No es una especie de mierda autocomplaciente... pero nunca he pensado que soy rara. No, la verdad es que no... he intentado ser rara, destacar de alguna manera, entender la rareza, pero sólo la disfruto: porque no soy rara.
Y no me malentiendan: yo admiro la rareza, intento comprenderla... pero es como una perla preciosa, es difícil de encontrar. Es difícil ser raro, lo más común es ser normal. Lo normal es ser normal.
Creo honestamente que la rareza es un privilegio de pocos... no es ser incoherente, no es ser contradictorio, no es pensar diferente ni creer cosas supuestamente excéntricas. La rareza es de lo más difícil de alcanzar.
Se puede comparar con la locura y no se compara con el insulto cuando no quieres aceptar al otro: ser raro es tener ideas que son contraintuitivas, que no tienen sentido y son ejecutadas de forma diferente. Es compartir dos, tres, infinidades de mundos. Y pensar con ideas perfeccionadas cada vez.
La rareza no tiene nada que ver con la soledad, con la familia; tiene que ver con el individualismo... con el hecho de entender varias cosas a la vez. No siempre tiene que ver con ser inteligente: hasta hay una especie de inteligencia que funciona, porque no es pensar dentro de un marco común.
Ejemplos de rareza hay muchos: David Byrne, Kurt Goedel, David Lewis, James Joyce, Bob Dylan, Gustav Klimt, Egon Schiele. David Cronenberg, Todd Solondz... Disfrutamos la rareza por sus frutos, mas no por concepto ni porque sea complaciente con todos. Disfrutamos la rareza por la polémica, el asco, la diferencia, el reto que implica comprenderla. Por esas mismas razones también la odiamos, la quemamos, censuramos o caricaturizamos
A la forma de Gombrich: no existe la rareza, sólo los raros: los raros son pocos y son los que hacen las revoluciones, los que cambian mentes y corazones, los que nos ponen el otro lado de lo que creemos, los que nos retan, nos hacen odiar y amar lo que hacemos... Raros son los que cambian el mundo.
Y... cuando a mí me lo han dicho como una especie de insulto, me asalta la incertidumbre, me rasco la cabeza, se descomponen mis razonamientos. Porque es muy difícil hacer algo, yo no he hecho nada (más que molestarlos, claro). Yo no alcanzo tan privilegio.
Creo que este monólogo interno me ha hecho descubrir que no se, con ninguna seguridad, qué es la rareza...
sábado, 18 de julio de 2015
miércoles, 15 de julio de 2015
The Big Lebowski o lo intraducible
Cuando terminé de ver El Gran Lebowski, tenía dos pensamientos:
- O bien no le entendí
- O bien no soy un hombre
La historia se centra en The Dude (Jeff Bridges) y su grupo de amigos (John Goodman y Steve Buscemi), los cuales se ven envueltos en una conspiración, después en una especie de viaje (en auto y bajo el efecto de las drogas), después The Dude se involucra con una mujer y trata de convencer a sus amigos para que lo acompañen a los bolos. Es una montaña rusa, guiada por los hermanos Coen.
Aunque regresaré a esto, quiero aclarar que la película es muy buena: cancela toda posibilidad de pensar acerca de la trama. Tiene muchos elementos mágicos como una parte musical, explosiones, drama policial, un torneo de bolos, una actriz que parece emular a Lauren Bacall, un vaquero que no sabemos si está en la mente de The Dude o existe en verdad y una trama que no tiene sentido. No es para filosofar, es para fumar y pasar la bacha. Y permanecer tranquilo como The Dude.
Podría poner el problema del sentido, la forma de ser de The Dude o tal vez el hecho de que partes inconexas hacen una conexión. Pero honestamente, me la imaginaba diferente. Es divertida, pero creo que el significado de la vida o algo que deba saber... pues no, la verdad no.
Lo intraducible
Lo que he investigado de esta película, la mayor genialidad, las mejores opiniones... han venido de hombres. Me gustó de cierta manera, pero como que no conecté con The Dude, ni con el personaje de John Goodman, incluso no conecté con el personaje de Julianne Moore. Pareciera que parecerse a The Dude es una especie de fase o rito iniciático que marca una especie de momento (la pubertad, cuando empiezan a beber o quizá a fumar, no lo sé). Supongo que es una especie de película para hombres, hay algo, pero no se descifrarlo porque no lo entiendo.
Aunque la encuentro divertida, impredecible y confusa, me parece que es algo así como una película de amigos, de divertirse, de estar un poco en onda como The Dude y dejar que todo valga un poco madre, como una especie de porro que dura dos horas, tal vez más. Tal vez The Dude sea un estilo de vida.
Me gustó mucho más Fargo de los Cohen, me identifiqué con la embarazada Marge.
- O bien no le entendí
- O bien no soy un hombre
La historia se centra en The Dude (Jeff Bridges) y su grupo de amigos (John Goodman y Steve Buscemi), los cuales se ven envueltos en una conspiración, después en una especie de viaje (en auto y bajo el efecto de las drogas), después The Dude se involucra con una mujer y trata de convencer a sus amigos para que lo acompañen a los bolos. Es una montaña rusa, guiada por los hermanos Coen.
Aunque regresaré a esto, quiero aclarar que la película es muy buena: cancela toda posibilidad de pensar acerca de la trama. Tiene muchos elementos mágicos como una parte musical, explosiones, drama policial, un torneo de bolos, una actriz que parece emular a Lauren Bacall, un vaquero que no sabemos si está en la mente de The Dude o existe en verdad y una trama que no tiene sentido. No es para filosofar, es para fumar y pasar la bacha. Y permanecer tranquilo como The Dude.
Podría poner el problema del sentido, la forma de ser de The Dude o tal vez el hecho de que partes inconexas hacen una conexión. Pero honestamente, me la imaginaba diferente. Es divertida, pero creo que el significado de la vida o algo que deba saber... pues no, la verdad no.
Lo intraducible
Lo que he investigado de esta película, la mayor genialidad, las mejores opiniones... han venido de hombres. Me gustó de cierta manera, pero como que no conecté con The Dude, ni con el personaje de John Goodman, incluso no conecté con el personaje de Julianne Moore. Pareciera que parecerse a The Dude es una especie de fase o rito iniciático que marca una especie de momento (la pubertad, cuando empiezan a beber o quizá a fumar, no lo sé). Supongo que es una especie de película para hombres, hay algo, pero no se descifrarlo porque no lo entiendo.
Aunque la encuentro divertida, impredecible y confusa, me parece que es algo así como una película de amigos, de divertirse, de estar un poco en onda como The Dude y dejar que todo valga un poco madre, como una especie de porro que dura dos horas, tal vez más. Tal vez The Dude sea un estilo de vida.
Me gustó mucho más Fargo de los Cohen, me identifiqué con la embarazada Marge.
viernes, 10 de julio de 2015
Arianna y los Fitness vs los gordos
Todos queremos vernos como las estrellas, de hecho, seguimos sus dietas, copiamos sus estilos, preguntamos al hair stylist como hacer para que nos veamos iguales. Cabello, ropas, estilo de vida... totalmente aspiracional.
El filósofo Charlie Brooker describe que, en los medios y en la televisión, no hay parámetros para mostrar una imagen real de las personas: así, tenemos a chicas de 27 que interpretan papeles de 20 y viceversa, o bien adolescentes perpetuos, niñas perpetuas vestidas como prostitutas, infantilización de los sexos para que sean manipulables: una imagen meramente comercial.
Ciertamente, la imagen corporal es producto de muchas neurosis: si no te ves de cierta manera eres un asco, nadie puede quererte, nadie puede aceptarte (lo cual no tiene sentido); atrasas al país porque le cuestas millones, no podrás encontrar trabajo, pareja o triunfar. Tienes que cambiar.
Y tratas de informarte, pero la pantalla es el peor maestro: foros de internet, dietas con bases pseudocientíficas, personas tristes, insatisfechas con el cuerpo, insatisfechas con su ser... las observas y lo único que puedes hacer es comer una hamburguesa, o servirte otro vaso de refresco.
Oí de cierto locutor, que la gente, frustrada porque no podía verse como las personas de aquella dictadura del cuerpo, comía más, se enfrascaba en un pozo de desesperación, se daba asco y se enfermaba... no siempre es tan extremo: generalmente ya estaban mal con otras cosas y un punto que detona sus trastornos, son los problemas que no enfrentan.
Y cuando los enfrentan, vaya lío, salen culpas, frustraciones, enojos, la comida es el enemigo, los demás son unos gordos asquerosos y enfermos, la gente delgada es feliz, la gente delgada es más atractiva, hay que laxarnos, hay que comer pocas calorías y matarnos de ejercicio y presumir el cuerpo que tenemos ya modificado. Porque ser como uno jamás, antes la muerte.
Arianna Grande, estrella juvenil y cantante, es una muestra de ello: lamer donas en un establecimiento, para después no comprarlas y luego alegar que le dan asco: asco su país, asco la porción y el azucar, asco la grasa, asco la gente que las compra... Y muchos aplaudimos, porque siempre habrá gordos asquerosos, chivos expiatorios que tienen problemas, menos yo.
Recuerdo historias de anorexia en la farándula, gente que se imponía mucho, que tenía que ser perfecta. Modelos adictas a la cocaína. Naomi Campbell sólo tomo jugo de piña por un mes para verse perfecta en un desfile, personas con dismorfia corporal que se someten a más operaciones para verse bien en las fotos. ¿Cuándo la gente se volvió tan neurótica? ¿Cuándo nos volvimos tan demandantes de algo que no podíamos hacer?
Este es el asunto: miles de personas desaprueban a alguien por cómo se ve, por su ropa, por la forma en que su cuerpo es. Salen del gimnasio, con sus licras pegadas, después de tomarse una selfie o belfie, sublimando su exhibicionismo, mostrándose a otros y creyendo: soy una mejor versión de mí, soy mejor porque 'me cuido', porque puedo controlar la comida y el ejercicio. Craso error.
Deberían filmar sus reacciones cuando alguien pasa con una bolsa de papas o con algún bocadillo: les echan los ojos, se les van encima, miran al obeso como un terrorista, como alguien que no cabe en su mundo (jajaja, no cabe un obeso, clásico), alguien que no tiene razón de ser, con lo orgánico, con el fitness, con el internet lleno de rutinas y los grupos para hacer dietas...
Y creen que la gente que es obesa lo es por ser imbécil, porque no se controla, porque no es tan o más mejor que ellos, ¡oh poderosos fitness: muéstrenme el camino! ¡ayúdenme porque no tengo a donde ir! quiero ser parte de ustedes porque solo existen dos tipos de personas en el mundo...
Y si les respondes que si hay algún plan para financiar la dieta... aparte de obeso y pendejo, eres jodido: un ser que no invierte a largo plazo, que nunca saldrá de su situación, que no ahorra para un gimnasio ni para productos orgánicos carísimos, que no saben bien y que tienen otras propiedades que los hacen menos sanos... ¡Claro! Yo no me cuido, tu sí, tu eres delgado porque eres mejor que yo.
Lo único que veo ante esas dos formas de vida es desesperación: delgados increíblemente infelices por no comer una mísera dona, jamás... desaprobando a quien lo hace. Obesos, increíblemente infelices por ser catalogados enfermos, por ser estigmatizados y burlados por su forma de comer, presa fácil de burlas de gente corta de ideas, claramente en otro analfabetismo.
¿Se han preguntado de dónde viene su intolerancia? ¿No será que las rutinas, las ensaladas, carnes magras y estilo de vida no arrojan por la borda sus prejuicios, creencias idiotas y tremendos errores categoriales? ¿No será que su mal humor, sus explosiones de ira contra los gordos, son un reflejo de lo mucho que se odian a sí mismos?
Cada vez que los veo, quiero comer una hamburguesa... mas no por desesperación, sino porque puedo hacerlo con toda la responsabilidad que trae consigo mi elección. Y cada que veo esas historias, lo único que quiero es declarar que las personas deberían aprender a vivir con ellas mismas y dejar de hacerse daño con el fascismo del cuerpo y la vanidad.
El filósofo Charlie Brooker describe que, en los medios y en la televisión, no hay parámetros para mostrar una imagen real de las personas: así, tenemos a chicas de 27 que interpretan papeles de 20 y viceversa, o bien adolescentes perpetuos, niñas perpetuas vestidas como prostitutas, infantilización de los sexos para que sean manipulables: una imagen meramente comercial.
Ciertamente, la imagen corporal es producto de muchas neurosis: si no te ves de cierta manera eres un asco, nadie puede quererte, nadie puede aceptarte (lo cual no tiene sentido); atrasas al país porque le cuestas millones, no podrás encontrar trabajo, pareja o triunfar. Tienes que cambiar.
Y tratas de informarte, pero la pantalla es el peor maestro: foros de internet, dietas con bases pseudocientíficas, personas tristes, insatisfechas con el cuerpo, insatisfechas con su ser... las observas y lo único que puedes hacer es comer una hamburguesa, o servirte otro vaso de refresco.
Oí de cierto locutor, que la gente, frustrada porque no podía verse como las personas de aquella dictadura del cuerpo, comía más, se enfrascaba en un pozo de desesperación, se daba asco y se enfermaba... no siempre es tan extremo: generalmente ya estaban mal con otras cosas y un punto que detona sus trastornos, son los problemas que no enfrentan.
Y cuando los enfrentan, vaya lío, salen culpas, frustraciones, enojos, la comida es el enemigo, los demás son unos gordos asquerosos y enfermos, la gente delgada es feliz, la gente delgada es más atractiva, hay que laxarnos, hay que comer pocas calorías y matarnos de ejercicio y presumir el cuerpo que tenemos ya modificado. Porque ser como uno jamás, antes la muerte.
Arianna Grande, estrella juvenil y cantante, es una muestra de ello: lamer donas en un establecimiento, para después no comprarlas y luego alegar que le dan asco: asco su país, asco la porción y el azucar, asco la grasa, asco la gente que las compra... Y muchos aplaudimos, porque siempre habrá gordos asquerosos, chivos expiatorios que tienen problemas, menos yo.
Recuerdo historias de anorexia en la farándula, gente que se imponía mucho, que tenía que ser perfecta. Modelos adictas a la cocaína. Naomi Campbell sólo tomo jugo de piña por un mes para verse perfecta en un desfile, personas con dismorfia corporal que se someten a más operaciones para verse bien en las fotos. ¿Cuándo la gente se volvió tan neurótica? ¿Cuándo nos volvimos tan demandantes de algo que no podíamos hacer?
Este es el asunto: miles de personas desaprueban a alguien por cómo se ve, por su ropa, por la forma en que su cuerpo es. Salen del gimnasio, con sus licras pegadas, después de tomarse una selfie o belfie, sublimando su exhibicionismo, mostrándose a otros y creyendo: soy una mejor versión de mí, soy mejor porque 'me cuido', porque puedo controlar la comida y el ejercicio. Craso error.
Deberían filmar sus reacciones cuando alguien pasa con una bolsa de papas o con algún bocadillo: les echan los ojos, se les van encima, miran al obeso como un terrorista, como alguien que no cabe en su mundo (jajaja, no cabe un obeso, clásico), alguien que no tiene razón de ser, con lo orgánico, con el fitness, con el internet lleno de rutinas y los grupos para hacer dietas...
Y creen que la gente que es obesa lo es por ser imbécil, porque no se controla, porque no es tan o más mejor que ellos, ¡oh poderosos fitness: muéstrenme el camino! ¡ayúdenme porque no tengo a donde ir! quiero ser parte de ustedes porque solo existen dos tipos de personas en el mundo...
Y si les respondes que si hay algún plan para financiar la dieta... aparte de obeso y pendejo, eres jodido: un ser que no invierte a largo plazo, que nunca saldrá de su situación, que no ahorra para un gimnasio ni para productos orgánicos carísimos, que no saben bien y que tienen otras propiedades que los hacen menos sanos... ¡Claro! Yo no me cuido, tu sí, tu eres delgado porque eres mejor que yo.
Lo único que veo ante esas dos formas de vida es desesperación: delgados increíblemente infelices por no comer una mísera dona, jamás... desaprobando a quien lo hace. Obesos, increíblemente infelices por ser catalogados enfermos, por ser estigmatizados y burlados por su forma de comer, presa fácil de burlas de gente corta de ideas, claramente en otro analfabetismo.
¿Se han preguntado de dónde viene su intolerancia? ¿No será que las rutinas, las ensaladas, carnes magras y estilo de vida no arrojan por la borda sus prejuicios, creencias idiotas y tremendos errores categoriales? ¿No será que su mal humor, sus explosiones de ira contra los gordos, son un reflejo de lo mucho que se odian a sí mismos?
Cada vez que los veo, quiero comer una hamburguesa... mas no por desesperación, sino porque puedo hacerlo con toda la responsabilidad que trae consigo mi elección. Y cada que veo esas historias, lo único que quiero es declarar que las personas deberían aprender a vivir con ellas mismas y dejar de hacerse daño con el fascismo del cuerpo y la vanidad.
Festen o México y Dinamarca son lo mismo
Sigo en mi proceso de maduración: labores domésticas por la mañana, tarea y trabajo por las noches. Papá se encuentra mejor, está delgado, pero tiene buen color; quiere dormir, pero estaremos ahí para pararlo.
Soy de esas personas que ya no pueden llorar: embotello mis sentimientos todo el tiempo. Prefiero salirme nueve horas, prefiero otros problemas, obsesiones, comida, lecturas, películas (2 o 3), flagelar al cuerpo sin dormir; lavar ropa, trabajar, pensar en la felicidad que voy a comprar con el dinero, ir al baño público, ver cable, ver temporadas completas de series (con intervalos de media hora), insultar, pelear en la calle, pelear en mi casa. TODO, todo menos lo que sea enfrentar mis sentimientos.
Sentimientos, esos entes extraños, que bullen como en ollas de presión, que enferman al cuerpo, que lo envenenan, que dan al traste con la epistemología, la lógica, la razón, el pensamiento lineal... sentimientos, que hacen que la gente actúe de forma complejamente estúpida o estúpidamente compleja.
Yo no los tolero, es más, ni siquiera tengo: lo que muestro son cosas que emulo, que no se cómo existen... No son buenos y no se tienen que educar. ¿O sí? No quiero saberlo, es un problema que rebasa lo filosófico.
Decidí autoimponerme un maratón de películas, era cine alemán, o ruso, o danés... eran temáticas serias y reflexiones profundas: La Caza, Michael, Melancolía, Leviathán, Festen. Algo que quitara el dolor enfocándolo en alguien más... una imago de lo que sentía en ese momento.
Festen es una película representativa del movimiento Dogma 95, en el cual cineastas como Vinterberg y Lars von Trier retratan la realidad y despojan al cine de la parafernalia y efectos especiales. Se enfocan más, recalco, en las historias, en las emociones y en la naturaleza humana. Hume es un gran filósofo porque su obra Tratado, es imposible... nada retratará esa imagen que hoy declaro problemática.
Una celebración, La celebración como sería el nombre de la película en español, trata de una gran familia que se reúne para el cumpleaños del patriarca. En medio del brindis, uno de sus hijos relata que fue abusado sexualmente junto con su hermana. La hermana se ha suicidado, por lo que el padre es indirectamente responsable.
Lo único que deseas, es que el abusador pague, con destierro, con indiferencia. En un elemento psicoanalítico del filme, el hijo (re) nace, cuando muere el padre. El padre se muere con el olvido y el desprecio, por lo que hizo y por lo que se merece.
México y Dinamarca son lo mismo.
Cuando veía la película no podía dejar de pensar en lo hundida que estoy en una familia que no me respeta, que tiene una forma muy extraña de quererme... Porque aunque su sobreprotección está ahí, me sigo sintiendo sola, hay días en que siento que no tengo ningún amigo en el mundo. Y sin embargo, me siento a la mesa como una más.
Recuerdo las fiestas de navidad y año nuevo: con gente confesándose y expresando su desagrado de estar celebrando, con gente echándose y sacándose cosas de aquí y de allá para desahogarse, o para ahogarse más. Nunca esta frase, se sienta a la mesa como uno más, me ha ilustrado tanto.
Porque pese a todo, pese a la soledad o el destierro a la familia, siempre seremos eso: familia. Una familia que prefiere guardar las apariencias, que no te escucha, que se hacen pendejos cuando algo te está pasando, pero te bombardea mil veces con preguntas estúpidas e irrelevantes de tu vida personal. Que siempre te condena por no ser su expectativa, porque no eres lo suficientemente bueno... que prefiere insultarte e inventarse historias sobre tus secretos, en ver de hablar contigo un buen día. Ese día nunca llega, y seguimos solos. Pero la celebración sigue.
Recuerdo que siempre me echaban montón, mi papá solía ser mi aliado... ¿qué pasará cuando ya no esté? Supongo que contemplaré irme a otra casa, o muy lejos... supongo que tendré que ser más valiente. El personaje principal representa exactamente lo que siento: una profunda incomprensión, que es el peor de los cánceres, más que los insultos y las humillaciones que recibo muchas veces de mi familia. Es una historia interminable.
Pero esta fiesta que nos empeñamos en sostener, este teatro que nos inventamos en nuestras cabezas, cierra, se cae y el abuso sale a flote, aún en la mejor celebración.
Felices vacaciones Philosofellas.
Soy de esas personas que ya no pueden llorar: embotello mis sentimientos todo el tiempo. Prefiero salirme nueve horas, prefiero otros problemas, obsesiones, comida, lecturas, películas (2 o 3), flagelar al cuerpo sin dormir; lavar ropa, trabajar, pensar en la felicidad que voy a comprar con el dinero, ir al baño público, ver cable, ver temporadas completas de series (con intervalos de media hora), insultar, pelear en la calle, pelear en mi casa. TODO, todo menos lo que sea enfrentar mis sentimientos.
Sentimientos, esos entes extraños, que bullen como en ollas de presión, que enferman al cuerpo, que lo envenenan, que dan al traste con la epistemología, la lógica, la razón, el pensamiento lineal... sentimientos, que hacen que la gente actúe de forma complejamente estúpida o estúpidamente compleja.
Yo no los tolero, es más, ni siquiera tengo: lo que muestro son cosas que emulo, que no se cómo existen... No son buenos y no se tienen que educar. ¿O sí? No quiero saberlo, es un problema que rebasa lo filosófico.
Decidí autoimponerme un maratón de películas, era cine alemán, o ruso, o danés... eran temáticas serias y reflexiones profundas: La Caza, Michael, Melancolía, Leviathán, Festen. Algo que quitara el dolor enfocándolo en alguien más... una imago de lo que sentía en ese momento.
Festen es una película representativa del movimiento Dogma 95, en el cual cineastas como Vinterberg y Lars von Trier retratan la realidad y despojan al cine de la parafernalia y efectos especiales. Se enfocan más, recalco, en las historias, en las emociones y en la naturaleza humana. Hume es un gran filósofo porque su obra Tratado, es imposible... nada retratará esa imagen que hoy declaro problemática.
Una celebración, La celebración como sería el nombre de la película en español, trata de una gran familia que se reúne para el cumpleaños del patriarca. En medio del brindis, uno de sus hijos relata que fue abusado sexualmente junto con su hermana. La hermana se ha suicidado, por lo que el padre es indirectamente responsable.
Lo único que deseas, es que el abusador pague, con destierro, con indiferencia. En un elemento psicoanalítico del filme, el hijo (re) nace, cuando muere el padre. El padre se muere con el olvido y el desprecio, por lo que hizo y por lo que se merece.
México y Dinamarca son lo mismo.
Cuando veía la película no podía dejar de pensar en lo hundida que estoy en una familia que no me respeta, que tiene una forma muy extraña de quererme... Porque aunque su sobreprotección está ahí, me sigo sintiendo sola, hay días en que siento que no tengo ningún amigo en el mundo. Y sin embargo, me siento a la mesa como una más.
Recuerdo las fiestas de navidad y año nuevo: con gente confesándose y expresando su desagrado de estar celebrando, con gente echándose y sacándose cosas de aquí y de allá para desahogarse, o para ahogarse más. Nunca esta frase, se sienta a la mesa como uno más, me ha ilustrado tanto.
Porque pese a todo, pese a la soledad o el destierro a la familia, siempre seremos eso: familia. Una familia que prefiere guardar las apariencias, que no te escucha, que se hacen pendejos cuando algo te está pasando, pero te bombardea mil veces con preguntas estúpidas e irrelevantes de tu vida personal. Que siempre te condena por no ser su expectativa, porque no eres lo suficientemente bueno... que prefiere insultarte e inventarse historias sobre tus secretos, en ver de hablar contigo un buen día. Ese día nunca llega, y seguimos solos. Pero la celebración sigue.
Recuerdo que siempre me echaban montón, mi papá solía ser mi aliado... ¿qué pasará cuando ya no esté? Supongo que contemplaré irme a otra casa, o muy lejos... supongo que tendré que ser más valiente. El personaje principal representa exactamente lo que siento: una profunda incomprensión, que es el peor de los cánceres, más que los insultos y las humillaciones que recibo muchas veces de mi familia. Es una historia interminable.
Pero esta fiesta que nos empeñamos en sostener, este teatro que nos inventamos en nuestras cabezas, cierra, se cae y el abuso sale a flote, aún en la mejor celebración.
Felices vacaciones Philosofellas.
martes, 23 de junio de 2015
Por qué en mi vida no hay música
Estoy en medio de una disputa interminable... tengo una situación familiar y en el trabajo no avanzo... en la escuela me volví a estancar. No tengo ganas de salir, no puedo continuar, no quiero levantarme... Pero aquí estoy.
La única canción que escuché fue Sunday Morning de Maroon 5, el grupo con el ego más grande del mundo: Adam Levine. No me afecta en nada, pero detesto su voz, detesto que sea exhibicionista y que todas sus actuaciones se traten de lo guapo que es. A mi no me gusta, tengo otras fijaciones y perversiones.
Detesto a Adam Levine, antes era para mí una estrella, su porte, su banda. Con el tiempo el salió con sus tatuajes, quería ser sex symbol a huevo... su música sonaba igual y la de Payphone es una mierda de rola: su voz chillona me lastima los tímpanos. Si bien no era el Adonis, si era un chico agradable... ahora es como esos weyes que se vuelven mamones, que piensan que ya la hicieron porque todo el mundo piensan que son guapos y cool. Tal vez, proyecto a Levine en eneamigos pasados, pero aún así es cagante.
Quería escribir sobre esta canción tan optimista en mi gustada sección Canciones con filosofía. Me habían dado buenas noticias, el sol había brillado con su canción pese a ser la madrugada, papá se pondría mejor... Basura: Adam Levine es un poser, un hipster de voz chillona, esa canción que antes me gustaba ahora es un hit barato, maroon 5 son la receta instantánea de las boy bands. Mueran los weyes como ellos y todos sus fans en una explosión nuclear.
Y dije: a la mierda, no hay canciones que describan lo que siento, ni la esperanza ni el miedo, no hay música que me acompañe porque no se trata de mis ridiculeces románticas ni sobre mi inconformidad con los pendejos que conozco... no hay receta contra la incertidumbre, contra el miedo, contra comprobar algo que creías era lo contrario; no hay filosofía que pueda con el cambio, mas cuando no es un cambio favorable (cuando si, que a gusto).
En esta vida, escúchenlo: no hay música.
Cuando recibí las malas noticias, mi vida empezó a oírse como lo que es: horarios, planes, tareas, maduración: todo lo que detesto. Todo lo que no quiero enfrentar, mi vida dejó de tener música en mucho tiempo.
Y dejé de oír el radio, dejo de interesarme la televisión, las series, me adulticé de la manera más mamona posible... dejé de oír música. El pedo no era con Levine ni con su grupejo: era con la vida y lo que pasaba.
Yo no quería que esto pasara... pero no hay canciones con filosofía por este maldito mes.
Esos enigmas irresolubles
I.
La educación no es la cura de nada... no se por qué nos empeñamos en hacer una apología de las personas 'educadas' o hacer apología de los genios... muchas de estas personas son déspotas, tarados morales, envidiosos y a menudo no tan maravillosos como dicen ser en sus vidas.
Hace mucho que peleo con mi familia por esto; lo he visto también en el ciberacoso: cuando a una persona se le descalifica, inmediatamente hace alarde de su supuesta educación, de su supuesto grado y en el extremo: hace alarde también de que no estudia, que no lee nada y que nunca necesitó de escuela, libros. Le basta la vida misma, como si la educación no fuera producto de la vida, como si no estuviera inmersa en una cultura, como si no fuera resultado de esa cultura... Vaya analfabeta.
Sigo en la carrera de filosofía, pero con mi tesis, servicio social e idioma. Aún tengo que ir a la escuela, pero otros compromisos me han impedido desarrollarme... esto acarrea muchos conflictos en casa y en mi vida personal: como que te vean como parásito, que te vean que no te titulas, que no quieres. Como si ellos hubieran tenido experiencias o hubieran elegido mejor. Como si la educación de la escuela curara su falta de educación en otros ámbitos de la vida.
Y aunque trabajo, aunque he cambiado, aunque trato de ser responsable y no ponerme metas que no pueda cumplir, cosas que no pueda aceptar, trato de tener un horario o de enderezar la vida... pues como que no les parece... me rindo, es todo.
II.
Hay dos tipos de enigmas irresolubles: los que no tienen respuesta dada la forma en que el mundo es. Y los otros, más peligrosos, son los que las personas no quieren que se resuelvan, porque si los quitan como obstáculos de la vida, el cambio al que tanto le temen podría llegar.
Pongamos un ejemplo: qué sería, tanto de creyentes y ateos, si no hubiera Dios... ¿a dónde irían tantos años, tantos libros, tantos valores y comportamientos? ¿Y si lo hay, a dónde iría ese escepticismo destructivo, esa forma de intolerancia y ese comportar casi científico, como única verdad del mundo?
III.
Mi familia siempre me la hace de a pedo de las mismas cosas, una y otra vez, sin parar, como un Sísifo que en vez de empujar la roca, discute y discute sobre lo mismo. Puede ser que cambie la forma argumental, lo reconozco, pero los supuestos son los mismos, la creencia es la misma, el problema ya se disolvió pero persiste.
Aunque no haya ya indicio, aunque sea un problema dentro de otro... pues, la cosa no para. Imagino un escenario en donde todos los problemas se disuelven: de seguro nos mataríamos absurdamente, el protagonista de telenovela se suicida después de su boda, la princesa es profundamente insatisfecha después de vivir feliz para siempre. La vida ya no tiene sentido sin ti, conflicto.
Aún cuando no hay pruebas de lo que se supone que hice, cuando ya les dije la verdad, o mi versión de esta... me siguen echando en cara, siguen molestando con lo mismo. He intentado no enojarme, no desesperar, hacer las cosas de forma diferente. Pero el problema son ellos, y el que cambie o no, no les afecta.
He aprendido que no importa la verdad: pero no porque uno se incline por la mentira en comparación, sino porque, hagas lo que hagas, la gente creerá lo que quiere, prevalecerán sus prejuicios y seguirán atrapados en la misma pesadilla de inconformidad y de tristeza.
Y ni los mejores psicólogos, ni las mejores mentes podrán jamás con ello.
IV.
Y de ahí vamos al problema del sentido: eso no quiere decir que ese enigma (por qué si soy una persona normal, tengo estos problemas, con todos, con mi familia), sea irresoluble: ese enigma no se puede resolver porque le sirve a gente necia, gente despreciable y gente que nunca te aceptará, gente que nunca le pareció lo que hiciste y te lo recrimina sin cesar.
Por eso he tomado una postura que expresaré a continuación: si algo he de resolver, en cuestión de enigmas irresolubles, que sea algo que me vuele la cabeza, algo que me consuma la vida... pero en filosofía, ciencias, matemáticas. Incluso aprenderé física, regresaré a los sistemas K de la lógica, regresaré a los problemas que han preocupado a los sabios. Véanlo en la crítica de Rousseau al progreso: es más fácil enseñar a un niño las matemáticas, las ciencias... que a ser buen ciudadano, buen amigo o buena persona.
Imagino que al menos mi trabajo arduo influenciará a algún necio, al menos otros más brillantes me venderán como genio o estúpida, pero, por Dios santo, pasaré a la posteridad aunque sea por mi insensatez. Alguien me apreciará y me escuchará lo que digo, alguien sabrá que soy algo más que mi esencia.
Pregunten a los genios o a los cómicos: ¿cuántos premios por el mejor padre, la mejor madre, el mejor maestro? Prefiero el de mejor guión, un premio por las contribuciones que hiciera, eso vale mis desvelos. Mis alegrías, mi llanto.
Pero volverse loco, amargarse la vida con la necedad de convencer a gente necia, gente que no lo va a entender, que lee que eso no es correcto e inmediatamente lo hace... ESO JAMÁS.
Amargarse con la familia y los otros... prefiero un balazo en la sien.
Notas:
Ese precepto de Rousseau se encuentra en el Discurso sobre las artes y las ciencias. No poseo la cita.
La educación no es la cura de nada... no se por qué nos empeñamos en hacer una apología de las personas 'educadas' o hacer apología de los genios... muchas de estas personas son déspotas, tarados morales, envidiosos y a menudo no tan maravillosos como dicen ser en sus vidas.
Hace mucho que peleo con mi familia por esto; lo he visto también en el ciberacoso: cuando a una persona se le descalifica, inmediatamente hace alarde de su supuesta educación, de su supuesto grado y en el extremo: hace alarde también de que no estudia, que no lee nada y que nunca necesitó de escuela, libros. Le basta la vida misma, como si la educación no fuera producto de la vida, como si no estuviera inmersa en una cultura, como si no fuera resultado de esa cultura... Vaya analfabeta.
Sigo en la carrera de filosofía, pero con mi tesis, servicio social e idioma. Aún tengo que ir a la escuela, pero otros compromisos me han impedido desarrollarme... esto acarrea muchos conflictos en casa y en mi vida personal: como que te vean como parásito, que te vean que no te titulas, que no quieres. Como si ellos hubieran tenido experiencias o hubieran elegido mejor. Como si la educación de la escuela curara su falta de educación en otros ámbitos de la vida.
Y aunque trabajo, aunque he cambiado, aunque trato de ser responsable y no ponerme metas que no pueda cumplir, cosas que no pueda aceptar, trato de tener un horario o de enderezar la vida... pues como que no les parece... me rindo, es todo.
II.
Hay dos tipos de enigmas irresolubles: los que no tienen respuesta dada la forma en que el mundo es. Y los otros, más peligrosos, son los que las personas no quieren que se resuelvan, porque si los quitan como obstáculos de la vida, el cambio al que tanto le temen podría llegar.
Pongamos un ejemplo: qué sería, tanto de creyentes y ateos, si no hubiera Dios... ¿a dónde irían tantos años, tantos libros, tantos valores y comportamientos? ¿Y si lo hay, a dónde iría ese escepticismo destructivo, esa forma de intolerancia y ese comportar casi científico, como única verdad del mundo?
III.
Mi familia siempre me la hace de a pedo de las mismas cosas, una y otra vez, sin parar, como un Sísifo que en vez de empujar la roca, discute y discute sobre lo mismo. Puede ser que cambie la forma argumental, lo reconozco, pero los supuestos son los mismos, la creencia es la misma, el problema ya se disolvió pero persiste.
Aunque no haya ya indicio, aunque sea un problema dentro de otro... pues, la cosa no para. Imagino un escenario en donde todos los problemas se disuelven: de seguro nos mataríamos absurdamente, el protagonista de telenovela se suicida después de su boda, la princesa es profundamente insatisfecha después de vivir feliz para siempre. La vida ya no tiene sentido sin ti, conflicto.
Aún cuando no hay pruebas de lo que se supone que hice, cuando ya les dije la verdad, o mi versión de esta... me siguen echando en cara, siguen molestando con lo mismo. He intentado no enojarme, no desesperar, hacer las cosas de forma diferente. Pero el problema son ellos, y el que cambie o no, no les afecta.
He aprendido que no importa la verdad: pero no porque uno se incline por la mentira en comparación, sino porque, hagas lo que hagas, la gente creerá lo que quiere, prevalecerán sus prejuicios y seguirán atrapados en la misma pesadilla de inconformidad y de tristeza.
Y ni los mejores psicólogos, ni las mejores mentes podrán jamás con ello.
IV.
Y de ahí vamos al problema del sentido: eso no quiere decir que ese enigma (por qué si soy una persona normal, tengo estos problemas, con todos, con mi familia), sea irresoluble: ese enigma no se puede resolver porque le sirve a gente necia, gente despreciable y gente que nunca te aceptará, gente que nunca le pareció lo que hiciste y te lo recrimina sin cesar.
Por eso he tomado una postura que expresaré a continuación: si algo he de resolver, en cuestión de enigmas irresolubles, que sea algo que me vuele la cabeza, algo que me consuma la vida... pero en filosofía, ciencias, matemáticas. Incluso aprenderé física, regresaré a los sistemas K de la lógica, regresaré a los problemas que han preocupado a los sabios. Véanlo en la crítica de Rousseau al progreso: es más fácil enseñar a un niño las matemáticas, las ciencias... que a ser buen ciudadano, buen amigo o buena persona.
Imagino que al menos mi trabajo arduo influenciará a algún necio, al menos otros más brillantes me venderán como genio o estúpida, pero, por Dios santo, pasaré a la posteridad aunque sea por mi insensatez. Alguien me apreciará y me escuchará lo que digo, alguien sabrá que soy algo más que mi esencia.
Pregunten a los genios o a los cómicos: ¿cuántos premios por el mejor padre, la mejor madre, el mejor maestro? Prefiero el de mejor guión, un premio por las contribuciones que hiciera, eso vale mis desvelos. Mis alegrías, mi llanto.
Pero volverse loco, amargarse la vida con la necedad de convencer a gente necia, gente que no lo va a entender, que lee que eso no es correcto e inmediatamente lo hace... ESO JAMÁS.
Amargarse con la familia y los otros... prefiero un balazo en la sien.
Notas:
Ese precepto de Rousseau se encuentra en el Discurso sobre las artes y las ciencias. No poseo la cita.
domingo, 14 de junio de 2015
La belleza de Betty y Megan
Y terminó Mad Men... están terminando muchas series (Community, Phineas y Ferb, Futurama, Breaking Bad, Glee, por mencionar las que seguí). Pero Mad Men era la perfección: era un guión maravilloso, sobre las caras de la masculinidad, de la diversidad sexual y la represión de la mujer. Un vestuario impecable, escenas impactantes y sutiles a lo que es una de las mejores tramas de la televisión.
Creada por Matthew Weiner en 2007, esta serie de HBO trata de un hombre que se equivocó en un momento de su vida; de un hombre que suplanta a otro en aras de tener una vida mejor y dejar todo atrás. Pero se equivoca porque no mide las consecuencias que esto trae consigo: mentirle a sus seres queridos, mentir en su trabajo, provocar (indirectamente) la muerte de su medio hermano y estallar una vez que es descubierto. Don Draper trata de tapar sus problemas con el american way of life.
Mad Men tuvo un final intrigante, que hará pensar a muchos sobre lo que quieren en sus vidas y sobre lo que tienen hacer para lograrlo. Don Draper (Jon Hamm) se aceptó como un manipulador, como un hombre que usa para conseguir su propósito y que todo el tiempo buscó en placeres efímeros (bebida, mujeres, adulterio, sexo, lujo) todo lo que no podía encontrar. Al final, este personaje (un antihéroe), tiene un punto, nos tenemos a nosotros mismos, y de ese conocimiento podemos controlar dos factores: a nosotros y a los otros.
Draper tenía que aceptar su destino, que la felicidad no era una fórmula, ni siquiera se encontraría en una relación. Toda la serie mintió, uso a mujeres, uso los placeres, reemplazó a una mujer con otra, fue exitoso en su trabajo después de fracasar estrepitosamente, humilló a las personas con quien trabajó... pero después supo levantarse, haciendo lo que mejor podía hacer: vender una mentira, una que perdurara por siempre.
La serie tuvo grandes momentos, al examinar la homosexualidad, la discriminación hacia las mujeres (persistente), la infantilización de las mujeres para que puedan ser manipuladas; la manipulación mediante la publicidad, el acoso sexual, la masturbación femenina, la rebeldía adolescente, las enfermedades mentales y la producción de una estrategia para acumular la riqueza. Muchos de los talentos que tenía la agencia no fueron los más favorecidos con sus estrategias comerciales, pero, ciertamente, la cuestión de superar una situación inicial estaba vinculada con el trabajo, con el ingenio para escalar socialmente, con la mejor manera de venderse.
Las mujeres en Mad Men.
Pero lejos del final, que ya es parte de una colección de momentos estelares de la televisión, echemos un vistazo a un tema que no pareció tan relevante: hablo de las mujeres en la escena de una serie que presentaba temas muchos más masculinos.
Tenemos a Peggy Olson y Joan Holloway: que lograron combinar la vida profesional con la personal, un reto de la mujer hoy en día. Peggy encontró a su pareja justo en su lugar de trabajo, empezó con intimidación, después con sutiles guiños a una de las relaciones más espontáneas de la pantalla chica. La pareja de Peggy empezó como un patán y terminó como todo un galán.
Joan Holloway, la pelirroja de grandes proporciones, siempre acosada y vista por su físico, fue de las más inteligentes en subir la escala laboral. Pese a no ser tomada en cuenta por sus compañeros y por colegas (a veces Peggy la rebajaba a secretaria) era la más astuta y vivaz de las mujeres de Mad Men, tuvo su oportunidad de subir por su cuerpo, por favores sexuales: pero ella eligió el trabajo y ser más inteligente que bella.
Hubo otro personajes, como la hija de Roger Sterling (John Slattery), que en un arranque de rebeldía abandonó a su familia para irse a una comuna hippie, aquello fue un signo de su infantilización, y fue una reflexión sobre el verdadero empoderamiento de la mujer. Si Roger hubiera abandonado todo sería una especie de divertimiento para un niño eterno. Pero su hija... con ella es diferente, porque lejos de actuar irresponsablemente, refleja el abandono, la ruina que significó para ella una posición acomodada y el haber sido madre a temprana edad.
Marie Calvet, madre de Megan, la segunda esposa de Don, conoce a Roger Sterling en la entrega de los Clío (el premio a los publicistas), tiene sexo con él al momento de conocerse, y eso es suficiente para que nunca se olviden ni dejen de amarse: al final Roger encuentra su lugar con una zorra plateada igual que él, una mujer segura de sí misma, que buscaba ser feliz con su genuino respeto.
Secuencia a lo Paul Thomas Anderson.
Aunque vimos a muchas de las mujeres encontrar su lugar y mantener su felicidad, también observamos dos historias telenoveleras, relacionadas con las esposas de Donald Draper.
Primero tenemos a Megan, la segunda esposa de Don Draper, de la que se enamora espontáneamente después de un viaje a Disneylandia con sus tres hijos. Don la percibe como una mujer que lo cuidará, con la llegará el verdadero cambio. Es una francesa, aspirante a actriz y publicista; inocente, sensual. Con ella Don vive muchos momentos de pasión, casi cuando creemos que el publicista sentará cabeza... la engaña con su vecina.
Megan se siente atraída por la publicidad, como una forma de estar cerca de Don, pero su pasión es la actuación. Aunque intenta ser independiente, Megan siempre parece depender de Don para ser vista. Su belleza, aunque parece una gran virtud, muchas veces es su peor defecto: Megan sólo es percibida por eso, por ser bonita, alta y delgada. No por su talento, sus ideas o la forma en que se preocupa por los demás.
Fue acosada muchas veces por sus compañeros de trabajo (como el patán de Harry Crane), objeto de burlas después de su baile en el cumpleaños de Don (el Tsou bisou), que todos calificaron como una escena. Aunque fue un momento estelar de la serie, lo importante fue todos los chismes que surgieron después: como un momento de pura sensualidad, puede ser destrozado por una bola de pervertidos.
Betty, la primera esposa de Don, con la que también engañaría a Megan. Es la típica muñeca: servicial, modelo, rubia. Draper le mintió, engañó con otras mujeres y frenó su carrera en los reflectores. Betty es una niña por dentro: su hija es mucho más madura que ella. Tiene una especie de romance con un niño de su vecindario, que después sería novio de su hija Sally.
Betty también fue acosada por el jefe de Don, Roger Sterling, es tratada como una muñeca que no puede pensar por sí misma. Y a menudo necesita a un hombre que la cuide, que la vea como una mujer indefensa. Obtiene su revancha de Megan cuando seduce a Don en unas vacaciones. Su final es que es diagnosticada con cáncer, espera a que llegue la muerte mientras se abandona, lo cual es muy triste. Betty se va tan sola como se sentía.
Cuando observaba el final, que fue como una película larga, me preguntaba: ¿y si hubiera sido una telenovela mexicana? ¿Quién habría aceptado el final? Mad Men no le hablaba a todos ¿o sí? Sucede que ninguna de las protagonistas terminó con un final feliz: se entiende que Megan probará suerte en sus relaciones amorosas, al ver el ejemplo de su madre, ciertamente feliz con Roger Sterling, pero no se sabe si probará suerte en el mundo de la actuación, no se sabe qué pasará con ella.
Betty tampoco tiene suerte: pese a su porte, pese a todo lo que consiguió, pese a que pudo dejar a Don Draper, se ve derrotada por una enfermedad. Si fuera una telenovela, Draper acabaría pagando por engañar a sus dos mujeres... o acabaría él con la enfermedad, no lo sé. Ellas, como son las bonitas, de seguro iban a tener todo lo que quisieran, Megan como actriz, Betty como ama de casa modelo. O quizá hubieran perdonado a Don
Ambas eran el prototipo de belleza de una telenovela: una francesa de cabello negro, con toda la energía y la belleza exquisita. Y la otra era una rubia bellísima, casi parecida a Grace Kelly, pero en lo único que se parecía es que su vida sería desafortunada.
Ninguna terminó bien, ninguna fue feliz para siempre. Mad Men nos dice que no es suficiente la belleza, ni las curvas, ni el porte, ni el amor, cualquiera que sea nuestro concepto, para ser feliz. Es probable que ese final que esperamos no sea el que ven nuestros ojos, sino uno más enriquecedor.
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