cerca. 

Tampoco me gustan esos mamadores de gimnasio que creen que la obesidad es un problema moral, ni los dizque deportistas extremos, ni los yogis ni los veganos. Una conocida que me trató mal era vegana y se paraba el culo con eso, pero era una mierda de persona. 

La verdad, muchas cosas relacionadas con la superioridad moral del deporte o alimentación, me cagan mucho. 

Para el caso de los fisicoculturistas, tienen una forma de ser muy rígida, algunas de las conductas que observé las confirmé en esta serie documental. 

Sally McNeil es una ex soldado que participa de los concursos de fisicoculturismo, pasión que comparte con su pareja Ray McNeil. Sally cuenta como, los prejuicios, el sistema de justicia y de salud y su historia personal, jugaron en su contra cuando le disparó a su esposo. 

El documental aborda temas relacionados con la salud mental, principalmente el estrés postraumático y la necesidad de desarrollar fortaleza en momentos de abuso. McNeil fue buleada, abusada por su padre (el cual la golpeaba), con una madre negligente y alcohólica, abusada por su ex pareja y por su marido Ray McNeil. 

Su deslumbrante físico y fuerza la hicieron presa de prejuicios: ¿por qué una mujer tan grande y fuerte se dejaba golpear por un hombre al que podría cargar? ¿por qué, si era violenta, no se defendió? ¿Por qué si era fisicoculturista y sabía de rutinas, de fuerza, no hizo nada para parar un golpe? ¿Sally era una amenaza? ¿Le falló a Sally el sistema de justicia? 

Las respuestas, por supuesto, se encuentran en nuestras creencias absurdas, irracionales y estúpidas que tengamos con respecto a McNeil, la cual si fue una víctima y una esposa abusada. También tienen que ver las creencias pendejas que tengamos acerca de la feminidad, de la vulnerabilidad de las mujeres, pero también de su ira ¿qué sucede con la ira femenina?

La ira no te hace más inteligente, ni te hace ganar ni darte a respetar: es una presión muy grande que te hace tomar las peores decisiones, te envenena lentamente, te hace sentirte estúpido, insuficiente. Hace que los otros te tengan a su merced. 

Por supuesto, no es que la gente que sea agredida sea imbécil, sino que desarrolla ciertos mecanismos y respuestas para elegir otro camino. También, esa gente que no se defiende se ha enfrentado a grandes injusticias: además de ser llamados dejados, pendejos o débiles, hay un sistema detrás que no les proporciona justicia, que los catiga por ser víctimas y una sociedad que los estigmatiza y siente pena por ellos. 

Ante esto, no es casualidad que una víctima presente estrés postraumático, tenga problemas de confianza, de control de ira o de moderación; se le olvidan cosas o ve al mundo como una amenaza, tiene miedo del entorno y de sí misma. 

Aprender a defenderse 

Lo que nos hace daño, más que los golpes o insultos, son las creencias tan estúpidas de la gente pendeja: 

- Pero defiéndente, ¡no te dejes!

- Es que te ven débil 

- Es que tienes que ser fuerte

- Es que tienes que formar tu carácter

- Con amor lo voy a cambiar 

- Una tiene que aguantar. 

Recordé a aquellas parejas que fingían felicidad ante mi, muchas de las chicas decían que yo les tenía envidia, pero ellas creían que podían cambiar a su esposo, un hombre al que no aceptaban y al que le recriminaban cosas; ellas que sufrían violencia o creían que les hacían un favor por estar con ellas. 

No saben la cantidad de gente que me ha llamado amargada, quedadad y fea porque no acepto migajas de amor, porque no creo que el amor vaya a cambiar a la gente. La gente no cambia cuando nosotros queremos y puede que no sea para bien. 

No saben cuantos hombres me han llamado golfa, urgida o cualquier insulto cuando discutieron conmigo y amenazaron con dejarme, pero que volvían a la semana siguiente a querer tener sexo conmigo, de alto riesgo. Ante la negativa, los insultos eran más fuertes y culeros. 

Cuando me decían que tenían a otra mujer, una que si los complacía y de la cual, sí estaban enamorados, yo les decía que adios, que se fueran con ella. Uno de ellos, llegó a amenazarme con golpearme, porque pensaba que yo le suplicaría. 

Otro más me amenazó de muerte en facebook porque no acepté salir con él después de denunciarlo por robo y acoso: no tuvo consecuencias de dichas amenazas mas que una contestación y un bloqueo, pero, hasta la fecha, no tengo cuenta de esa red social, porque sé que va a atacarme si tiene la oportunidad. 

La cantidad de mujeres que creen que se merecen el abuso, que consideran que su amor y sacrificio hará cambiar a ese abusador; la cantidad de hombres que creen que torcer la forma de amar les traerá a la persona indicada, es dolorosa y abrumadora. 

A lo único que puede cambiar es: de ser insultada, serás golpeada; de estar golpeada, puedes caer en el hospital; de estar viva, vas a cambiar, pero a estar muerta. La violencia escala, nunca se detiene. Y cuando está rodeada de creencias que reafirman nuestras carencias e inseguridades, mucho más. 

Tuve una experiencia desagradable con un agachón al que su mujer le revisaba el celular: siempre me decía que tenía que aprender a defenderme de un señor traumado que me gritoneó en el trabajo. Lo curioso es que, aunque se defendía del traumado, con su pareja no había ni siquiera un ápice de cambio. Este pendejo gusta de las relaciones tóxicas, con mujeres conflictivas y manipuladoras. 

Pero no fuera yo porque siempre tenía el comentario perfecto, el consejo dizque sabio, la opinión nunca pedida. Él, un hombre que agradecía el maltrato de su padre, cuyas golpizas recibía casi a diario; él que piensa que eso lo hizo fuerte y que le ayudó a ser quién es: una persona con problemas de confianza, de inteligencia emocional, entrometido y cobarde. Que hablaba a tus espaldas e inventaba chismes para confrontarte con tu agresor, que habló mal de su actual novia porque no le tenía confianza, pero la cual, es seguro que sigue revisando sus pasos. 

Ese idiota se creía listo, pero era el peor de los ingenuos: era visible su amargura y enojo con la vida. Hacía dietas constantemente, creía que un cambio exterior solucionaría todo lo malo en su vida, creía que no se equivocaba. Ese fue su error. 

Al igual que esta pareja de fisicoculturistas, ellos creían que el deporte, el estilo de vida y los concursos solucionarían las huellas del abuso, sus relaciones destructivas o la falta de amor. Cuando se dieron cuenta, los problemas seguían ahí, porque no era la fuerza de su cuerpo: era un cambio de estructura mental, de creencias y un trato más ético en sus relaciones, en especial con la persona rota que eran. 

Hacer las pases con el tonto que fuimos, no sentir pena por él, pero comprenderlo, tratar de entender, tratar de ser compasivos y perdonarnos, esa es la verdadera fortaleza, no es la que obtenían de un gimnasio o de los concursos de esta disciplina. 

Sobra decir que tanto Ray como Sally tenían problemas de confianza, de abandono, de poner límites y de comunicación, no conocían la asertividad ni las direcciones de una relación; no obstante, Sally entendió que mucho de lo que consiste amar, radica en perdonarse y en aprender a convivir con uno mismo. 

Killer Sally está disponible en Netflix. 


sábado, 26 de noviembre de 2022

Canciones con filosofía: Out here on my own

Desde hace mucho tiempo no me siento suficiente, no se si lo sea o no lo sea, pero esto sólo me ha hecho daño y me ha hecho presa de muchas humillaciones: gente que se siente menos, acomplejada, sabe que me siento igual que ellos, cree que si me dice lo que le han dicho, uno va a aprender, uno va a saber lo que se siente. 

Yo no comparto esos sentimientos con ellos, en especial porque no comparto esa visión deformada de la realidad en la que la vida te debe algo y eso te da derecho a ser un imbécil. Por supuesto que entiendo sus razones para querer hacerme daño: un rechazo íntimo de sus esposas, un rechazo de sus padres, un abuso a manos de ellos, tanto físico como psicológico, la perdida de un hijo o un escaso reconocimiento por ser el supuesto sostén de su familia. 

Pero también resentimiento, ganas de que pierda lo mucho o poco que pueda tener, tienen ganas de que pierda mi hogar, mi dinero, mi dignidad, mi trabajo, mi salud, incluso hasta mi vida. Subliman lo que piensan de sí mismos deseándomelo a mi. 

Yo se que lo desean porque se les hunden los ojos, se les tuerce la boca, sus manos se convierten en puños que quieren repartir por mi cara, partes de mi cuerpo o cabeza. Creen que eso será su exorcismo, que expiará sus culpas y que les devolverá lo que les quitaron: creen que ser victimario los aleja de haber sido víctimas. 

Por ello es que no nos une compartir estos sentimientos: a muchos de ellos no les importan dado sus trastornos de personalidad, otros más los han enterrado y se dan sus aires de dureza, pero con cualquier cosa que uno les diga o no acepte de ellos, dejan ver todas sus inseguridades. Aquellos que peor te tratan, son los que menos esperan ese trato que dan. 

Ante esto, yo he llorado en privado, pero no he podido evitar que me hagan sentir como ellos se sienten: su envidia, sus ganas de que ellos también reciban su merecido. Sus creencias tan torcidas sobre lo que significa la justicia y que tengan lo que ellos quieren, que siempre es arrebatado, robado o de alguien más. Creen que todo mundo está de su lado, creen que están solos en la cima, pero en realidad, nadie quiere estar con ellos. 

Su felicidad, de ser por ellos, no viene de tener lo que ellos quisieran, sino que se aseguraran de que otro más no lo recibiera nunca. A veces he contemplado que cuando no cumplen sus sueños o sufren algún revés, creen que fue por cruzarse contigo, o que, como otras personas charlatanas: tu controlaste su destino, les pusiste algún obstáculo y eres el agresor. Un agresor que no siempre sabe cómo defenderse. 

Un día les dice algo, una verdad o descripción y su mundo se viene abajo, un mundo interior muy frágil. 

Y se preguntan por qué sigues respirando, por qué cambié de trabajo, por qué no aguanté para que me pudieran enseñar sus torcidas lecciones, por qué mejoró todo para mi y para ellos, que siguen operando con impunidad, nada más no mejora... por qué ellos siguen siendo poco respetados, engañados, no queridos o rotos.... por qué yo sigo respirando, por qué después de todo lo que me hicieron nada me mata. 

Porque me encerrado en mi misma y he trabajado el hecho de no agradar a otros. He buscado personas que quieran estar conmigo, pero cuando las cosas salen mal, busco alternativa. Si no, yo se que se puede seguir adelante, que habrá soledad, pero voy a encontrar a otras personas, que hay algo que sigue. 

No necesité de ellos ni cuando lo creía: necesitaba algo muy específico, que a veces no llegó. 

He estado en mi soledad, probé quién era, tuve a alguien que me dio fuerzas, pero también me falló. Me pregunto constantemente a dónde voy. 

Yo sé que es posible que no gane, pero no me puedo abandonar. Yo sé que si cierro mis ojos estaré contigo. Sé que algún día voy a encontrar mi camino.

Hoy ha muerto Irene Cara, que nos ha regalado una de las interpretaciones más conmovedoras e intensas de toda su carrera: cada vez que se sientan insuficientes, inseguros por no haber sido buenos en algo, solos y desprotegidos, canten como ella y así le darán voz a su tristeza. 

Es en soledad en donde salen esos sentimientos, pero también es en donde se experimenta la melancolía más bella. 




lunes, 14 de noviembre de 2022

Canciones con filosofía: Zombie

También quiero titular este post: Sobre estar destruido.

En la Chora Interminable invitaron a Juan Pablo Villalobos, a Mauricio Lara y Jorge F. Hernández. Lo que tienen en común todos estos invitados es su pasión por la lectura, el diseño y la habilidad de compartir con otros. 

La Chora me ha acompañado en mis noches largas y mis días, es mi relación parasocial favorita y con ella me he dado cuenta de muchas cosas. Los choreros dicen muchos secretos, además de que dan mucha estabilidad con la rutina de los jueves. 

Juan Pablo Villalobos dice que dedicarse a un trabajo que implica la escritura, cuando uno es escritor, puede terminar de destruirte. Con todo lo que pasa uno, lo que lee y escribe por obligación: ¿le quedará tiempo para dedicarse a escribir lo que le gusta? 

Mauricio Lara dice que la docencia, en parte, es realizar una actividad limitada y que funcione para el docente. Si uno es un maestro que exige, será mejor que uno que deje pasar al alumno con cualquier trabajo. Lara dejó la docencia cuando dejó de funcionar la rutina a la que se sometía 

Jorge F. Hernández dice que es una fortuna poder vivir de los libros, se hizo divulgador mediante el trabajo de librero y logró colocar materiales mexicanos en el público español. Él hace su trabajo con gusto, logró reinventarse después de que la mala fortuna lo alejara de un trabajo que desempeñaba correctamente. 

Yo, en la vida, quería ser como ellos: compartir esa misma pasión por lo que hacen. 

Jis y Trino, al igual que Simon Pegg y Nick Frost hablan de la zombificación: un fenómeno en el que, poco a poco te conviertes en un muerto viviente, no tienes voluntad y sólo haces las cosas por inercia. Ante este estado de cosas, te alienas, todo es igual y eres una especie de plaga. La sátira de los choreros y los de la trilogía del Corneto se encuentra en El Santos vs La Tetona Mendoza y Shawn of the dead, respectivamente. 

Sólo hubo una vez que me sentí como una pinche zombie: cuando supe que mi tía iba a morir, en el fondo, no quería que pasara porque, fue un final injusto para ella; porque sufrió mucho y ella esperaba hacer más por mi prima y estar más tiempo con nosotros. Tuvo una fuerte depresión de la que no sabía como salir. 

En Drive My Car, un hombre arrepentido plantea una situación en donde él es culpable de la muerte de su esposa: lejos de violentarla o darle muerte, la situación fue de todo lo que no hizo, lo que no la consideró y apreció cuando estaba viva. Ante la mirada piadosa de su chofer, se dice a sí mismo: Yo maté a mi esposa. Así, como el hombre: Yo maté a Consuelo porque pude haber hecho más por ella, porque me consume la culpa y me llena de verguenza cómo la traté en vida. 

Por aquellos días iba a mi trabajo en el infame Hotel Isabel, en el Centro Histórico: todo el tiempo lo mismo, me sentía estancada y atrapada con una bola de cretinos y pendejos que me detestaban tanto como yo a ellos, que me criticaban, que no entendían que me sentía triste. 

Uno de los pendejos guardias me decía que me sentía mal porque, según él, yo no hacía nada: desde su pinche ignorancia pensaba que todo me sucedía por huevona o por no saber enfrentarme a la vida. Este idiota duró menos en el trabajo que un comercial: así es la vida para los pendejos y metiches, a ellos les va peor, pero siempre ven a alguien más para burlarse y hablar. Hasta le sangraba el hocico al nefasto ese. 

Otra señora opinaba que me veía demacrada, pero, la falta de sueño, el coraje contra mi y la situación y la incertidumbre ante el futuro no me acariciaron precisamente, señora. 

Mucha gente se burló y llevó mi predicamento a que no me apoyaban porque yo no me acercaba a ellos: pues claro que no, culeros, porque se nota que se regodean en el dolor ajeno y en su propia mierda. Cuando supieron por qué falté, se quedaron callados, como si la representación que tenían de mi fuera inmune a dolor y justificara sus burlas hacia mi. 

Me sentía como un zombie: sentía sangre en mis ojos, en mis dientes, me ardía la cara, el cuerpo, me ardía caminar y moverme, me quemaba estar de pie. Todo el mundo estaba en un modo lento, hacía las cosas por inercia porque, en el fondo me dolía mucho la vida que estaba viviendo en ese momento. 

Y, aunque sentía algunas cosas, no me dolía tanto como me dolía el alma, por muy ridículo que pueda llegar a sonar. 

Era el Zombie de Sahuayo, los zombies de Shawn of the dead, los de The Walking dead y los de los Simpsons. Pero zombie al fin y al cabo. 

Después de eso, me abandoné: tuve otra tormenta perfecta en la que me abandonaron y perdí un trabajo. Pero sobreviví, porque nada me mataba si ya era un zombie. Fue más fácil la vida para mi. 

Como nada ha acabado conmigo aún, me he convencido que podré seguir adelante. 

Y ahora, en este estancamiento, en mi decisión de no querer vivir más de mi trabajo o de moverme, de no saber cuándo termina un día o empieza el otro, de estar frustrada todo el tiempo, de que mis planes a futuro no fueron lo que esperaba, sigo siendo un zombie, es más fácil ser así que estar vivo. 





sábado, 8 de octubre de 2022

El monster y la coquita

Durante un tiempo mi detonante fue la coca de medio, en botella de vidrio y el monster energy, esa bebida que anunciaba André Pierre Gignac, por la siguiente historia. 

Juan y Omar solían burlarse de todas las personas que pasaban por el centro: Omar era un gordo idiota y el otro tenía tendencia a la obesidad, pero como trabajaba en cosas que implicaban movimiento, mantenía su peso estable. 

Gordo y gordo de clóset tenían la siguiente rutina: comer de lo que ordenaban en el Zócalo, que era pura comida rápida o algo de una tienda de conveniencia, el maridaje de esa comida culera era medio litro de coca cola, de la vidrio, el envase negro y más chingón. Omar comía su comida y snacks, Juan solamente guluzmeaba o comía algunas cosas que le convidaban, después de comer su pollo y arroz seco que le mandaba su esposa con... ¿amor? ¿obligación? ¿compromiso? 

Después de la hora de comida, llegaban aquellos que no habían vendido o aquellos a los que les saboteaban las ventas otros pendejos y los mismos compañeros. Omar iba por su snack que eran unas palomitas grandes de mantequilla y un cigarro. Junto con su amigo se acababan el paquete entero, acompañado de ¿qué creen? ¡CLARO! Otro medio litro de coca cola negra y deliciosa. 

Cierto día el gordo de clóset, pendejo como siempre se burló de que yo comía muchos dulces, recuerdo que me dijo: Pues ¡con razón estás tan feliz, Andreita! ¡Si tú comes puro azúcar! Acto seguido, le dio un sorbo a su medio litro de coca cola, porque el puerco bofarrón no tenía condición física. 

Y, sé lo que están pensando: es probable que Andrea no sea una modelo, no sea flaca y coma igual de mal que ellos: y es cierto. Pero ¡tantita madre! Esos pendejos siempre estaban jodiendo con lo que comía o dejaba de comer la gente cuando ellos no son partidarios del plato de buen comer. 

Bastaron algunos días para que el gordo de clóset de Juan fuera un gordo declarado: dejó el trabajo (o, igual lo corrieron, no lo se), pero siguió comiendo igual, con lo que, no tendría por qué burlarse... Antes al menos tenía salud: ahora ya no tiene nada. 

Ambos gordos se sentaban a perrear a la gente, a burlarse, a criticar, mientras comían como si no hubiera mañana. Señalaban todo y a todos, se burlaban si perdías ventas, se burlaban si te iba mal, porque ellos tenían quien los protegiera, aún siendo unos pendejos. Fingían que eran buenas personas, que querían a la gente con la que convivían. 

Ese desórden alimenticio quizá cubría otras carencias, su mala leche, el hambre que sentían porque no podían llenarse del prójimo, lo que consumían para pasar el día largo, en un trabajo mediocre, porque, ciertamente, eran unos mediocres. 

El más gordo: un envidioso que no pudo soportar, ni tomándose toda la coca cola del mundo, que yo estuviera en un trabajo mejor. El gordo de clóset, del que me defendí cuando se quiso burlar de mi, siempre se escondía bajo las faldas de otras mujeres, mientras humillaba a su esposa. Si así trata a una mujer que supuestamente ama, ¿cómo ha de tratar a los otros? 

Omar también tomaba de esas latas de monster como si fueran agua, supongo que cada quien se destruye como puede y con lo que quiere... yo prefiero comer azúcar y chatarra, prefiero comer como imbécil y no cuidarme, pero no me gusta decir que hago algo para cuidarme o ser cínica al respecto. Prefiero hacer cosas que funcionen para mi y hacer cosas que me gusten. 

Pero disfrazar algo placentero, algo que viene de la conexión, de algo horrible y de envenenarse criticando gente... eso es de lo más asqueroso de la vida. 

Ambos eran asquerosos, hipócritas y se dedicaban a tirar veneno... pero en el fondo, no disfrutaban lo que hacían, porque bastaba que le fuera bien a alguien más para que el ciclo continuara: envenenarse, comer basura y burlarse y envenenarse. 

Hace mucho que no veo a mi amiga... quisiera invitarle una deliciosa coca cola, mientras compartimos anécdotas o una comida. Me siento desgraciada porque no he podido salir por mi trabajo en casa, pero honestamente, si quisiera volver a verla. 

Es bien chingón cuando hablamos, porque, aunque a veces compartimos lo que nos pasa o cuando las cosas no están bien, no nos estamos envenenando cuando comemos, no creemos que es bueno para nosotros que a alguien que nos cae mal le vaya bien. De hecho, muchas personas que no me agradan se han destruido solas. Y esas son las que siempre están criticando a los demás, las que nunca se ven, las que te dicen de lo que comes mientras se toman 1 litro de coca y medio de basura... 

Voy a invitarle esa coca a mi amiga, porque es nuestra bebida favorita y me voy a sentar y tratar de olvidarme un rato de esos dos pendejos y de los demás, de todo lo malo que pasa. Voy a tomar un sorbo y disfrutarla de verdad, porque, pocos placeres hay en la vida. 

Y no lo voy a disfrazar de convivencia el salir a hablar mal de la gente, una vez que esto se acabe, lo más seguro es que serán ellos los que se van a perrear. Puedo predecirlo. 

A esos dos gordos, van a necesitar más que eso en sus vidas. 

domingo, 25 de septiembre de 2022

Dopesick o la génesis de la adicción

 No soy adicta a una sustancia en especial: la mente juega muchas trampas cuando uno está solo, cuando sufre de trastornos o con su genética puede padecer alguna enfermedad. 

He sido adicta al trabajo, al riesgo absurdo, a la tristeza y la soledad. No son sustancias como tal pero dejan algo en el individuo: el creer que en verdad éramos así, cuando en realidad, seríamos profundamente desgraciados sin aquello que es nuestra nueva realidad. 

Nuestro organismo se ha acostumbrado tanto a esta sustancia, a esa emoción, al punto que no sabemos cómo funcionar si no fuera por ella. Es un contexto difuso, en donde nos creemos todo lo que han hecho de nosotros, nos odiamos, nos damos lástima, nos deprimimos. Y luego viene ese estado en donde nos sentimos eufóricos, ese subidón, ese revoloteo interno que nos permite continuar, pero ya no se sabe si somos nosotros por la droga, o nosotros y la droga. 

Un pendejo me dijo que yo no sabía disfrutar la vida, porque, según él no salía de fiesta, no salía con hombres y no fumaba ni tomaba, que lo mejor era que me diera un balazo. Dicha anécdota hace reír mucho a la gente que me detesta, porque le dan la razón a un pendejo drogadicto, que usaba su adicción para olvidar sus problemas de abuso dentro de su familia. 

Al igual que los protagonistas de Dopesick, Pedro no discernía su adicción de las circunstancias que lo llevaron a ella: creía que el odio que se tenía a si mismo era disimulado por el odio que tenía hacia las mujeres, las mismas que le fallaron y que hicieron oídos sordos a su maltrato. Las mismas sin las que no podía vivir para relaciones tóxicas, pero que maltrataba incluso para una amistad. Todas eran un cuerpo, otras no valían porque eran feas, otras valían porque lo rechazaban pero, una vez que la tenía, volvían a ser otra estúpida más. 

Tal era ese ciclo destructivo: irse de fiesta para gritar, para deshinibirse, para tener sexo sin protección y para ser un completo imbécil, para ocultar el dolor, la rabia de no ser querido ni valorado, para encubrir el abuso sexual del que sabía. 

Pero la que tenía problemas y debería morirse era yo. Muchos años después intentó vengarse de mi, pero mi falta de interés y el descubrimiento de su entorno familiar, hizo que pasara de moda muy rápido. 

La génesis de la adicción. 

Betsy (Kaitlyn Dever) es una minera que sufre un accidente de trabajo, se golpea la espalda y se queda incapacitada por unos días. Como vive con dolor, Betsy va con su médico de confianza para que le recete un analgésico, el doctor Samuel Finnix (el genial Michael Keaton). Este medicamento es OxyContin, un opiáceo derivado de la oxicodona. Dicho fármaco fue desarrollado por la farmacéutica de la familia Sackler. 

Desafortunadamente, Betsy y Samuel se convertirán en adictos al medicamento rápidamente, porque ambos viven con dolor y sus asuntos no resueltos serán un catalizador para esta adicción. 

Se observan una serie de eventos que derivan en un problema de salud pública y en una de las peores epidemias de Estados Unidos: tenemos a la familia de Betsy, que lucha con su nueva realidad y tratan de curar esa adicción reduciéndolo a un problema de crianza. También están los agentes Randy Ramseyer (John Hoogenakker) y Michael Friedman (Will Chase), que investigan todas las estrategias, falacias y corrupción alrededor del caso. 

Estos agentes se alían con la teniente Bridget Meyer (Rosario Dawson), la cual sacrifica su vida personal y la entrega a este caso. Ramseyer, Friedman y Meyer lucharán por encontrar una correlación y corregir el etiquetado del supuesto medicamento. 

Finalmente nos presentan a Billie Cutler (el enorme Will Poulter) y Amber Collins (Philipa Soo, la de Hamilton), dos vendedores que saben de los trucos, las estrategias de venta y los sobornos a los doctores para que no sospechen ni investiguen acerca del fármaco. Cutler, aunque es responsable de muchos de los casos, decide actuar porque es consciente y porque tiene que hacer lo correcto. No es un héroe, porque en realidad vendía veneno. 

Y ambientes solitarios, cerrados, problemáticas personales: todo esto te acorrala y se magnifica cuando tienes una adicción. Salen tus fantasmas, todo parece más amenazante, vives prisionero, pero no sólo de ti mismo. 

Al igual que los mineros, los Sackler vienen de un ambiente cerrado: tiene problemas de comunicación, pero se magnifican en los Sackler porque el hijo, Richard Sackler (el maravilloso Michael Stuhlbarg de Call me by your name), es un psicópata, adicto al control y al poder. Sackler vive amargado porque no es valorado por su padre, pero ejecuta su venganza mediante la traición y triangulación. Para él nada será suficiente y no le importan cuantos tengan que morir, por su ambición. 

En lo que la puerca tuerce el rabo es con la mención de los policías para combatir la guerra contra las drogas de prescripción: el jefe de policía John Brownlee (Jake McDorman), habla de los detectives como si fueran unos patriotas, como si fueran incorruptibles y la guerra estuviera perdida. Pero no nos engañemos: la podredumbre, el cagadero y la corrupción son la constante de los gobiernos. Han permitido que lleguen esas porquerías a la gente, han criminalizado a los adictos. 

Dejan que drogas dañinas como el alcohol o medicamentos sean legales y mientras los consumidores y productores de mariguana son colocados al nivel de criminales. Los verdaderos responsables jamás pisarán una prisión o bien compraran una indulgencia. No bastarán dos policías, por muy incorruptibles que sean para detener esta mierda. 

Para el caso del doctor Samuel, la adicción puede ser un síntoma de una enfermedad mayor: un duelo no resuelto, un estancamiento, la necesidad de compañía, el sentirnos insuficientes o frustrados. Por otro lado, para Betsy, los conflictos relacionados con su sexualidad hacen que la adicción sea una necesidad de sentirse normal, de querer ser aceptada. 

He visto a personas que no saben cómo tratar su ira, su narcisismo, su envidia y su codicia, esas personas también pueden ser adictas a esos sentimientos. O adictas a una sustancia que les permita callarse y hacerles creer que son alguien funcional. Luchan con ellos mismos, pero no con la adicción, la adicción les permite vivir engañados. 

Esta serie es intensa e indignante y por momentos parece una pesadilla: porque, para el hecho de enfermarse como para el hecho de convertirse en un adicto, siempre estaremos solos, únicamente nuestra familia, nuestra red de apoyo si tenemos suerte, pero un sistema de salud, un grupo o la ley, de eso no hay nada. Lo cual es muy triste y desesperanzador. 

Mientras hay muchos Samuel, Betsy, Randy, Michael o Bridget están luchando, tratan de encontrar respuestas o ayudar a otros, bastará con los millones y la presencia de un Richard Sackler para sabotearlos. 

jueves, 8 de septiembre de 2022

Canciones con filosofía: Cuanto poder

Ha muerto Marciano Cantero, vocalista de los Enanitos Verdes, grupo argentino que forma parte de lo que se conoce como Rock en tu Idioma. Formó parte del soundtrack de la vida de muchas personas, con canciones como La muralla verde, Lamento Boliviano, Guitarras blancas, Luz de día y el cover de Tu cárcel, que hicieran famosa el grupo los Bukis. 

Honestamente, no me gustaban mucho... era un grupo como para muchachos de prepa. Sabía que había valido madre la peda cuando un wey agarraba su guitarra y se ponía a cantar: Me quieren agitar, me incitan a gritar... Futa, es insufrible esa pinche rola. 

Pero... hay una canción que es una gema del rock en español y es precisamente la canción por la que recuerdo a Marciano Cantero: Cuanto poder. 

Tuve un ex que fue de mis mejores relaciones, la distancia y el tiempo hicieron estragos en lo que parecía ser un noviazgo estable. A diferencia de otro chico con el que anduve un tiempo, con él duré un año y no sólo me quería por mi apariencia. De hecho, nos complementábamos muy bien. 

Era muy buen tipo, sigue siendo, sus amigas a veces me la hacían de pedo porque él no anduvo primero con ellas, pero él nunca fue mal pedo y les decía sus intenciones. La honestidad fue una de las cualidades por la que nuestra relación fue muy sana. 

Supongo que no fue suficiente todo el tiempo invertido, tomó la decisión de irse a otra ciudad para buscar un mejor empleo, pero siempre fue sincero y, aunque me sentí mal, mejor recordarlo bien que por pleitos y cosas hirientes. 

Lo único que a veces no me gustaba era que parecíamos más amigos que novios... A veces analizo y creo que esto fue lo que desgastó la relación, nos besábamos, nos entendíamos y nos queríamos, pero no llegó a ser amor, considero. 

Esa canción la recuerdo bien, la aprendí de memoria mientras estábamos en su coche, recuerdo cuando lo besaba, cuando me sentía muy enamorada y cuando las cosas iban bien. Recuerdo que estaba mejor que nunca y recuerdo haber cantado esa canción con él, a la que describía que: Estaba con madre. 

Recuerdo que era de Chihuahua y lo conocí porque estaba perdiendo el tiempo cerca de donde él cursaba, la química fue inmediata, nos buscamos en el facebook, cuando apenas y conocía esa red social tan pitera. 

Durante mucho tiempo, íbamos a todos lados, conversábamos, nos besábamos y me abrazaba, él era muy guapo y la verdad, yo en esa época estaba bien guapa. De hecho, me veo y me veo increíble, mejor que ahora, por supuesto. 

Esa canción fue el soundtrack de esa relación tan bella: porque cada línea de la canción es cierta. Puedo confimarlo desde mi corazón porque me pasó a mí: porque él rompió los candados de mi amor. 

He hecho muchas disgresiones acerca del amor, he teorizado como he podido con mi nula educación emocional, me he equivocado cuando he creído que me amaron, he rechazado a los que no puedo amar. Me he sentido identificada con Gatsby cuando quiere recuperar el pasado, con Ovidio, con las instrucciones de Alain de Botton, con el mito de Aristófanes en el Simposio... pero nunca me había enamorado como me enamoré de él. 

A su balcón subí sin armadura, dejo de importarme todo, era joven y era feliz, no era que el amor me hiciera estúpida o me hiciera crédula: era que viví una relación que quería. El amor está relacionado con la libertad, con dejar de tener temor; con imaginar, con soñar escenarios imposibles en donde somos los protagonistas, en querer hacer todo con esa persona. Podría haber miles de personas, pero tú lo reconoces y él te reconoce a ti. De esas experiencias que nunca crees que te pueden pasar a ti, hasta que te pasan. 

El amor se basa en sentir que, en verdad, puedes todo

Porque sentirse poderoso, sentirse liberado, es también romper los candados que aprisionan el amor. 

Descansa en paz Marciano Cantero, tu canción me ha liberado y me hará recordar esto por siempre.