domingo, 14 de junio de 2015

La belleza de Betty y Megan



Y terminó Mad Men... están terminando muchas series (Community, Phineas y Ferb, Futurama, Breaking Bad, Glee, por mencionar las que seguí). Pero Mad Men era la perfección: era un guión maravilloso, sobre las caras de la masculinidad, de la diversidad sexual y la represión de la mujer. Un vestuario impecable, escenas impactantes y sutiles a lo que es una de las mejores tramas de la televisión. 

Creada por Matthew Weiner en 2007, esta serie de HBO trata de un hombre que se equivocó en un momento de su vida; de un hombre que suplanta a otro en aras de tener una vida mejor y dejar todo atrás. Pero se equivoca porque no mide las consecuencias que esto trae consigo: mentirle a sus seres queridos, mentir en su trabajo, provocar (indirectamente) la muerte de su medio hermano y estallar una vez que es descubierto. Don Draper trata de tapar sus problemas con el american way of life. 

Mad Men tuvo un final intrigante, que hará pensar a muchos sobre lo que quieren en sus vidas y sobre lo que tienen hacer para lograrlo. Don Draper (Jon Hamm) se aceptó como un manipulador, como un hombre que usa para conseguir su propósito y que todo el tiempo buscó en placeres efímeros (bebida, mujeres, adulterio, sexo, lujo) todo lo que no podía encontrar. Al final, este personaje (un antihéroe), tiene un punto, nos tenemos a nosotros mismos, y de ese conocimiento podemos controlar dos factores: a nosotros y a los otros. 

Draper tenía que aceptar su destino, que la felicidad no era una fórmula, ni siquiera se encontraría en una relación. Toda la serie mintió, uso a mujeres, uso los placeres, reemplazó a una mujer con otra, fue exitoso en su trabajo después de fracasar estrepitosamente, humilló a las personas con quien trabajó... pero después supo levantarse, haciendo lo que mejor podía hacer: vender una mentira, una que perdurara por siempre. 

La serie tuvo grandes momentos, al examinar la homosexualidad, la discriminación hacia las mujeres (persistente), la infantilización de las mujeres para que puedan ser manipuladas; la manipulación mediante la publicidad, el acoso sexual, la masturbación femenina, la rebeldía adolescente, las enfermedades mentales y la producción de una estrategia para acumular la riqueza. Muchos de los talentos que tenía la agencia no fueron los más favorecidos con sus estrategias comerciales, pero, ciertamente, la cuestión de superar una situación inicial estaba vinculada con el trabajo, con el ingenio para escalar socialmente, con la mejor manera de venderse. 

Las mujeres en Mad Men. 

Pero lejos del final, que ya es parte de una colección de momentos estelares de la televisión, echemos un vistazo a un tema que no pareció tan relevante: hablo de las mujeres en la escena de una serie que presentaba temas muchos más masculinos. 

Tenemos a Peggy Olson y Joan Holloway: que lograron combinar la vida profesional con la personal, un reto de la mujer hoy en día. Peggy encontró a su pareja justo en su lugar de trabajo, empezó con intimidación, después con sutiles guiños a una de las relaciones más espontáneas de la pantalla chica. La pareja de Peggy empezó como un patán y terminó como todo un galán. 

Joan Holloway, la pelirroja de grandes proporciones, siempre acosada y vista por su físico, fue de las más inteligentes en subir la escala laboral. Pese a no ser tomada en cuenta por sus compañeros y por colegas (a veces Peggy la rebajaba a secretaria) era la más astuta y vivaz de las mujeres de Mad Men, tuvo su oportunidad de subir por su cuerpo, por favores sexuales: pero ella eligió el trabajo y ser más inteligente que bella. 

Hubo otro personajes, como la hija de Roger Sterling (John Slattery), que en un arranque de rebeldía abandonó a su familia para irse a una comuna hippie, aquello fue un signo de su infantilización, y fue una reflexión sobre el verdadero empoderamiento de la mujer. Si Roger hubiera abandonado todo sería una especie de divertimiento para un niño eterno. Pero su hija... con ella es diferente, porque lejos de actuar irresponsablemente, refleja el abandono, la ruina que significó para ella una posición acomodada y el haber sido madre a temprana edad. 

Marie Calvet, madre de Megan, la segunda esposa de Don, conoce a Roger Sterling en la entrega de los Clío (el premio a los publicistas), tiene sexo con él al momento de conocerse, y eso es suficiente para que nunca se olviden ni dejen de amarse: al final Roger encuentra su lugar con una zorra plateada igual que él, una mujer segura de sí misma, que buscaba ser feliz con su genuino respeto. 

Secuencia a lo Paul Thomas Anderson. 

Aunque vimos a muchas de las mujeres encontrar su lugar y mantener su felicidad, también observamos dos historias telenoveleras, relacionadas con las esposas de Donald Draper. 

Primero tenemos a Megan, la segunda esposa de Don Draper, de la que se enamora espontáneamente después de un viaje a Disneylandia con sus tres hijos. Don la percibe como una mujer que lo cuidará, con la llegará el verdadero cambio. Es una francesa, aspirante a actriz y publicista; inocente, sensual. Con ella Don vive muchos momentos de pasión, casi cuando creemos que el publicista sentará cabeza... la engaña con su vecina. 

Megan se siente atraída por la publicidad, como una forma de estar cerca de Don, pero su pasión es la actuación. Aunque intenta ser independiente, Megan siempre parece depender de Don para ser vista. Su belleza, aunque parece una gran virtud, muchas veces es su peor defecto: Megan sólo es percibida por eso, por ser bonita, alta y delgada. No por su talento, sus ideas o la forma en que se preocupa por los demás. 

Fue acosada muchas veces por sus compañeros de trabajo (como el patán de Harry Crane), objeto de burlas después de su baile en el cumpleaños de Don (el Tsou bisou), que todos calificaron como una escena. Aunque fue un momento estelar de la serie, lo importante fue todos los chismes que surgieron después: como un momento de pura sensualidad, puede ser destrozado por una bola de pervertidos. 

Betty, la primera esposa de Don, con la que también engañaría a Megan. Es la típica muñeca: servicial, modelo, rubia. Draper le mintió, engañó con otras mujeres y frenó su carrera en los reflectores. Betty es una niña por dentro: su hija es mucho más madura que ella. Tiene una especie de romance con un niño de su vecindario, que después sería novio de su hija Sally. 

Betty también fue acosada por el jefe de Don, Roger Sterling, es tratada como una muñeca que no puede pensar por sí misma. Y a menudo necesita a un hombre que la cuide, que la vea como una mujer indefensa. Obtiene su revancha de Megan cuando seduce a Don en unas vacaciones. Su final es que es diagnosticada con cáncer, espera a que llegue la muerte mientras se abandona, lo cual es muy triste. Betty se va tan sola como se sentía. 

Cuando observaba el final, que fue como una película larga, me preguntaba: ¿y si hubiera sido una telenovela mexicana? ¿Quién habría aceptado el final? Mad Men no le hablaba a todos ¿o sí? Sucede que ninguna de las protagonistas terminó con un final feliz: se entiende que Megan probará suerte en sus relaciones amorosas, al ver el ejemplo de su madre, ciertamente feliz con Roger Sterling, pero no se sabe si probará suerte en el mundo de la actuación, no se sabe qué pasará con ella.

Betty tampoco tiene suerte: pese a su porte, pese a todo lo que consiguió, pese a que pudo dejar a Don Draper, se ve derrotada por una enfermedad. Si fuera una telenovela, Draper acabaría pagando por engañar a sus dos mujeres... o acabaría él con la enfermedad, no lo sé. Ellas, como son las bonitas, de seguro iban a tener todo lo que quisieran, Megan como actriz, Betty como ama de casa modelo. O quizá hubieran perdonado a Don 

Ambas eran el prototipo de belleza de una telenovela: una francesa de cabello negro, con toda la energía y la belleza exquisita. Y la otra era una rubia bellísima, casi parecida a Grace Kelly, pero en lo único que se parecía es que su vida sería desafortunada. 

Ninguna terminó bien, ninguna fue feliz para siempre. Mad Men nos dice que no es suficiente la belleza, ni las curvas, ni el porte, ni el amor, cualquiera que sea nuestro concepto, para ser feliz. Es probable que ese final que esperamos no sea el que ven nuestros ojos, sino uno más enriquecedor. 














sábado, 13 de junio de 2015

Los buenos programas: Supersize vs Superskinny

Esta sección es patrocinada por: tengo más tiempo para ver programas por internet: así que hay que ponerse al corriente a ver todo lo que no se vio este semestre por hacer todo al final del día. 

I.

Todos tenemos problemas con la comida... el ser flacos no nos impide tener malos hábitos alimenticios: desde dejar de comer, hasta comer demasiado porque no suben de peso. Recuerdo que tenía compañeros que comían 2 tortas en el descanso. O comían seis enchiladas. Como no se notaba la hinchazón en sus estómagos, no había nada de qué preocuparse.

Recuerdo que yo tampoco me quedaba atrás: comía cuando me daba hambre y luego aguantaba hasta siete horas, a veces comía por ansiedad, por miedo... a veces así me sentía mejor. O sentía que lo necesitaba: comer estar ligado a un sentimiento.

Muchas de nuestras creencias sobre la comida, sobre nuestra rutina, se encuentran en nuestra educación familiar: sentimientos sobre un comportamiento, sobre determinados alimentos, sobre el hecho de no colapsar cuando hacemos un esfuerzo.

En nuestra familia se encuentra nuestra información genética: enfermedades, predisposiciones, rasgos similares: si somos gordos o flacos, si seremos diabéticos o no si nos cuidamos. En familia sabemos que hay que hacer un esfuerzo conjunto, pero no siempre lo hacemos. 

La comida es protección: para aguantar un día difícil, una desvelada, un mal momento. La comida en familia propicia que la gente coma mejor. Pero no evita que las personas se desvíen del camino. La comida siempre está ahí. 

II. 

He visto muchos reality shows: donde humillan a la gente por ser como es, la culpan por ser gorda (cómo los de la doctora Gillian Mckeith); donde promueven que la idea de ser gordo e ignorante es algo relacionado con el estilo y no con lo grotesco (Here comes Honey Booboo); donde disfrazan lo aspiracional con ser una attention whore y con ser una golfa (Keep up in with the Kardashians), donde siempre exponen a la gente (cualquier show con temática y panelistas). Pero nunca vi algo como esto: Supersize vs Superskinny. 

Este es un show conducido por el doctor Christian Jessen, de vez en cuando invita a periodistas y colaboradoras para hablar sobre temas como la obesidad, el cuerpo perfecto, la imagen en los medios, las cirugías y las bases biológicas de los trastornos como anorexia y bulimia. Estos casos, si bien tienen un seguimiento, a veces fungen como reportajes de color para llenar el tiempo del programa. 

El programa presenta dos casos en conjunto: individuos peligrosamente obesos, y, en el otro extremo, individuos peligrosamente bajos de peso. Ambos tratan sus problemas con la comida: sus creencias, sus aficiones, sus temores. A veces son diferentes, a veces ¡son las mismas! 

La metodología que sigue el programa es que el individuo obeso sigue la dieta del individuo delgado, y viceversa. Así, tienen una especie de epifanía: ¿por qué ellos comen algo que no le darían a otro? ¿por qué comer algo que parece repugnante? Ellos saben que se someten a cierto tipo de tortura, ambos se matan de hambre, ambos tienen miedo de comer y ambos no saben cómo comer bien. 

Porque ser delgado no es la felicidad, ni la gordura lo es. Porque nadie sabe cómo cuidarse y cómo seguir una dieta. Creemos que los chocolates, saltarse comidas y el refresco nos aportan algo. Creemos que no merecemos comer bien, asociamos la comida con sentimientos y con ideas que no sabemos afrontar. 

III. 

Recuerdo que nunca aprendí a comer pese a todos los insultos y humillaciones que me decían... recuerdo que siempre creí que comer mucho era ser, de algún modo, sano. Pero cuando sufres de gastritis, cuando te queda ese sabor acedo en la boca... cuando no puedes dormir ni rendir por lo que comiste y sólo comer jitomates crudos te quitan la sed y el hambre... es hora de buscar ayuda. 

Porque al final somos humanos: creemos que algo es la felicidad, tenemos inseguridades asociadas con el cuerpo, el cuerpo es un fascismo; no sabemos aceptar un halago. No sabemos cómo amarnos. 

Y aunque el programa es algo imparcial con los obesos (se aborda la tesis del costo de la obesidad, ser gordo atrasa al país, tú sabes). El programa es más de la dismorfia corporal, de reconocer al otro y de entender que también es humano: que no es feliz con su cuerpo y que no sabe qué hacer con lo que tiene. Muestra que estamos en constante diálogo y a veces, podemos llegar a la misma conclusión con diferentes creencias. 

Al final nos aceptamos, nos cuidamos y tenemos lo que importa: LA SALUD, no el cuerpo de modelo, no el concepto torcido de belleza, no la aceptación de todo... La salud, el bien más importante para acabar con ese fascismo del cuerpo. 

No está subtitulado, pero es un gran comienzo que conozcan esta serie de la BBC 4. 


domingo, 31 de mayo de 2015

Cuando tener sexo se volvió complicado

Por desgracia no he escrito últimamente, por algunas cosas: 

- Tengo mucho trabajo
- Tengo mucha tarea
- No le doy a ninguna de las dos
- Estoy cansada. 

Sucede que cuando uno busca a una persona, tiene qué conocer sus ideas respecto al noviazgo, del romance, de la forma en que prefiere a las personas. Eso por si le interesa platicarlo o si al menos está interesado en ti. 

Foucault dice que la educación sexual se divide en scientia sexualis y en ars erotica. En la scientia sexualis tenemos el conjunto de conocimientos, de información sobre la práctica sexual. Lo nombres de nuestros órganos, cómo funcionan. Básicamente, es todo lo que contiene un libro de texto, cualquier manual. Lo que científicamente se tiene qué hacer con ellos. 

Por otro lado, tenemos la complicada ars erótica... y es complicada por el hecho que, de elementos no sexuales, elementos de diversos tipos, de otro carácter, vamos a una situación sexual. 

Tengo diversas interpretaciones de este texto, uno de los primeros que me convenció de no ser filósofa, como de serlo. Creo que si se entendiera más la ars erótica, no habría necesidad de tanta scientia sexualis.

Y más allá: la educación, además de tener ad nauseam la scientia sexualis, la usamos para el miedo: no uses tus órganos así, no te toques de cierta manera, no te embaraces a cierta edad, pero tampoco a otra edad, si haces esto tendrás enfermedades..., cómo tienes que ser. Algo de eso lo encontrarás aquí.

De igual manera, cuando conocemos a alguien sólo se trata qué scientia sexualis, (pero disfrazado de curiosidad y de morbo): qué sabes hacer, saber poner un condón, sabes hacer tal práctica sexual (y la calidad de esa práctica se mide con tu calidad de persona); qué conoces del sexo y si te gusta... es una presión muy grande. 

Y lo peor: tanto si tienes práctica como si no la tienes, es lo que vales: o una zorra o una mocha, no hay punto medio, no hay ars erótica. 

La ars erótica se mete con lo sentimientos, con el conocer, con entender lo que te gusta. Qué flojera, mejor scientia sexualis: mejor perder el respeto e intelectualizar lo que sentimos y lo que queremos en ese momento, la inmediatez. Lo sencillo: a la mierda tu ars erótica. 

Y por desgracia, la scientia sexualis es lo único que importa, el sexo puro y duro. El sexo con toda la técnica que le rodea, sentir, eso es para débiles. Conocer, es para imbéciles. 

Tener sexo se ha vuelto muy complicado. 




Canciones con filosofía: Tempted

Caí en el mismo error, nuevamente, otra vez... El más común de los errores, el de un principiante. Me enamoré de alguien que ya tiene pareja.

Tal vez sea sólo química, una gran empatía, pero cada vez que hablamos se siente esa magia, quiero besarlo y quiero abrazarlo. Pero él ya tiene a alguien, pero se me olvida, pero el corazón y la razón están separados. Pero... 

Cualquier pero vale para hacer lo que uno quiere y lo que uno no quiere. Inconscientemente quiero que sea mío, le llamo, lo cuido, le procuro. Él parece corresponder: en parte creo que es porque quiere tener lo mejor de dos mundos, en parte creo que siente algo. 

Me siento tentada... aunque sé que es de otra, tentada aunque la verdad se descubra. Esto es la extensión de mis sentimientos. 

Y evito pasar por los lugares que él y yo frecuentamos, un bar, un parque. No quiero que me asalte su recuerdo. No quiero que él me importe, no podemos enamorarnos. Pero sucede, y no se qué pasará. 

No ha sido la primera vez, si yo fuera la otra mujer, claro que me molestaría, claro que me gustaría confrontarla: porque no hay espacio en un corazón para dos, ni más. Pero aún así, mi tentación sigue. 

Seguiré así, pero la verdad será descubierta, aunque no haya otro. 

Esta canción, original del grupo Squeeze, es interpretada por Richard Thompson, un intérprete se descubre por los covers que hace. 



jueves, 28 de mayo de 2015

Whatta tasty burguer!!!

O lo que es lo mismo: qué hamburguesa tan sabrosa. Damn!  

Post patrocinado por los amigos de Stampa de Mar... ¡¡¡¡qué ricas hamburguesas, qué rico olor!!!! ¡¡¡Qué platillos, qué ambiente!!!

Estaba en la Roma cerca de la plaza de río de Janeiro, no hace mucho que lo había visto porque mi búsqueda culinaria es incansable.

De Burguer Man (Mick Marcy en Moderatto/Marcelo Lara) me puse a indagar sobre una serie de hamburguesas. De las hamburguesas artesanales, pasé a las hamburguesas sin carne: portobello, camarón, pollo y por supuesto, el hermano más inteligente y sabroso de la comida: EL SALMÓN. 

El salmón: que recientemente superó al jamón en las baguettes, al pollo en las dietas, al atún y cazón en la parrilla y al peperoni y peperami en las pizzas. Salmón: delicioso y aceitoso, delicioso con queso crema y aderezos... con aceitunas negras y alcaparras: a cualquiera le aflojaría el síndrome europeo (cuando pruebas demasiados ultramarinos y comida mediterránea, y ya te sientes del otro lado del charco). 

Lamento tantas bromas, philosofellas, pero fue tan rico ese platillo, que me lo volvería a comer, nada más para eso juntaría mis domingos: la maravillosa hamburguesa de salmón. Con aderezo y bollo de centeno, una hoja de lechuga, jitomate grande, cebolla morada y papas curly, las cuales no saben a grasa... Pero no importa porque las opaca el maldito salmón. 

Se me hace agua la boca de recordarlo: una carne muy suave, aceitosita, la cual no cae pesada, un pescado muy limpio y con mucho sabor. La salsa es agridulce, pero picosita, el aderezo se parece al de chipotle. 

El salmón, superó a la carne congelada y la de res... lo lamento pero te seré infiel hamburguesa común. Cuesta un poco más de 100 pesos, pero vale cada centavo: lo vale hermano. 

Próximamente iré a probar la hamburguesa de camarón. Y la de portobello, pero en Chazz. Pero únicamente por el blog, lo hago por la difusión. Es lo mejor. 

Stampa de mar, mi nuevo lugar favorito, más que el deli que está por insurgentes. 

Sencillamente lo amo. 

miércoles, 8 de abril de 2015

La maravillosa privacidad del baño público.

Cierto día tenía un que ir a la escuela... pero en casa no estaba disponible el baño. Tenía pensado buscar unos por Mixcoac, intento que se vio frustrado porque peleé con la familia. Lo acostumbrado. 

Y entonces me decidí: me iba a ir a bañar sin importar nada, era momento que me dedicara tiempo, que no me postergara por nadie. Quería sentir que dos horas el mundo no existía. No me metí a un cine, no me dormí, no me metí a internet a ver una serie. Me bañé. 

Aunque había gente alrededor, limpiando y en el mostrador, me asombró algo: no era un hotel, no era había cámaras como decían las leyendas urbanas... era que se sentía una absoluta paz. Algo que no sentía en mi casa... que no me había acostumbrado desde que llegó mi adolescencia y los secretos estaban prohibidos: Había PRIVACIDAD. 

Antes acostumbraba a decir todo a todos... a hablar de lo que fuera, con quien fuera. Ahora valoro la soledad, el tener pensamientos para mí, el estar conmigo, en vez de estar con otros. Mi creciente individualismo se ha agudizado con los años. 

Pero regresemos. 

El baño, era un espacio de posibilidad, escuchaba la tele mientras disfrutaba del vapor. Y después del agua fría y después de la caliente. El mundo es otro cuando te bañas con agua caliente; cuando no hay alguien que se baño antes que tu y dos que siguen porque tienen que irse a trabajar. 

Dejé todas mis cosas regadas en el camastro: nada de moverme al tocador o de agacharme para ponerme crema: con una pequeña bolsa de viaje, tenía todo a la mano, en el camastro. 

Y ponía la tele a un volumen razonable y ¡se oía!, no tenía que escuchar a otros. No tenía que poner atención de un maldito teléfono, porque a algún imbécil se le había ocurrido hablar a esa hora. No tenía que tener pudor o jalar las cortinas, por temor que algún pervertido me viera: era mi cuarto, rentado, pero mi primer cuarto. 

Podía correr para secarme, usar todo el gel de baño que quisiera... esperar a que pasara la lluvia, ordenar algo de comer, era mi tiempo, era yo, para mí, mío. 

Los mejores son los baños turcos: tienen su propio wc, una división con el vapor y otra con regadera ¿en verdad necesito ese espacio, pensé la primera vez? Si, claro que sí: me lo debía, era para que estuviera cómoda y sin nadie más. Era para que pudiera asearme y por una hora, tal vez media más, me olvidara de que el mundo existe. Por todas esas veces que se acaba el agua caliente o que no hay espacio para mí. 

Eso era lo que necesitaba: un espacio para mí, lejos del mundo. Donde sólo existe seguridad, agua y olores deliciosos de geles de baño, shampoo, exfoliante y crema para el cuerpo. Quería mi propia habitación, para hacer lo que me diera la gana. 

Ahora veo por qué las grandes novelas se escriben en cuartos de hotel... por qué necesitamos esa privacidad... ¿será bueno vivir en un hotel? ¿será más cómodo que una casa? 

Amo los baños públicos: desde el ritual de buscarlos, llegar, pedir un servicio de turco, ver los mosaicos, el agua que golpea la espalda y la masajea... la toalla que no tienes que lavar, el tiempo perfecto para bañarte. Nunca pude hacerlo en media hora... odio las malditas prisas, escupo sobre el tiempo que corre, aunque sea cíclico. 

Los baños públicos... el nuevo espacio para relajarse que un filósofo adoraría. Iba a hacer un top 10, pero esos secretos me los llevo a la tumba, como las buenas bibliotecas: entre menos gente mejor. 

Y hay tantos en el distrito que quisiera conquistar... pero al tiempo, que habrá mucho tiempo robado para mí. 





martes, 7 de abril de 2015

Canciones con filosofía: Maybe Tomorrow

Estoy quemada... algo así como un burnout syndrome que empezó desde que combiné el estudio con trabajo. Estoy harta, me siento harta, no quiero hacer ni madres... quisiera estar acostada todo el día, pero tengo que ir a la escuela y al trabajo, además, me invitan a una que otra tocada... la cual cancelo al final del día, cuando observo que no puedo. 

No puedo, no puedo, no puedo, es lo único que está en mi cabeza: no puedo terminar, no puedo dejar de escribir, no puedo despegar mi trasero del asiento y no puedo despegarme de la computadora... Tengo que cazar el varo, después gastarlo en cosas que no necesito... para después ahorrar más y tener otras cosas... Y así, hasta que muera. 

Me pregunto ¿dónde quedó esa vaga soñadora, que le valía todo madre, que sólo quería viajar por el df en cualquier camión, que era feliz con menos de diez pesos en el bolsillo? No lo sé... esa vaga se dio cuenta de que le encantaba el dinero, que necesitaba cosas... irónicamente, quería dinero para estar tranquila... Pero gran desilusión: que ahora debo hacer cuentas, gastarlo y no malgastarlo... estar al pendiente de la escuela, de vendedores de cabecera... contar los recursos que tengo (lista de super, servicios médicos, libros, camiones, gastos hormiga, discos y camisetas de Silverio) Algo dentro de mí ya no se divierte, aunque sea libre. 

Yo no quería esto, no se cómo afrontarlo... tengo que trabajar, crecer... ya no dejo las cosas para mañana. 

Mañana: ese tiempo eterno que me permitía encontrarme, lejos de postergar, era estar mejor preparada... pero ahora el mañana trae consigo más trabajo, cuentas, libros que revisar y presupuestos... Perdonen, philosofellas, es lo único que pienso. 

Tengo poco tiempo para mí... rara vez lo cumplo: antes todo el tiempo era para mí. Hasta la caminata más simple al instituto me calmaba de un día terrible... ahora ya no voy ahí ni por error: desvía mi camino al trabajo. Prefiero ir al centro comercial o a la librería cara que está cerca. 

Y si tomo tiempo para mí, es en lo que dura mi serie, en la noche, 6, tal vez 7 horas. Y a seguir, porque esto es mi responsabilidad, aunque me caiga a pedazos. 

Prefiero los baños públicos... en ellos hay toda una exquisita privacidad. 

Ni las cosas que me hacían felices me calman ahora... tal vez porque no eran un tiempo, eran mi modo de vida. Quería arreglar mi guitarra, tal vez unas cuerdas nuevas para cantar y tocar otra vez. No puedo. La verdad es que no tengo tiempo. Ni de llorar este cambio, estoy muy ocupada. 

Tal vez mañana, mañana philosofellas, se borren las nubes grises y encuentre mi camino a casa. Tal vez mañana, se acabe el trabajo, y tenga dos o tres días para dormir. 

Mañana... mañana, siempre mañana. 


Gran canción de los Stereophonics que descubrí gracias a Jis y Trino... qué tiempos.